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Pasión por las Letras: Thomas Wolfe y el arte de la edición

MA
Por Maricarmen Rizo · 4 min de lectura
pasion-por-las-letras Por Mabel Salinas. Detrás de nombres como los de Gabriel García Márquez, León Tolstoi, Charles Dickens o el autor de su preferencia hay una figura imprescindible, poco visible y que pese a ello es crucial para su desempeño como plumas de la literatura universal: el editor, aquella persona que les ayudó a esculpir sus obras de arte. “Pasión por las Letras” (Genius) pone a uno de los más importantes al centro de la ecuación. ¿Su nombre? Max Perkins -rigurosa, sofisticada y hasta lacónicamente interpretado por Colin Firth-, quien gracias a su intrínseca e intelectual relación con la palabra escrita descubrió a laureados escritores como F. Scott Fitzgerald (Guy Pearce) y Ernest Hemingway (Dominic West). Aunque este par de personajes tienen esporádicas intervenciones en la cinta de Michael Grandage, el epicentro es la relación que se desencadena entre Perkins y Thomas Wolfe (Jude Law), reconocido autor estadunidense de voz única, desenfrenada y cuya obra clamaba a gritos la asistencia de un editor. Como vemos reflejado en la pantalla, su primera novela era un extenso borrador rechazado por todas las casas editoriales neoyorquinas de finales de los años 20, al menos hasta que llega con Perkins. Este hombre de familia transforma a Wolfe de un exageradamente descriptivo novelista -la segunda novela tenía 5 mil páginas- en un contador de historias audaz y un éxito comercial, pese a estar enmarcados por el golpe de la Gran Depresión. La película ilustra todo el trabajo que conllevó imprimir los dos primeros libros de Wolfe: “El Ángel que nos Mira” (Look Homeward, Angel) y “Del Tiempo y el Río” (Of Time and the River). Grandage ofrece comedia a cuentagotas en este drama adaptado por John Logan (“Gladiador” y “El Aviador”) a partir de la novela Max Perkins: Editor of Genius de A. Scott Berg. La paternal y absorbente relación Perkins-Wolfe es detalladamente narrada en esta película biográfica que pese a sus clichés sobresale por el interés que genera y que será especialmente apreciada por los amantes de las bellas artes, gracias a sus personajes centrales. De hecho, William Faulkner llegó a decir que Wolfe era el mejor escritor de su generación y la influencia de éste marcó a la generación beat liderada por Jack Kerouac. Sin embargo, la exploración de su genio y origen son desatendidas. Observar la manera en que sus gigantescos párrafos de más de cuatro hojas de extensión son depurados y las frases adquieren fuerza gracias a la pericia de Perkins es envolvente y enigmático. No obstante, el debut de Grandage -ganador del Tony y quien siempre se había desempeñado como director de teatro- en el cine no es perfecto. Es traicionado por la costumbre de dirigir a actores sobre el escenario, en donde las interpretaciones deben ser enfáticas para que la energía llene el inmueble, bañe en cada butaca y alcance a todos y cada uno de los espectadores. De ahí que para representar al extravagante y burbujeante Thomas Wolfe, Jude Law recae en la sobreactuación. Sus gesticulaciones son exageradas y los diálogos se escuchan gritados. No sólo inunda, sino que se desborda de la pantalla; es un radical contraste con el desenvolvimiento de un contenido y reservado Firth, arquetipo que le hemos visto representar previamente en la trilogía de Bridget Jones o “El Discurso del Rey” (The King’s Speech), por mencionar un par de ejemplos. Estos polos opuestos fungen como eje temático y acaparan el metraje por encima de otros personajes. Nicole Kidman es Aline Bernstein, la casada amante de Wolfe que aporta un injustificado melodrama. Mientras que Laura Linney se convierte en Louise Perkins, la esposa de Maxwell. La presencia de estas dos actrices es infravalorada, se reducen a un mero relleno cuando pudieron tener una aportación mayor. Lo mismo ocurre con los personajes de Fitzgerald y Hemingway, presentados como pequeñas acotaciones que pudieron enriquecer el relato. De hecho, la información en torno a estos dos últimos es reiterativa, lo cual resta aún más solvencia a sus intervenciones. Una y otra vez se recalca la tragedia de Fitzgerald y el descubrimiento de los dos literatos por parte de Perkins. Tristemente, ese es el común denominador en el filme: los personajes se presentan superficialmente, quedan dudas al salir de la sala: ¿cuáles son sus motivaciones, por qué reaccionan como lo hacen?... Error que le resta puntos a una historia por demás interesante y que se había tardado en llegar al cine. Ahora que lo hizo, es menester conocerla pese a su falta de redondez.   RECUADRO “Pasión por las Letras” (Genius) Dirección: Michael Grandage Elenco: Colin Firth, Jude Law, Nicole Kidman   CALIFICACIÓN 3 estrellas y media   Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere. @mabsalinas @EnLaButaca