Trump y Hillary afianzan su liderazgo
Por Miguel Ángel López Lozano.
Las encuestas son tozudas y rara vez suelen diferir de la realidad. Semanas antes se venía anunciando la victoria tanto de Donald Trump como de Hillary Clinton en el famoso Supermartes y así fue. Se trataba de la primera jornada decisiva en las primarias norteamericanas. El resultado: el esperado, Trump y Hillary salieron vencedores, aunque Trump obtuvo una distancia menor con sus contrincantes que la que diferenció a Hillary de Sanders, aunque paradójicamente esa distancia ha ido incrementando en las siguientes votaciones en el caso de Trump, y reduciéndose en el caso de Hillary.
Los dos candidatos se sienten cómodos en el formato de primarias porque parece ser que se les están atascando los caucus. Por su definición y cercanía con el votante tienden a favorecer a aquellos candidatos que visitan casa a casa tratando de convencer a los electores. Para ello, hace falta un ejército de voluntarios y activistas que estén dispuestos a sacrificar su tiempo. Tanto Trump como Hillary cuentan con medios ingentes y marketing en exceso, pero les está faltando esa cercanía que se ha visto manifiesta en el llamado Supersábado, en donde ambos candidatos han visto cómo sus márgenes se han visto reducidos una vez más.
Aunque la balanza parece inclinarse hacia Trump y Hillary, la elección no está cerrada, nos acercamos al “otro Supermartes”, sus opositores tienen que esforzarse y mucho de cara al 15 de marzo si pretenden revertir la tendencia, porque a partir de esta fecha los estados pasan a convertirse en “winner-take-all”. Esto quiere decir que de esta fecha en adelante, el ganador se queda con todos los delegados en juego en las primarias, sin distribución proporcional como ocurre hasta ahora. Además, hemos de tener en cuenta que ese mismo día se vota en cinco estados.
Estamos llegando al ecuador técnico de la campaña y las elecciones están dejando patente el significativo interés que genera la irreverente candidatura de Trump. El Supermartes consiguió que la participación de los Republicanos ascendiera a un 70 por ciento, por contra, los Demócratas han visto como su participación descendía en un 30, dejando de manifiesto la atracción fatal que despierta un candidato que lleva la confrontación por bandera. El votante americano se está pareciendo cada vez más al europeo, el fenómeno del indignado (angry) ha cruzado el Atlántico, lo que explica el por qué dos outsiders como Trump y Sanders han sido la revelación de las presentes primarias.
Trump no deja indiferente a nadie. Es un fenómeno que rompe los moldes políticamente correctos de Washington, que se enfrenta al establishment republicano y manifiesta una actitud xenófoba anti hispánica alarmante... Y a pesar de ello, le está catapultando a la nominación republicana. ¿Quién iba a pensar que un candidato que ha recibido el apoyo expreso del Ku Klux Klan iba a rentabilizar tal apoyo? ¿Se imagina un Presidente apoyado por las minorías racistas tras el primer Presidente negro? Todo puede pasar y tras los resultados del Supermartes se encendieron todas las alarmas en las élites del Partido Republicano y del país en general: es capaz de ganar en cualquier escenario. Ya sea en Alabama o Georgia, estados sureños y conservadores, o en Virginia y Massachussets, estados más moderados al norte del país.
Los republicanos han tomado conciencia del riesgo que supondría para la imagen del partido postular a un candidato como Trump y rápidamente tuvo que salir a escena Mitt Romney, destacado dirigente y ex candidato republicano a la presidencia en 2012 para calificar a Trump de “fraude y farsante”, advirtiendo a sus afiliados y simpatizantes de que su nominación “tendría profundas consecuencias para el Partido Republicano y, más profundamente, para el país”. A este reclamo se han sumado más de 50 conservadores expertos en política exterior, mediante la publicación de una carta en la que condenan la candidatura del excéntrico empresario del juego.
El problema radica en que la alternativa del Partido a Trump es Marco Rubio, su predilecto, pero no termina de arrancar, únicamente cosecha triunfos en estados de baja relevancia, como ha ocurrido recientemente en Puerto Rico. Y Ted Cruz, el evangélico que representa una alternativa real, está igual de enfrentado al Partido y no acaba de alcanzarle.
En el lado demócrata, Hillary parece tener encauzada su nominación a pesar de algunos sustos puntuales como el de Michigan, que vuelven a dar aire a un Sanders que se niega a tirar la toalla, y al que los medios dan alas en las últimas encuestas acortando su distancia en intención de voto frente a su contrincante. Pero Sanders sigue arrastrando un problema importante, aunque haya captado el interés de los más jóvenes y los indignados con su discurso antisistema y marcadamente socialista, si esos jóvenes e indignados no acuden a votar por él, poco tiene que hacer. En el último debate demócrata en Univisión, ambos se lanzaron a la caza del voto hispano, un voto crucial para los demócratas y que Sanders debe arrebatar a Hillary si pretende remontar en la recta final.
Tanto Trump como Hillary se sienten Presidenciables, la puesta en escena tras el Supermartes fue clarividente: Trump usó un atril que emulaba a los del Presidente de los EE.UU. y Hillary desde Florida dirigió su mensaje de agradecimiento a tratar de convencer a los votantes de Trump bajo un speech conciliador, mostrando su imagen más amable volcada en la elección de noviembre.
Miguel Ángel López Lozano es analista político. Twitter: @malopezlozano