¿Qué es la democracia?
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Por Sergio Rodriguez
Por Javier Brown César.
Desde que los griegos “inventaron” la democracia, hace prácticamente dos mil quinientos años, hasta el día de hoy, uno de los grandes problemas de la ciencia política consiste en definir el extraordinario invento que floreció en la antigua Atenas, y que ha sido motivo de excelsos tratados y también de críticas feroces.
Para muchos, la democracia es una especie de palabra talismán, que se usa con los más diversos sentidos y en múltiples contextos, al grado de que el término se ha devaluado tanto, que algunas personas que se dicen demócratas lo hacen sólo como un argumento o coartada para encubrir intenciones inconfesables y prácticas deleznables.
Los componentes mínimos de la democracia
Los partidos políticos son el alma de las democracias contemporáneas. Es importante recalcar que hablamos de partidos en plural, porque ahí donde hay una sola opción política, que limita las elecciones de las personas, estamos frente a un sistema autoritario que desconoce la competencia o la elimina sistemáticamente.
Los partidos representan partes de la sociedad, y por lo mismo, no tienen el derecho legítimo de ser las expresiones totales de una nación plural, incluyente y abierta. En la democracia, se requiere que las diversas ofertas políticas puedan competir en elecciones abiertas, limpias y transparentes, en las que cada elector valga exactamente un voto, lo que equilibra, de forma importante, la balanza de las opciones políticas.
Para que haya elecciones competitivas se requiere que se garanticen condiciones equitativas en la contienda y que se asegure la imparcialidad de los órganos que realizan la contabilidad de los votos; además, se necesitan instancias que diriman las controversias que se puedan suscitar entre los partidos, con motivo de la realización de la jornada electoral. Partidos políticos, organización imparcial de las elecciones y órganos jurisdiccionales autónomos, conforman la tríada virtuosa de la democracia, entendida como procedimiento para renovar periódicamente las élites que han de gobernar.
La eficacia institucional de la democracia
Para que la democracia garantice la gobernanza, o sea, el gobierno como tarea conjunta de las autoridades y de la sociedad civil, se debe ir más allá de la alternancia de las élites; es necesario construir condiciones institucionales fundamentales para hacer que la democracia sea realmente eficaz, y para que produzca resultados que incidan en las condiciones materiales y culturales que promuevan en todo momento el pleno desarrollo de las personas.
Para que haya democracia es indispensable que lo público sea transparente y abierto al escrutinio de todos, porque la opacidad aleja a las personas de la política y crea un entorno ideal para que los problemas, que son de la colectividad, sean discutidos en la clandestinidad, y que las decisiones se tomen de espaldas a la ciudadanía.
Pero además, las autoridades tienen el imperativo ético de rendirle cuentas a la ciudadanía, porque su razón de ser es el servicio a aquellos que pagan sus rentas y a aquellos que necesitan el apoyo subsidiario del Estado, o sea, los contribuyentes y la población en situación de desventaja. La autoridad sólo es legítima a cambio de generar bienes y servicios de calidad, que redunden en beneficios concretos para todos los ciudadanos, por lo que su deber irrenunciable es asumir los costos de las decisiones y transferir los beneficios a la ciudadanía.
La rendición de cuentas es un ejercicio permanente que se basa en la capacidad de responder a los ciudadanos por el uso de los recursos que, por ser públicos, no deben ser apropiados con fines privados, e implica someterse a un castigo ejemplar y pronto, por desviar cualquier recurso para beneficio personal.
Uno de los requisitos más exigentes, es que tanto las autoridades como la ciudadanía, se sometan a la única “tiranía” que debe ser reconocida por los demócratas: la ley. La legalidad es un imperativo categórico que está por encima de cualquier interés, ya que legitima al Estado y genera confianza en las instituciones públicas.
Nadie debe estar por encima de la ley, y nadie debe violar la ley sin consecuencias inmediatas y visibles por hacerlo. La ley es la espada de Damocles que pende sobre las cabezas de los auténticos demócratas y que cae inflexiblemente cuando se da la tentación de violar las normas que todos nos hemos dado.
La democracia y su entorno
Una de las conquistas fundamentales de Acción Nacional fue crear las condiciones “procedimentales mínimas” para que se diera la alternancia en el poder. Una vez en el poder, el Partido conformó instituciones fundamentales para hacer eficaz la democracia y transformó de manera importante la forma de cómo se ejerce el poder.
Gracias a la alternancia se quitó la mordaza a los medios masivos de difusión, garantizándose una notable visibilidad de la lógica decisional del poder público. A pesar de los logros alcanzados, el Partido enfrenta retos importantes para construir un cultura cívica que abrace las causas democráticas, de forma decidida: todavía persiste un déficit considerable en la capacidad de la sociedad civil para organizarse en la solución de problemas colectivos y para que las personas se involucren, de forma voluntaria, para la mejora de las condiciones de vida de sus comunidades.
Se requiere una ciudadanía alerta y crítica que repudie la corrupción, abomine de la impunidad, participe activamente en procesos de deliberación colectiva y conforme redes eficaces para la solución de problemas públicos. La formación y consolidación de capital social es uno de los grandes retos que tenemos hoy en día. Para ello, requerimos medios de difusión imparciales, redes ciudadanas fuertes, con capacidad para presionar a las autoridades y una esfera pública libre, en la que la participación y la deliberación colectivas sean motores del cambio social, cultural y político.
Necesitamos superar la lógica del ciudadano abstencionista y apático, para transitar a un nuevo orden en el que la sociedad civil sea un contrapeso efectivo, que anule cualquier posibilidad de abuso de poder. Se requiere una opinión pública informada y crítica, capaz de detectar y remediar los grandes males causados por autoridades corruptas e ineptas, y que impida que el Estado sea controlado y capturado por intereses, que detrás de la aparente fachada del beneficio colectivo, buscan la concreción de fines mezquinos e inconfesables.
El reto del PAN sigue vivo y demanda que cada habitante de la Patria tenga la legítima esperanza de que su futuro puede ser mejor, si se dedica a actividades honestas y si permanece en su país colaborando con la ardua construcción del bien común. Los panistas de hoy debemos honrar a nuestros fundadores, ratificando el compromiso decidido con quienes tienen depositadas sus esperanzas en que Acción Nacional es la mejor alternativa para gobernar el destino de México.