Opinión

Un trío inolvidable

MA
Por Maricarmen Rizo
ideas fuerza alma Por Germán Martínez Cázares. En la sede nacional de nuestro Partido, el 1 de abril de 2004, el GPPAN en la Cámara de Diputados organizó un homenaje a tres panistas ya muertos: Juan Manuel Gómez Morin, Blanca Magrassi y Luis H. Álvarez. Siempre los honores en vida son mejores. En recuerdo de aquellos panistas y a petición de La Nacion rescato por su actualidad, con algunas correcciones, mi discurso de aquel día, de aquella cena inolvidable, con tres personas cuya biografía no debería perderse en la utilería política. Presidente Bravo Mena; Coordinador Barrio Terrazas; compañeras diputadas, compañeros diputados, amigos y familiares de Blanquita, de don Juan Manuel y de don Luis. El Grupo Parlamentario del PAN en la Cámara de Diputados ha decidido ofrecer esta cena y convivencia en honor de tres distinguidos ciudadanos, tres panistas singulares, tres miembros destacados de nuestro Comité Nacional. Los diputados federales del PAN hemos decidido evocar esta noche la entereza y la generosidad sin límites de Blanquita Magrassi, la amabilidad y el señorío inteligente de don Juan Manuel Gómez Morin, y la puntualidad, la firmeza, la constancia y la fidelidad del heroísmo muchas veces silencioso de don Luis H. Álvarez. Estamos aquí para conmemorar, es decir, para hacer memoria juntos, y recordar que nuestro presente tiene pasado, y que sólo tendremos futuro en la medida en que volvamos a encarnar el presente que significan Blanca Magrassi, Juan Manuel Gómez Morin y Luis H. Álvarez. No pueden conmemorar los que no tienen memoria o los que no tienen pasado común; no pueden rememorar los que tienen atrofiada esa capacidad de volver al corazón, que eso significa recordar. No puede haber remembranza donde no hay aptitud para soñar; no pueden conmemorar pues, los que no tienen ánimo compartido. Santo Tomás de Aquino decía que la memoria es una de las potencias del alma, y porque los panistas tenemos alma potente, pasado, recuerdos, corazón y capacidad de memoria común, es que nos atrevemos a decir que nuestro pasado, nuestro recuerdo, nuestra memoria, nuestra alma y nuestros sueños están en ciudadanos como Blanquita, Juan Manuel y don Luis. La política sin memoria, además de peligrosa por hueca, es un ejercicio de despotismo del presente, de inmediatez vana. Tan condenable es en política el triunfo demagógico del “ahora postergando el mañana”, como la supuesta victoria sin hacerse cargo de la herencia del pasado, es un simulador aquél que busca el poder sin importarle el cambio de discurso y traiciona a su memoria. Es un farsante el que ofrece un futuro cuando su memoria está llena de corrupción, de fraudes electorales, de populismo y de dádiva gubernamental que envilece al ciudadano. Lo que don Luis representa es la ética de la memoria, frente a la negra noche del pasado priista y del presente perredista que no deben volver, ni permanecer. Lo que don Juan Manuel simboliza es una ética de la memoria que permita seguir en el camino de construir ciudadanos y con ellos, triunfos electorales. Sin ciudadanos, los triunfos electorales pueden ser efímeros y posponer sistemáticamente la conquista del bien común. Lo que Blanquita encarna es la ética de la memoria para resistir el olvido. Quien tiene memoria no puede olvidar la discriminación de la mujer; la pobreza de miles de mexicanos indígenas; el maltrato infantil o la falta de oportunidades para nuestros jóvenes. La política es la resistencia al olvido del dolor que padecen millones de mexicanos. La memoria es sentir cuando se ha sentido ya, es el sentir que recuerda el sentimiento. Y Blanquita, don Juan Manuel y don Luis han hecho sentir a este Partido y a este país, la verticalidad y la decencia en la vida pública. Porque la memoria es volver a sentir, sentimos, aún a sabiendas de lastimar la genuina modestia de don Luis, el encarcelamiento que padeció en Zacatecas, siendo nuestro candidato a la Presidencia de la República en 1958. También sentimos ¡y no lo vamos a callar nunca! la trascendencia para la vida democrática del país que tuvo la huelga de hambre de Chihuahua en 1986. Sentimos con mucha cercanía la Presidencia Nacional del Partido de don Luis que abrió espacio de diálogo