Cultura

Reflexiones sobre el panismo auténtico

SE
Por Sergio Rodriguez
Por Javier Brown César. A la memoria de Luis Héctor Álvarez Álvarez. El panismo auténtico se encarna siempre en su militancia, fuerza viva que lleva el mensaje del Partido a todos los rincones de nuestra amada patria. A lo largo de nuestra historia partidista notables personas han encarnado, en grado superlativo, los valores espirituales de Acción Nacional y han hecho de su vida un ejemplo tangible de eficacia doctrinal, congruencia moral y amor a México. Luis H. Álvarez fue uno de esos panistas insuperables, cuya dilatada militancia y acción política lo han convertido en uno de los principales referentes del panismo auténtico. Cuando aceptó ser candidato a gobernador de Chihuahua el país perdió a un gran empresario de la mezclilla, pero el PAN de Gómez Morin ganó a un líder indiscutible e insuperable. Pronto, en 1956, demostró su entereza y aplomo al realizar una histórica marcha a la Ciudad de México con motivo del fraude electoral y un par de años después, en 1958, fue el segundo candidato de Acción Nacional a la Presidencia de la República. Don Luis fue el punto de encuentro entre la generación de los fundadores y quienes bajo su liderazgo diseñaron y construyeron las instituciones del México democrático. Fue memoria del origen y cimiento del futuro. Su vida es la encarnación palpable del panismo auténtico: no creó feudos, fortaleció instituciones, no formó camarillas, consolidó equipos de trabajo, no propuso utopías, generó esperanza. En lugar de rodearse de amigos o de buscar el suave y mortal abrazo de aduladores oportunistas, mediocres y egoístas, supo rodearse de los mejores. Buscó y promovió el talento y abrió espacios para que éste se manifestara. Su liderazgo se caracterizó por ser arquitectónico, siempre construyó, propuso y creó, y en esto, se consolidó como uno de los grandes continuadores del legado de Manuel Gómez Morin. Encarnó los principios, valores y virtudes del panismo auténtico: la generosidad llevada al extremo, el respeto a la dignidad humana, la lucha por la justicia, la promoción irrestricta de la solidaridad, la defensa denodada de la democracia, la construcción decidida de espacios de diálogo y la pluralidad como sustento de la riqueza de la nación mexicana. Vivió la mística hasta sus últimas consecuencias: hizo del heroísmo y de la santidad un estilo de vida, y en el límite, estuvo dispuesto a dar su vida para lograr el cambio pacífico y ordenado. Fincó las condiciones para heredarle a México una patria más justa, ordenada y generosa. Era la viva imagen de ese panismo que no ve con reservas al recién llegado, sino que le extiende el abrazo solidario del Partido al corazón. Egregio en la derrota, magnánimo en la victoria. Su huelga de hambre de 42 días queda como testimonio del grado de abnegación al que puede llegar el espíritu humano cuando es capaz de dar en holocausto el propio cuerpo, en aras de la salvación nacional. Durante su gestión al frente del Comité Ejecutivo Nacional, que se dio de 1987 a 1993, tuvo la visión y la capacidad para hacer crecer al Partido en todos los aspectos de su vida interna y para acordar con el gobierno una ambiciosa agenda de cambios que fueron un puntal definitivo de la transición democrática; si bien en su tiempo tuvo detractores y críticos, la historia le ha dado la razón. Gracias a su compromiso con la transformación del país, se pusieron las semillas para el surgimiento de instituciones como el Instituto Federal Electoral, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Se le llegó acusar de negociar en lo oscuro con el régimen priista, pero el hecho es que el documento llamado Compromiso nacional por la legitimidad y la democracia, que fue la base de la agenda de la transición, se publicó en las páginas 3 a 5 de la revista La Nación, de amplia circulación, en el número 1768, del 1 de diciembre de 1988. Incansable hasta el límite, dio ejemplo de trabajo, de perseverancia y de constancia. Comprometido con el bien común, su liderazgo brilló en los cargos que hubo de ocupar, tanto públicos como partidistas; sólo le faltó ser Presidente de la República, pero el tamaño de estadista, sin duda alguna lo tenía, y lo demostró con sus acciones. En su vida supo realizar sus ideas e ideales. De sus ideas fuerza evocamos una que simboliza las razones de un esfuerzo que también es el nuestro: “Por eso estamos hoy aquí. Para continuar, para ser congruentes con lo que pensamos. Para exigir que la política mexicana se transforme en servicio a los mexicanos. Para que el pueblo llegue al poder. Para que la democracia no sea frase vacía de discurso ante auditorios cautivos, sino realidad edificada por hombres libres que… han decidido poner su vida al servicio de la dignidad y de la libertad de todos los mexicanos”. Hombre de su época, tenía plena consciencia de su misión histórica como gran arquitecto de la democracia: “No es el actual un tiempo de irritación que se desahoga en privado. No es tiempo de abandonar el propio puesto. Por el contrario, es tiempo de empuñar comunitariamente las banderas de la democracia, las de Gómez Morin y González Luna… las de una comunidad nacional agredida por un régimen antidemocrático, arcaico, muy por debajo de la estatura de este pueblo que ha dicho ¡basta! y ha echado a andar”. Y continuaba: “Es tiempo de conciencia y compromiso. Es tiempo de participación y solidaridad, es tiempo de poner de nuestra parte para que la democracia sea realidad. Por eso estamos aquí. Por eso apoyamos a Acción Nacional”. La fascinación que don Luis ejerció en nuestro fundador, la ha ejercido sobre quienes tuvimos el honor de conocerlo y trabajar para él, y la seguirá ejerciendo en las futuras generaciones. Desde que llegó al Partido su destino era ser parte de los grandes del panismo nacional, su nombre está inscrito hoy en letras de oro en el alma y los corazones de los panistas auténticos, al lado de titanes como Manuel Gómez Morin, Efraín González Luna, Miguel Estrada Iturbide, Rafael Preciado Hernández, Adolfo Christlieb Ibarrola, Manuel de Jesús Clouthier del Rincón y Carlos Castillo Peraza. Su testimonio de vida le ha llevado a compartir la gloria con los grandes constructores de la patria, su futuro es la inmortalidad bien merecida.  ¡Descanse en paz don Luis!
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Sergio Rodriguez

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.