Elecciones

Panistas de todo el país dicen adiós al “abuelo político de Acción Nacional”

SE
Por Sergio Rodriguez · 6 min de lectura
Por Laura Vega. Los pasillos del salón Manuel Gómez Morin se encontraban abarrotados. Las sillas eran insuficientes, la prensa se arremolinaba para la mejor foto, la mejor entrevista. Panistas de todo tipo de grupos y pensamientos, familia y políticos estaban reunidos en el Comité Ejecutivo Nacional para el homenaje a don Luis H. Álvarez, realizado el martes 24 de mayo. Todos querían acercarse y saludar a los liderazgos panistas que llegaban a su casa y con quienes ahora dirigen el destino del Partido. Llamaban al Presidente Nacional, Ricardo Anaya, al expresidente de la República, Felipe Calderón, a su esposa Margarita Zavala, a los gobernadores, a los expresidentes nacionales. Mientras, la fotografía de don Luis lucía al frente. A dos semanas de terminar el proceso electoral de 2016, don Luis H. Álvarez había muerto. De un momento a otro, se movían agendas de giras de campaña para tomar un tiempo de luto, un tiempo de reflexión. Se hacía una pausa, porque para muchos el dolor era grande. Más allá de los títulos que te da la política como senador o candidato, era la muerte de un maestro, de un amigo, de un “abuelo político”, como lo dijera el mismo Germán Martínez, expresidente nacional del PAN. Para Francisco Barrio, el primero de los oradores, el espíritu de don Luis permanecerá mucho más tiempo del que cualquiera pueda llegar a atestiguar, “porque supo ser siempre durante casi un siglo un hombre de bien y un hombre de su tiempo. “El espíritu de don Luis permanecerá por la congruencia que en él fue una marca distintiva, y porque hace ni más ni menos que 60 años se lanzó a luchar por la democratización de México”, decía con voz pausada. Y proponía a la Dirigencia poner en marcha en todo el país paneles, talleres y mesas de discusión durante 12 meses para repasar la forma en que Luis Álvarez y muchos otros panistas vivieron los principios de Acción Nacional, a fin de reflexionar sobre las mejores formas para darle vigencia a la doctrina e historia del Partido. En su turno, Felipe Calderón, expresidente de México y del PAN, hablaba de los cuatro Luises, en donde planteaba que su mejor lección fue la generosidad y la misión del PAN por encontrar a las y los mejores hombres, práctica que debe recobrar si quiere seguir siendo partido de los ciudadanos. Exponía que el segundo Luis que conoció fue el de los ochenta, en donde lo vio de lejos en una convención del PAN justo cuando su padre renunciaba a su militancia. Destacaba que en aquel momento no había espacio en los medios para la oposición, y fue cuando Luis Álvarez se declara en huelga de hambre por las condiciones inequitativas para la contienda a gobernador en Chihuahua y muchas más a nivel nacional. El tercer Luis fue el primero que se decide a hacer política con principios, arriesgándose a la ignominia, a la estulticia, a la crítica, a la mentira, a la calumnia, con la que muchos lo criticaron entonces. Don Luis hace política con principios, apuntó. “El tercer don Luis es el de la transición, que dialoga, negocia, pero también lucha y abre este Partido a las voces que vienen de fuera. Don Luis acompaña, abre y lleva a Maquío como el gran líder de México, del PAN en 1988”. El cuarto don Luis, narraba Calderón, es el luchador incansable por la injusticia, el de corazón indígena y el que entró donde nunca pudo hacerlo el Ejército y los negociadores del Gobierno, desarmado y descalzo para llevar un pan y sustento a los indígenas. “Siempre apostó por una política democrática que buscara el bien común ante las apuestas particulares”. Al final, Calderón Hinojosa pediría que se aprendan las lecciones de los cuatro Luises, las que dejó como panista y mexicano, así como analizar los puntos pendientes y reconocer el contraste que tienen con el legado que ha dejado. Javier Corral, quien hiciera una pausa en su campaña para acudir al CEN al homenaje de uno de sus maestros, señalaba que ahora se libra una nueva batalla cívica por el rescate de Chihuahua, la tierra que don Luis tanto amó y le hubiera gustado verla nuevamente liberada. Por ello, el homenaje debe ser más que evocación a su trayectoria, un acto de reconocimiento a su legado y la expresión más honda de gratitud al hombre que entregó a México y al Partido todo su ser, sin reticencias ni vacilaciones. “Luis Álvarez tuvo el tesón para permanecer intacto en sus convicciones, supo como pocos, reconocer en las otras voces discrepantes, auténticas, cuando les asistió la razón y tendió incluso lazos de amistad y entendimiento con personajes de la izquierda, como fue su larga amistad con Heberto Castillo, quien lo convence yendo al quiosco del parque Lerdo en Chihuahua de abandonar el ayuno que había iniciado”. Lo suyo, narraba Corral, fue la autoridad moral, porque supo armonizar el ideal con el objetivo y su mayor virtud la prudencia sin dejar de ser firme. Finalmente, el Presidente Nacional del PAN, Ricardo Anaya, cerraba los discursos, recordando aquella frase de Castillo Peraza que decía, que “a don Manuel, don Luis le causaba fascinación”. “Nos causa fascinación el recuerdo de su matrimonio ejemplar y leal con doña Blanquita. Nos causa fascinación el recuerdo de las caravanas, ya referidas, desde Chihuahua en su lucha valiente y vigorosa por democratizar a México. Nos causa fascinación el recuerdo de su campaña presidencial con aquella anécdota que también se ha referido, que Germán Martínez nos recordó hace algunos días, el encarcelamiento de don Luis en Jalpa, Zacatecas, porque como ha dicho Germán, había cometido el gravísimo delito de ser el candidato presidencial del Partido Acción Nacional”. Más adelante, hacía alusión a uno de los episodios más memorables de su vida: la huelga de hambre en el Parque Lerdo durante 41 días, en donde estuvo dispuesto a dar la vida por defender la democracia en la que creía, por defender el triunfo democrático y legítimo de su joven compañero de Partido, Pancho Barrio, que apenas unas semanas antes lo había derrotado en un proceso interno. Posteriormente, Ricardo Anaya relataría que en la histórica sesión de Consejo de 1987, en donde fuera electo Presidente Nacional, don Guillermo Prieto Luján, como lo suscribe la revista La Nación, diría: “Es una línea su vida sin torceduras, sin desviaciones, es una sola conducta, honesta, generosa y entregada. Es una sola actitud, abierta, franca, leal. Por ello, el mejor homenaje que se le puede hacer a don Luis es seguir luchando con su ejemplo por limpiar a nuestro país, pero empezando por la casa, por la tierra de don Luis, por Chihuahua. Sueño que tras su muerte se vería materializado el pasado 5 de junio, al ganar la gubernatura de Chihuahua con Javier Corral, y empezar un nuevo camino con los ideales y principios de don Luis H. Álvarez.