Opinión

Unidad, rostro panista en 2015

SE
Por Sergio Rodriguez
Gildardo López Hernández Ahora, como nunca antes en nuestra historia, los militantes del PAN vivimos momentos que nos demandan arduo trabajo, gran compromiso, responsabilidad y generosidad con nuestro instituto político. Vivimos tiempos de competencia y definiciones, tiempos que nos exigen unidad en torno al Partido. Como todos sabemos, nuestro país, en las últimas semanas, ha vivido días inquietantes donde se ha visto alterada la paz y la tranquilidad, poniéndose en riesgo el orden social. La unidad natural de cualquier grupo humano se fundamenta en la identidad que, como género humano, todas las personas poseemos: idéntica esencia e idéntica dignidad. Por nuestra sociabilidad natural, estamos llamados a la solidaridad, es decir, a la construcción de un ente social sólido en el que seamos responsables de la totalidad en el ámbito en el que nos corresponda desarrollarnos, reconociendo y promoviendo, incluso, las naturales diferencias entre los seres humanos para enriquecer el ser de todos los demás. La unidad de Acción Nacional, partido de ciudadanos libres, se funda además en la coincidencia de sus miembros en los principios de doctrina, cuyo eje es la dignidad de la persona humana, así como en los valores morales que animan su conducta, tales como la solidaridad y la justicia, y en las metas que el Partido persigue, particularmente el bien común. Por ello, en 1926, Manuel Gómez Morin afirmó certeramente: “el deber mínimo es el de encontrar, por graves que sean las diferencias que nos separen, un campo común de acción y de pensamiento, y el de llegar a él con honestidad, que es siempre virtud esencial y ahora la más necesaria en México”. La unidad se fortalece cuando se respetan las opiniones que, sin cuestionar nunca los principios y valores que por su misma naturaleza son inmutables, difieren de las de la mayoría y proponen, con respeto y civilidad, rumbos de acción distintos. Todas esas opiniones, si son expresadas ante las instancias competentes y por las vías adecuadas, contribuyen al perfeccionamiento del conjunto y fortalecen a la institución. La unidad verdadera es una unidad de las convicciones, de las decisiones y de las acciones. Sólo así nuestra unidad será constante y firme. Allí donde se debilite esta unidad fundamental, cualquier otro tipo será efímera, pues carecerá de hondas raíces. Es natural que con frecuencia haya diferencias en la acción política, pero para quienes están llamados a gobernar, la magnanimidad y la generosidad son conductas morales exigibles. Queremos dar respuestas y soluciones a los retos que tenemos para las elecciones del año que entra. Queremos trabajar día con día por el país y eso sólo lo vamos a lograr con unidad. Esa es la palabra que debe darnos rostro y ánimo: unidad entre nosotros los panistas. Quiero hacer una invitación a la unidad, a que juntos participemos en este proceso con verdadero ánimo de saber qué partido queremos tener y no a quién queremos ayudar a esconder sus malas decisiones. El proyecto que hoy estamos registrando significa la esperanza y alegría de miles de panistas en todo el país, será un ejemplo de civilidad democrática en el que sostendremos debates, en donde manifestaremos nuestras diferencias, pero en el entendido de que nuestra tarea está afuera, que debemos convencer ciudadanos, no alejarlos.
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Sergio Rodriguez

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.