El intencionado desaire que el presidente López Obrador le propinó al presidente Biden de Estados Unidos no asistiendo personalmente a la reciente Cumbre de las Américas, evento diseñado para lucir el prestigio norteamericano y el correspondiente continental en un cuadro de creciente rivalidad con China, requería expresar un gesto conciliatorio que resolviera un potencial deterioro mayor en la comunicación entre los dos países. López Obrador pronto anunciaba su propósito de visitar Washington para explicarle a Biden la posición de México y refrendar la amistad. La visita se realizó los días 13 y 14 de julio en discreta modalidad.

Llegado por vuelo comercial, el presidente no se hospedó en la residencia oficial por el contagio de COVID-19 del embajador Esteban Moctezuma, sino en un hotel sin pretensión, recordando así a Fidel Castro que, antes de hablar ante la Asamblea de la ONU, en 1960, se hospedó en el popular barrio negro de Harlem.

El encuentro en la Casa Blanca fue inserto con precisión, dentro de una apretada agenda, para comenzar a las 11 horas. Tan pronto terminara la conversación de una hora, Biden iniciaría su gira por Israel y algunos países árabes.

Tópicos, “había para rato”, comentó López Obrador que, para que ningún asunto quedara sin mención consignó los temas en las cuartillas que traía en su saco, y que ocupó 29 minutos del escaso tiempo disponible en acompasada lectura. Este inusual proceder para un encuentro entre jefes de Estado fue recibido con tranquila condescendencia del anfitrión que, acariciando su lapicero, a veces dejaba asomar cierta sorpresa por el inesperado manejo de la conversación que normalmente sería personal.

En su comentario, de menos de 10 minutos, el señor Biden aclaró que, contra lo afirmado por López Obrador, China no es la fábrica del mundo sino Estados Unidos, que en Estados Unidos se han creado 357 mil nuevos puestos de trabajo y que en la diversidad de la política norteamericana se trataba por igual a los más extremistas.

De las propuestas que figuran en el texto que López Obrador le ofreció a Biden destaca el garantizar abasto de gasolina para que en la frontera con Estados Unidos sus habitantes carguen gasolina más barata; poner a su disposición más de mil kilómetros de gasoductos para trasportar gas de Texas a Nuevo México, Arizona y California; la suspensión de aranceles, medidas reglamentarias y trámites para agilizar el comercio de alimentos y otros bienes para aminorar precios; un plan de inversiones públicas y privadas para producir bienes que fortalezcan los mercados internos y visas temporales de trabajo para mexicanos y centro americanos, además de la regularización de mexicanos en Estados Unidos

Desde luego el asunto de máxima prioridad era el de migración. No sólo se trata del drama humano de los que huyen de sus países de origen por hambre, persecución política o simple inseguridad. Es un hecho que nuestro vecino del norte necesita abastecerse de fuerza laboral para mantener niveles de producción agrícola, industrial o de servicios en una rivalidad económica con China.

López Obrador expuso la contradicción entre dichas realidades y la oposición de algunos sectores políticos norteamericanos que se niegan a revisar leyes y que detienen la expedición de suficientes visas de trabajo.

El asunto de máxima prioridad es el dar solución al drama que se escenifica con la corriente de cientos de miles de mexicanos, centro y sudamericanos y de otras regiones, que atraviesan nuestro país para solicitar entrada a los Estados Unidos

El presidente mexicano pidió a Biden visas de trabajo semejante a los del antiguo Programa Bracero y seguridad jurídica para los mexicanos que trabajan en Estados Unidos. Como respuesta, Biden le pidió paciencia, diciendo que ya se están expidiendo visas a un ritmo acelerado y que se están creando para los próximos años puestos de trabajo para 600 mil personas. El comunicado conjunto emitido al cierre de la visita presidencial expresa que un grupo especial estudiará la respuesta a la petición de no menos de 200 mil visas pendientes.

La jornada presidencial incluyó la reunión de empresarios en el Diálogo CEO, que se efectuó el miércoles 13 en el Centro Cultural de México, al que asistieron hombres negocios como Carlos Slim, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Francisco Cervantes Díaz, el canciller Marcelo Ebrard, Tatiana Clouthier, secretaria de Economía, Octavio Romero Oropeza, director general de PEMEX, y Roberto Velasco, jefe de la Unidad de Norteamérica de la cancillería.

La previsión de inversiones privadas figura en el comunicado y al cierre de la reunión, el Canciller mencionó que en el curso de dos años se harían en México inversiones norteamericanas por 40 mil millones de dólares. El sector pidió agilizar la operación del acuerdo trilateral norteamericano T-MEC, todavía lastrado de reglamentos y ciertos incumplimientos.

Mucha atención merece el que López Obrador haya ofrecido facilitar el abastecimiento de gasolina mexicana barata a precios subsidiados a los habitantes americanos, utilizando los ductos existentes en la zona fronteriza. Más aún llama la atención el compromiso de propiciar la creación de parques solares, hasta ahora desalentados, pero manejados por la CFE.

La reunión en Washington de los presidentes evidenció las faltas protocolarias, al tratar la visita del presidente mexicano como asunto de rápido despacho. Se exhibió la escasa categoría que el gobierno de Estados Unidos asigna a México, pese a ser un importante socio en la despiadada lucha actual de críticas rivalidades internacionales.

El propio López Obrador es el que degradó en jerarquía las relaciones exteriores de México, reduciéndolas a una camaradería de regímenes de izquierda, con grave perjuicio en el aprovechar las amplias perspectivas que invitan a México a contribuir al progreso de todos los pueblos.

 

Julio Faesler Carlisle es integrante del Consejo de Plumas Azules.