Primarias, here we go!
Por Miguel Ángel López Lozano.
Comienza el espectáculo más apasionante para los politólogos. No hay consultor de prestigio que no siga de cerca la nominación de los candidatos a la Casa Blanca. Un verdadero ejemplo de participación y democracia interna, que adaptado a la casuística de cada país, debería replicarse en aras de una mayor trasparencia política.
Los establishment, tanto del Partido Republicano como del Demócrata, analizan las primarias expectantes ante el fenómeno creciente de un nuevo populismo arraigado en el desapego a las élites políticas tradicionales. Esta revolución silenciosa, que se extiende y contagia al igual que una epidemia por todo el mundo, busca romper con la manera tradicional de entender la política. Los candidatos que han asumido esta nueva praxis, ya iniciada por los movimientos Occupy y Tea Party, son los que han despuntado en sus respectivas primarias generando unos vuelcos inesperados.
El caso más llamativo es el del Partido Demócrata, hace seis meses nadie se imaginaba que Hillary Clinton se fuera a encontrar en apuros ante Bernie Sanders, declarado socialista de 74 años y prácticamente desconocido, tanto para el establishment demócrata como para el electorado norteamericano.
Sanders rompe con el molde de la imagen políticamente correcta que representa Hillary. Ha incluido en sus órganos de dirección a indocumentados, su campaña la han sufragado 3.5 millones de estadunidenses con una donación media de sólo 27 dólares, no cuenta con ningún SuperPAC, es decir, ningún grupo ajeno a la campaña que le apoye directamente. Pero el hecho de no estereotipar el clásico candidato de las élites, le ha llevado a ganarse entre otros colectivos, al de los más jóvenes, un target al que Hillary, por su falta de empatía con el electorado de a pie, no accede.
Hillary, teme que se repita la historia, y al igual que le ocurriera con Obama, vuelva a perder las primarias ante un desconocido que parte sin el apoyo del poderío financiero y político de las élites de Wall Street. Una vez más, se manifiesta que el dinero no te garantiza una elección en igualdad de condiciones.
En el Partido Republicano la situación es similar, pero con dos agravantes que se deben tener en cuenta: el alto número de candidatos pueden dispersar y enturbiar el voto republicano en las elecciones de noviembre, y otra más alarmante, están alejándose peligrosamente del voto hispano.
Al igual que sucede con Bernie Sanders, los republicanos se han encontrado inesperadamente con un Donald Trump que tan pronto genera filias como fobias. Trump es un reconocido empresario cuya inquietud política se hizo patente a raíz de su oposición directa a Obama en los últimos años, incluso llegando a dudar de su lugar de nacimiento. Ha hecho de la confrontación el eje de su marcado discurso políticamente incorrecto: ha prometido levantar un muro en la frontera mexicana, impedir el acceso a los musulmanes en territorio americano, deportar hispanos, se ha abrazado a la poderosa Asociación Nacional del Rifle prometiéndoles concesiones que devolverían a EE.UU. al salvaje oeste.
En un corto espacio de tiempo, se ha generado rápidamente las antipatías del establishment del Partido Republicano, que apuesta por Marco Rubio, el senador por Florida al que las encuestas republicanas posicionan como tercero, a pesar de haber sido considerado como el “príncipe del Tea Party” y bendecido por la familia Bush.
El único que parece tener posibilidades de plantarle cara a Donald Trump es Ted Cruz, un senador texano evangélico que poco a poco va radicalizando su mensaje para intentar capitalizar el voto inconformista con las élites que han catapultado a Trump. Ambos cuentan con la negativa del aparato partidista, pero Cruz se lo ha ganado a pulso, en los ocho años que lleva como senador, sus compañeros únicamente recuerdan de él su desobediencia a las directrices del Partido. Su esperanza radica en los más de 40 millones de evangélicos repartidos por todo el país, a los que Trump se acerca a pasos agigantados.
El resto de candidatos únicamente puede fragmentar aún más el voto republicano. Llamativo y digno de resaltar, es el estrepitoso fracaso de Jeb Bush, que hace seis meses partía como claro favorito y actualmente no es capaz de levantar cabeza. Fracaso directamente relacionado con la apatía de las bases hacia los candidatos de las familias custodias de los Partidos.
El verdadero peligro al que se enfrenta el hipotético candidato a la Casa Blanca por parte del Partido Republicano, es la significación antihispana que están marcando sus candidatos en estas primarias. Están ignorando que las pasadas elecciones las perdieron en gran parte por el voto hispano. Romney obtuvo en 2012 el 27 por ciento del voto hispano contra el 71 por ciento de Obama. No olvidemos que el ex presidente Bush ganó en 2004 con el 44 por ciento del voto hispano. Actualmente, el número de votantes hispanos registrados es un 40 por ciento mayor que en las elecciones de 2008, alcanzando los casi 30 millones de votantes.
La carrera política más apasionante del mundo ha comenzado, aún es temprano para predecir quién será el candidato de ambos partidos, pero estaremos atentos para seguir informándoles en la versión online de La Nación.
Miguel Ángel López Lozano es analista político. Twitter: @malopezlozano