Teuchitlán o el horror

Abril 2025

Fernando Rodríguez Doval

La Nación

El espeluznante descubrimiento de un centro de adiestramiento y exterminio del crimen organizado en Teuchitlán, Jalisco, ha puesto nuevamente de manifiesto el fracaso del Estado mexicano para combatir la violencia ocasionada por el crimen organizado. Es el caso más claro de que el crimen organizado actúa de forma industrial, con una eficacia que recuerda las peores atrocidades de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Por desgracia, no se trata de un hecho aislado, sino que las evidencias han mostrado la existencia de decenas de centros similares que operan con total impunidad en el país. Asimismo, abundan las fosas clandestinas. Según datos oficiales, en México hay más de 110 mil personas desaparecidas, una de las cifras más altas a nivel internacional.

Todo lo anterior no habría sido posible sin la anuencia, complicidad y colusión de las autoridades. Hay que decirlo con toda claridad: la política obradorista de los abrazos a los delincuentes implicó la sumisión hacia éstos del Estado mexicano. Cada vez hay menos dudas de que los gobiernos de Morena han utilizado al crimen organizado como un aliado político y electoral de primerísima magnitud, en detrimento de los ciudadanos.

La imagen de México en el exterior se sigue deteriorando. El hallazgo de estos centros de exterminio ha captado la atención de diversos medios de comunicación internacionales, que han informado sobre la gravedad de los hechos descubiertos. Entre otros, han informado ampliamente sobre este caso medios tan relevantes en el mundo como la agencia Reuters, France 24, CNN en español, Radiotelevisión Española, el periódico británico The Sun, los periódicos estadunidenses New York Post y New York Times, o el diario español El País.

Todos ellos han enfatizado las deficiencias en la investigación inicial, la posible existencia de crematorios clandestinos y la implicación de los diferentes grupos del crimen organizado en actividades de reclutamiento y exterminio.

La política de “abrazos, no balazos” ha convertido a México en una fosa abierta, en un gigantesco cementerio donde los ciudadanos viven con miedo y las víctimas no encuentran justicia. Mientras no se erradiquen esos pactos, seguiremos enterándonos de este tipo de noticias terroríficas.

El obradorismo no solamente se ha aliado con el crimen organizado. Como consecuencia de eso mismo, ha abandonado a las víctimas. López Obrador jamás quiso reunirse con los colectivos de madres buscadoras y la presidenta Claudia Sheinbaum también ha dado largas a ese eventual encuentro.

Además del fracaso gubernamental frente al crimen organizado, hay razones más de fondo para explicar estas atrocidades, y están relacionadas con un profundo desprecio hacia la dignidad humana. El laicismo que ha imperado en la educación en México durante siglos, sumado a la nula protección del núcleo familiar desde las políticas públicas, así como la promoción de ideologías nihilistas que renuncian a cualquier trascendencia, ha provocado que gran parte de la sociedad mexicana haya normalizado esta deshumanización extrema. Es la cultura de la muerte de la que hablaba con acierto el papa Juan Pablo II.

Mientras no se reviertan estas tendencias culturales y antropológicas se multiplicarán los teuchitlanes frente a una sociedad adormecida, distraída e indiferente.

 

Fernando Rodríguez Doval es Consejero Nacional.

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