Opinión

T-MEC en la cuerda floja: avances parciales y la debilidad negociadora de Morena

Armando Tejeda Cid Por Armando Tejeda Cid

El T-MEC entró en una etapa de incertidumbre real y peligrosa para México. El 1 de julio de 2026 Estados Unidos decidió no renovar el tratado por 16 años más. México y Canadá pedían la extensión larga. Washington dijo que no. El acuerdo sigue vigente hasta 2036, pero ahora bajo un esquema de revisiones anuales. Esa decisión no es un detalle técnico: convierte la certidumbre comercial en un proceso permanente de renegociación donde cada año se puede reabrir la mesa.

Entre el 21 y el 23 de julio se realizó la tercera ronda bilateral en la Ciudad de México, encabezada por Marcelo Ebrard y el representante comercial estadunidense Jamieson Greer. Hubo avances en acero, aluminio, cadenas regionales de valor y sustitución de importaciones asiáticas. Se acordó una cuarta ronda para la primera quincena de septiembre en Washington. El gobierno celebra que alrededor del 85 por ciento de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos continúan con arancel cero porque cumplen las reglas de origen del tratado. Eso es importante. Pero no es suficiente.

Los números muestran el costo de la debilidad. En 2025 las exportaciones mexicanas de acero a Estados Unidos cayeron 36.6 por ciento por los aranceles de la Sección 232, que llegaron hasta 50 por ciento. Las exportaciones automotrices también resentieron el golpe: en los primeros cuatro meses de 2026 registraron una caída de 5.1 por ciento respecto al año anterior. Estados Unidos redujo su lista de preocupaciones de 54 a 14 puntos; México mantiene 13. La reducción suena a progreso, pero los temas duros —reglas de origen automotriz más estrictas, aranceles sectoriales y seguridad económica— siguen sin resolverse.

Aquí es donde el contraste con otros gobiernos resulta inevitable. Cuando se negoció el T-MEC entre 2017 y 2018, el equipo del presidente Enrique Peña Nieto enfrentó a la misma administración Trump y a las mismas presiones proteccionistas. Aun así, logró cerrar un tratado completo con vigencia de 16 años y un mecanismo de revisión que, aunque imperfecto, ofrecía un horizonte de mediano plazo. Aquella negociación no fue perfecta, pero entregó un marco estructural.

Vicente Fox sostuvo públicamente que el TLCAN había sido “una historia de éxito” y se negó a reabrirlo ante presiones sectoriales, priorizando la estabilidad del acuerdo. Felipe Calderón mantuvo y profundizó esa integración en un contexto de crisis internacional, consolidando el comercio trilateral y evitando que la relación se diluyera en renegociaciones constantes. En ambos casos —PRI y PAN— la prioridad fue preservar un horizonte claro para la inversión y el empleo.

Hoy, el mismo socio comercial que entonces aceptó un acuerdo de largo plazo se niega a renovarlo y el gobierno mexicano celebra como “avance” el simple hecho de que el tratado no se cayó. La diferencia no está solo en el interlocutor estadunidense. Está en la capacidad de negociar desde una posición de fuerza y de defender la certidumbre como activo estratégico. Gobiernos anteriores de distinto signo entendieron que la previsibilidad es lo que México puede ofrecer a las cadenas productivas de América del Norte. Este gobierno llega a la mesa sin haber construido suficiente valor agregado nacional, sin haber blindado a tiempo a los sectores más expuestos y sin una estrategia clara para convertir la integración regional en poder de negociación.

El T-MEC no es un favor de Estados Unidos. Es el principal instrumento de integración productiva de América del Norte y el ancla de cientos de miles de empleos mexicanos. Negociarlo con debilidad, celebrando avances parciales mientras los aranceles sectoriales siguen afectando acero y automotriz, no es estrategia. Es improvisación. Otros gobiernos, de distintos partidos, lograron cerrar o defender acuerdos con horizonte. Este no ha podido ni siquiera asegurar la renovación que México y Canadá pedían juntos. La diferencia se mide en certidumbre, en inversión y en empleos. Y esa diferencia la están pagando las empresas y los trabajadores mexicanos.

Armando Tejeda Cid es Diputado Federal del PAN.

Armando Tejeda Cid
Armando Tejeda Cid

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.