Internacional

Trump resiste a pesar de los golpes

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Por Sergio Rodriguez · 5 min de lectura
Por Miguel Ángel López Lozano. El 8 de noviembre conoceremos el veredicto final de los norteamericanos ante esta campaña, tan rocambolesca, que nos ha dejado dos formas radicalmente opuestas de hacer política, pero con un denominador común: el perfil bajo de sus candidatos presidenciales. Por un lado, la clásica y tradicional, encarnada por la primera mujer que tiene serias posibilidades de ser Presidenta de EE.UU. y que ha basado su campaña en un mensaje políticamente correcto, apegado al establishment político-financiero, tal y como han mandado los cánones en la política norteamericana durante décadas. Pero por otro lado, hemos conocido la candidatura de outsider dedicado al mundo de la empresa y exitoso en su sector, pero con un mensaje más cercano a los populismos europeos antisistema de reciente creación, aunque cargado de un nacionalismo exacerbado que ha tratado de hacer todo lo posible por apartarse del establishment, tratando de abanderar las causas más populistas de la Norteamérica más profunda, le doliera a quien le doliera... A pesar de las dificultades y los obstáculos de dentro y fuera de su Partido, exteriorizados por el distanciamiento de las familias custodias y las campañas mediáticas de Hollywood alertando ante su elección, Donald Trump se ha mantenido firme en su decisión de aspirar a la presidencia de EE.UU. Las encuestas siguen manteniendo en cabeza a Hillary Clinton. Una ventaja estrecha que no acaba de despegar a pesar de los últimos escándalos del republicano. El último, una grabación de 2005 en la que alardeaba de cómo el poder te daba la capacidad de manosear a tu antojo a una mujer, como si se tratara de un pedazo de carne para satisfacer las necesidades más básicas de un animal sin capacidad de controlar sus instintos. No fueron pocos los que se levantaron ante tales manifestaciones, desde las principales figuras de su partido hasta su propia mujer. Pero a pesar de este revés, Trump no cae, se disculpa levemente pero arremete con el pasado del marido de Hillary Clinton para tratar de demostrar quién es menos sucio de los dos. Resulta vergonzoso como una parte de la campaña electoral más seguida del mundo gire en torno a quien es más o menos sucio en su trato hacia las mujeres. Pero a pesar de lo fácil que se lo está poniendo su contrincante, Hillary no acaba de despegar. Los exabruptos de Trump se suceden día sí, día también. Aun así, no levanta cabeza y se mantiene una estrecha distancia frente a su contrincante. Los Estados cuyo voto puede decantarse de un lado u otro y, por tanto, decidir la elección, dejan de mostrar una gran ventaja hacia Hillary, mostrando su escaso liderazgo y carisma como candidata. Es percibida por el electorado norteamericano como una mujer calculadora, arrogante, fría y elitista. Y aquí es donde coinciden ambos candidatos, en su bajísima aprobación, recientemente una encuesta les posicionaba como los candidatos más odiados en la historia de las presidenciales en EE.UU. Hace unos días vivimos el segundo debate televisado, y a pesar de haberse hecho públicas las grabaciones sexistas días atrás, Trump salió airoso del mismo, incluso diría que menos damnificado de lo que se esperaba gracias a su dominio televisivo. A pesar de la desbandada de los principales líderes republicanos de su campaña, supo conectar con sus electores, con las bases del partido y mantenerse en la carrera sin muchas magulladuras. No hemos de olvidar que cuenta con el apoyo de la base republicana. Un 67 por ciento de los votantes quieren que continúe como candidato, según una encuesta publicada por la cadena de televisión NBC y el diario The Wall Street Journal a primeros de octubre, a poco de conocerse el escándalo, pero antes de que se celebrara el segundo debate. La misma encuesta manifestaba que apenas el 14 por ciento de los republicanos desean que el partido le obligue a abandonar la campaña. Lo que escenifica la ruptura interna del partido entre las bases y el establishment. La última de estas diferencias tiene por protagonista al influyente Paul Ryan, Presidente de la Cámara de Representantes, el cual ha marcado distancia con el candidato republicano a raíz de sus últimas intervenciones, provocando que se sumaran nuevas voces representativas que rechazan participar en la campaña de Trump. Los congresistas y senadores tienen miedo a perder la mayoría, tanto de la Cámara de Representantes como la del Senado, con motivo de un efecto arrastre de la marca motivado por un hipotético desastre de Trump; de ahí, que estén marcando distancia y buscando hacer campaña alejados de su candidato a las presidenciales. Como afirmaba recientemente en un artículo anterior, entramos en la recta final de la elección, nos encontramos a menos de un mes y los norteamericanos tienen una difícil papeleta: ¿apoyar a un candidato que supone un peligro para la Seguridad Nacional y Mundial, o a una candidata que a pesar de su talante políticamente correcto está financiada por lobbies como el Planned Parenthood y es una firme defensora de la ideología de género que tanto daño está haciendo a las familias de occidente?