Una política de medios y no de fines
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Luis Fernando Bernal.
El himno de Acción Nacional inicia afirmando su “levantada convicción por la verdad”. Refiero esto porque con motivo de la nueva situación político-electoral del país después del 1 de julio, muchos panistas han discutido legítimamente qué partido queremos para afrontar los desafíos del siglo XXI. Un partido por cumplir 80 años de edad y que ha superado diversas crisis internas y externas. Que ha padecido los extremos de la rueda de la fortuna que es la política, desde la derrota incisiva y la agresión constante, hasta la obtención del poder federal; desde la carencia permanente de recursos hasta la bonanza del financiamiento público.
Muchos panistas abogan por “rediseñar” la identidad del PAN, para adaptarlo a los tiempos actuales de la globalidad irrefrenable. Otros abogan por regresar al Partido de la “era dorada”, cuando se llegaba al PAN a dar y no a recibir, a debatir y no a acordar. Unos arguyen que volver al poder debe ser la prioridad, otros anhelan al Partido que logró ser la oposición más inteligente, noble y crítica que haya tenido el autoritarismo mexicano.
El Partido debe redefinir su identidad con los mismos principios doctrinarios que ha resguardado desde su fundación y lo que debe reformar es su forma de funcionamiento. Que sus órganos colectivos internos sean órganos vivos de activa participación, pero ágiles en la toma de decisiones. Que el debate sea constante, pero reforzando la disciplina partidista. Quien actúe mal debe sufrir consecuencias, no necesariamente sanciones, pero sí rechazo político. Quien actúe en función de formar mafias o cacicazgos internos debe ser denunciado públicamente y sancionado por un órgano de control. Quien actúe bien debe ser estimulado. Pero sobre todo debe existir en los órganos directivos de todos los niveles una “levantada convicción” ética, un anhelo por la verdad. Si el PAN sobrevivió durante décadas adversas fue por la pasión, por la verdad que tuvieron sus dirigentes en su actuar interno y hacia afuera.
En épocas, como ahora de “verdades alternativas”, en donde un estadista puede afirmar una postura y a los pocos días la contraria, y no pasa nada; en donde del relativismo de las ideas se pasa al relativismo de los hechos y donde las figuras públicas son juzgadas por sus principios y aplaudidos por sus incongruencias. En esta atmósfera, el PAN debe nadar a contracorriente, como lo hizo siempre, y sostener la idea de que la moral y la política son complementarias y que es falso, como se quiso inculcar en la cultura mexicana, que son conceptos incompatibles.
El futuro de la política en el mundo ya no estará en los fines, los fines son cada vez más parecidos entre los partidos y las ideologías, la distinción estará en los medios que las instituciones políticas usen para llegar a esos objetivos. El PAN, desde su fundación, fue un partido que priorizó los medios por sobre los fines. Su prioridad no fue llegar al poder, sino cómo llegar al poder y así deberá de actuar en adelante.
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Luis Fernando Bernal en miembro del Consejo de Plumas Azules.