Opinión

Rancio dogmatismo trasnochado

MA
Por Maricarmen Rizo
Por Iván J. Paoli Bolio. El principal objetivo del actual presidente de la República no parece ser el crecimiento económico, ni siquiera para distribuir los recursos entre los más necesitados; si ese fuera, no habría cancelado la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México que representaba en el presente y en el futuro, a mediano plazo, buena parte del crecimiento económico nacional que podría esperarse. Por otra parte, la cancelación parece estar en la línea de una especie de voluntarismo a prueba de la racionalidad con la que se había programado la construcción de la terminal aérea, que podría significar la afluencia de miles de millones de dólares de inversionistas nacionales y extranjeros, en primer lugar, y en segundo la ampliación de la principal puerta de acceso a México por parte del turismo, que es una de las principales fuentes de divisas con las que cuenta el país en la actualidad. Por la actual terminal aérea de la Ciudad de México en 2018 entraron más de cuarenta millones de turistas y el nuevo aeropuerto garantizaría la entrada de muchos más. La razón que se ha esgrimido para dar por terminadas las obras de la estación aeronáutica de Texcoco fue que, para esa obra, por cierto “faraónica” en palabras del presidente, había operaciones financieras corruptas, lo que no se ha podido probar y lo único que se ha dicho al respecto es que esa corrupción era del “dominio público”, lo que tampoco es cierto, pero con ello lo único que se prueba es nada más la mentalidad prejuiciosa y auto-dogmática de quien preside el país. Lo que sí se dijo en favor de no suspender las obras es que se probara la supuesta corrupción y que se castigara a los culpables que hasta ahora no aparecen por ninguna parte; sí así se hubiera hecho no abría sido necesario suspender las obras, ni crear desconfianza entre los inversionistas con todo lo que ello representaba para el futuro de la economía de la nación, una derrama económica por las inversiones y el turismo, en no sacrificar miles de empleos de los trabajadores de la obra y la generación de miles de empleos más, directos e indirectos. Culpar sin pruebas a reales o supuestos corruptos y defraudadores equivale a tomar el camino que se ha criticado a las inquisiciones católica y protestante, con el agravante de que en este caso pagan justos por pecadores. Hasta ahora no se ha culpado a nadie, pero sí se han eliminado expectativas de trabajo y derrama económica para quienes más la necesitan. Lo que sí parece estar probado es un voluntarismo a prueba de la actual racionalidad económica, de la globalización, y que ello tiene que ver más con un rancio dogmatismo trasnochado, de una especie de pseudo-izquierda históricamente rebasada, para garantizar, no el bienestar del pueblo sabio, sino una especie de preferencia electoral comprada a futuro. Sería importante que los seguidores del actual régimen le preguntaran sobre políticas económicas eficaces al actual gobierno de la China comunista.   Iván J. Paoli Bolio es integrante del Consejo de Plumas Azules.
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Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.