Servir sin destruir, construir sin dividir y gobernar sin manipular
Enero 2026
Alejandro de Anda Lozano
La vida y el servicio público me han dado la oportunidad de encabezar, en cuatro ocasiones, el gobierno de mi ciudad natal: San Juan de los Lagos. No hay mayor honor para un sanjuanense que recibir la confianza de su gente y cada periodo ha representado un aprendizaje distinto, marcado por circunstancias políticas, económicas y sociales que han ido transformando la manera de gobernar en México.
A lo largo de estos años me ha correspondido trabajar de la mano con administraciones estatales y federales de diferentes partidos y visiones. En mi primera administración, de 2006 a 2009, coincidí con gobiernos panistas, tanto en el estado como en el país. Años después, en 2015, el escenario era distinto y tocó coordinar esfuerzos con el gobierno federal encabezado por el PRI. En los periodos más recientes, San Juan de los Lagos ha convivido con un gobierno estatal emanado de Movimiento Ciudadano y con un gobierno federal de Morena.
Estas transiciones políticas me han permitido observar, desde una posición privilegiada, pero también profundamente sensible, la drástica reducción de programas, inversiones y apoyos dirigidos a los municipios. La disminución ha sido especialmente evidente en materia de desarrollo urbano, infraestructura turística y, de manera muy preocupante, en seguridad pública.
Resulta incomprensible que, en un país donde la vida cotidiana ocurre en los municipios —donde la gente vive, trabaja, produce y aporta—, se haya optado por concentrar los recursos lejos de las comunidades, lejos de los problemas reales que todos los días enfrentan nuestras familias.
He sido testigo de cómo, con el paso del tiempo, se han ido debilitando los mecanismos de apoyo municipal para dar paso a decisiones centralizadas que priorizan megaproyectos de carácter político antes que las necesidades urgentes de los pueblos. Es doloroso constatar que muchas de estas obras faraónicas no se traducen en bienestar para la ciudadanía y que, en cambio, parecen diseñadas para inflar egos, alimentar discursos o sostener estructuras de poder sostenidas más por intereses electorales que por auténticas convicciones de servicio.
Entiendo que los programas clientelares han sido, para algunos gobiernos, herramientas eficaces para acumular y retener poder. Sin embargo, también estoy convencido de que este abandono paulatino a los municipios —este distanciamiento entre la realidad local y las prioridades nacionales— será, más temprano que tarde, el detonante de un profundo hartazgo social. Y será ese hartazgo el que abra nuevamente la puerta a gobiernos humanistas, responsables y eficientes; gobiernos que han demostrado, a lo largo de su historia, que es posible servir sin destruir, construir sin dividir y gobernar sin manipular.
Porque, aunque hoy parezca deslumbrante, el populismo siempre termina igual: muriendo de hambre. Sus promesas suelen ser luminosas en apariencia, pero vacías en resultados. La realidad termina imponiéndose y las comunidades —especialmente las pequeñas, como la nuestra— son las primeras en resentir sus consecuencias.
Por eso seguiré alzando la voz desde San Juan de los Lagos. No por confrontación, sino por convicción. Creo profundamente en la fuerza de los municipios, en la dignidad de sus gobiernos y en la responsabilidad que tenemos quienes los encabezamos. Nuestro deber es trabajar, gestionar y defender a nuestra gente; garantizar que cada peso invertido se refleje en obras, servicios y oportunidades, y exigir, con respeto, pero con firmeza, que la nación no olvide que México se construye desde abajo.
Mientras siga teniendo la confianza de mi pueblo, seguiré luchando por un municipio fuerte, escuchado y respetado. Y seguiré creyendo, como lo he hecho siempre, que los buenos gobiernos se distinguen no por lo que prometen, sino por lo que cumplen.