y entendimiento nacionales; don Luis fue un Presidente Nacional que no rehuyó a la definición política, ni al diálogo político. Sólo quien tiene memoria tiene definiciones y sólo en las definiciones hay diálogo. Don Luis no dialogó para hacer triunfar a la ambigüedad. Es necesario recordarlo en estos tiempos  que parece ser un valor en política la vaguedad, la vacilación o el placentero acomodo de las palabras sin compromisos con la doctrina; don Luis dialogó para abrir espacios de poder a las ideas del PAN, para hacer realidad las tesis del PAN y para llevar a panistas a espacios de responsabilidad política. Y cuando no había posibilidad al triunfo del PAN, don Luis rechazó el diálogo y llamó a los ciudadanos a la franca oposición. No olvidemos, porque tenemos memoria, que don Luis, entonces Presidente dejó en la calle de Ángel Urraza sin diálogo, en el viejo edificio del Comité Nacional a Fernando Baeza, porque no hay diálogo posible con quien no tiene ánimo de coincidir. No es lo mismo tener “memoria” que “imaginación”; la memoria exige fidelidad en el ser a lo que fuimos y la imaginación es traicionar la esencia. Por eso ahora que viene otra batalla de la manía de imaginar candidato sin partido, de desprestigio a los partidos políticos, oponemos nuestra memoria de pensamiento, de ideas, de fe en la libertad, de nuevos sueños para encarar las transformaciones radicales que reclama la modernización del país, oponemos a los que imaginan que todos los políticos son iguales, los rostros limpios y las manos relucientes, resplandecientes de Blanca Magrassi, de Juan Manuel Gómez Morin y de don Luis H. Álvarez. Oponemos nuestra memoria en favor del municipio a los que acaban de descubrir el federalismo precisamente hasta que perdieron la Presidencia de la República; nuestra memoria municipalista tiene una prueba sólida, primero en la candidatura a la alcaldía de Chihuahua en 1968 de Blanquita; y después en el alcalde de esa capital, don Luis H. Álvarez. Esa evidencia nos dice hoy que si descuidamos nuestros palacios municipales será difícil volver a alcanzar el Palacio Nacional. Oponemos nuestra memoria de responsabilidad en el Poder Legislativo contra la ocurrencia que sólo ofrece como futuro el pasado. Ahí el testimonio de nuestra memoria parlamentaria siempre dará cuenta de la candidatura al Senado por Chihuahua de Blanquita Magrassi y de la diputación federal que ocupó don Juan Manuel Gómez Morin en la XLVII Legislatura que coordinó Manuel González Hinojosa. Oponemos pues, nuestra memoria panista de siempre a la imaginación que pretende nublar nuestro horizonte con falsos nacionalismos y con una cultura  de irresponsabilidad cívica; oponemos al ridículo de las falsas honestidades, la memoria y la historia de Blanca Magrassi, de Juan Manuel Gómez Morin y de don Luis H. Álvarez. En el PAN todos debemos enriquecer nuestra memoria. No hay memoria ni sueños compartidos si perdemos la confianza entre nosotros, si perdemos la seguridad en la eficacia de nuestro credo político, de aprecio por la persona y su libertad. La memoria panista y la confianza panista no se recuperará con el exceso de reglas internas entre nosotros ni mucho menos convirtiendo a nuestras dirigencias en tribunales entre nosotros. La memoria panista presente en don Luis nos obliga a recordar que el PAN no es de los panistas; que don Luis fue candidato a gobernador de Chihuahua sin ser miembro activo del Partido, es decir, nuestra memoria exige vincular más al PAN con los ciudadanos y dejar de ensimismarnos entre nosotros. Ni un partido cerrado ni tampoco un partido sin identidad, sin  los propósitos fundamentales que animan nuestra brega de siempre. Blanquita, don Juan Manuel, don Luis: las diputadas y los diputados federales del PAN en la LIX Legislatura del Congreso de la Unión le decimos, ustedes nos re-entusiasman el alma cívica, ustedes nos hacen vibrar el corazón; ustedes nos vuelven  a hacer soñar con renovado orgullo panista. Son y siempre serán nuestra conciencia. Gracias por su ejemplo, gracias por la memoria que nos obliga. Simplemente, gracias. Germán Martínez Cázares, ex presidente nacional del PAN.
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Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.