“Yo, Él y Raquel”, ¿una clásica historia de amor?
Por Mabel Salinas.
“Yo, Él y Raquel” (Me, Earl and the Dying Girl) no es una historia de amor, sino de una “amistad condenada”. Es un vistazo realista, punzante y poco pueril a los dorados tiempos de la adolescencia y el último año de escuela antes de entrar a la universidad. Sus protagonistas no son chicos populares ni tremendamente apuestos, sino estudiantes regulares que lidian con problemas de grueso calibre.
Greg (Thomas Mann) se esfuerza por ser invisible y pasar desapercibido en la escuela y para ello tiene una estrategia que hasta el momento se ha mostrado infalible: no forma parte de ninguna de las múltiples, coloridas y extrañas “naciones” que componen la vida escolar, sino que trata de ser un ciudadano de cada una de ellas.
Todo parece funcionar bien hasta que su madre le informa que Rachel (Olivia Cooke) tiene leucemia. Lo que pone en movimiento esta historia es el afán materno para que visite “a la chica moribunda”, para aliviar sus días. Tal vez sólo necesita dosis de Greg para recuperarse. Sin embargo, esta “manda” que comienza casi por obligación se convierte en una costumbre para él.
El destino de Raquel y lo que pasará entre ella y Greg son dudas que mantienen al espectador inmerso en el filme del director con ascendencia mexicana Alfonso Gómez-Rejón. Su trabajo resultó ganador del Premio del Público y del Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Sundance en 2015.
Además, su halo de producción independiente y temática juvenil (es una coming of age movie) la acercan a filmes como “Juno”, “Las Ventajas de Ser Invisible” (The Perks of Being a Wallflower) y “Bajo la Misma Estrella” (The Fault in Our Stars), las semejanzas con este último se derivan del tema del cáncer. Al igual que algunas de esas películas “Yo, Él y Raquel” se basa en una novela (en este caso la de Jesse Andrews, también guionista) y, por ende, sostiene una constante conversación con el público a través de Greg y su voz en off siempre cercana.
Su presentación es dinámica y Gómez-Rejón incorpora pequeñas escenas de homenajes al cine, películas que el protagonista y su colaborador Earl realizan en su tiempo libre, 42 al momento. La dupla hace sus propias versiones de clásicos de Stanley Kubrick, Francis Ford Coppola, Orson Welles y más, al igual que pequeñas secuencias animadas y efectos deliberadamente precarios para acentuar el carácter amateur de su cine.
Las actuaciones están al punto, el elenco muestra química, pero por momentos no se sabe a ciencia cierta hacia dónde irá el filme y al final queda la sensación de haber sido engañado. Afortunadamente, pese a la temática, el director lleva con buen pulso el drama y le inyecta diálogos de gigantesco sarcasmo o torpeza social para aligerar el ambiente, y evitar que sea lacrimógeno, aunque sí es un poco manipulador. También se agradece que se mantenga fiel a la propuesta y no se quiera insertar con calzador un tema romántico innecesario.
Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere.
@mabsalinas @EnLaButaca