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Padres de familia, estratégicos en el nuevo modelo educativo

MA
Por Maricarmen Rizo · 4 min de lectura
Por Santiago Díaz-Dopazo. La docente e investigadora de la escuela de Pedagogía de la Universidad Panamericana, Claudia Ortega Barba, platicó con La Nación sobre el nuevo modelo educativo impulsado por la administración federal actual. Desde una perspectiva académica, la también doctora en Pedagogía por parte de la UNAM, externó sus impresiones sobre esta nueva perspectiva dentro de la educación en México. Sostuvo que la implementación de cualquier modelo educativo se da a través de dos dimensiones. En este caso, dijo, es una dimensión conceptual relacionada con la práctica pedagógica, y una dimensión política, que hace referencia a los actores que participaron en su desarrollo y que deberán hacerlo en su implementación. “La gran problemática es la estructura por la cual se desenvolverá el proyecto educativo, ya que deberá recorrer un camino desde la cabeza política hasta los actores que realizan el proceso ya en la práctica, como lo estudiantes, los maestros o los directivos. Son varios filtros los que se deben de sobreponer para que se logren con éxito los objetivos”. Otro dilema con la implementación de la iniciativa es que el modelo anterior era de tipo vertical, “ya que le daba más importancia a la parte administrativa”. Con el nuevo, la jerarquía recaerá ahora en la responsabilidad de la parte pedagógica, en los profesores. Lo que se tendrá que ver es la disposición y el acierto de los docentes a la hora de efectuar el nuevo sistema. Para la investigadora, la evaluación de los docentes se ha juzgado desde una perspectiva errónea. “La evaluación se debe entender como una corrección de trayectoria, no como un espacio punitivo”. No se trata de castigar, continuó, sino de que el educador pueda mejorar en sus procesos docentes. Para que un profesor se pueda optimizar dentro de su actividad laboral, debe conocer exactamente cuáles son esas áreas de mejoría; esa es la razón de las evaluaciones. Desde una perspectiva pedagógica, Ortega Barba apuntó que la iniciativa es pertinente y muy ambiciosa. Lamentablemente, consideró que su éxito depende de una realidad compleja dentro de la educación mexicana. “Esta complejidad se ve reflejada, por ejemplo, en la distribución de las escuelas. No es lo mismo una escuela en Sonora que en Yucatán. Las culturas son distintas”. A pesar de lo anterior, estimó que el nuevo modelo tiene una solución, ya que su elemento definitorio es poner a las escuelas en el centro. “La escuela ya no se ve como un espacio abstracto, sino situada dentro de un espacio específico, dentro de cada zona de la Republica”. De acuerdo con la docente, esta nueva política permite a las instituciones educativas, publicas y privadas, contar con autonomía de gestión. Esto facilitará la resolución de problemas específicos de acuerdo a los contextos de cada escuela en el país. “Esta nueva autogestión se dará en rubros de administración y pedagogía, además de crear un espacio para que los colegios puedan decidir parte del contenido que se imparte en sus aulas, pero sin descuidar el currículum general de materias”. En lo referente a la libertad de contenidos en las escuelas, la doctora Ortega puntualizó una serie de consideraciones. Explicó que todos los temas deben integrarse al artículo 3 de la Constitución, en donde se asume la misión educativa del país. Otra consideración es que los contenidos se deben atener a los destinatarios, ya que no es lo mismo “enseñarle a un niño, un adolecente o un adulto”. Por último, los contenidos también deben contemplar los desarrollos científicos, culturales, artísticos y tecnológicos. “La nueva configuración temática en las escuelas debe tomar en cuenta que lo importante ya no es la información, sino el desarrollo de habilidades, lo que se debe hacer es aprender a aprender. Para enseñar esta nueva perspectiva educativa se debe instruir en habilidades del pensamiento como análisis, síntesis, pensamiento crítico e identificación de información importante, entre otras”. Otro importante aspecto del nuevo modelo, puntualizó la investigadora, es el trato que se les da a los alumnos. “El nuevo modelo quiere hacer evidente que el ser humano es una persona íntegra, que no sólo es razón o inteligencia, sino que también tiene que ver con la parte de los sentimientos”. Es una apuesta, agregó, que busca poner en práctica los nuevos descubrimientos de las ciencias pedagógicas, en donde se demuestra que la gente aprende de mejor manera cuando se siente bien. “Al cuidarse la parte socioemocional se puede crear un escenario adecuado para la apertura del aprendizaje. Un ejemplo de esto es la motivación, que tiene que estar relacionado con el interés de los alumnos por los contenidos que se les enseña. Para lograr un sano ambiente socioemocional se debe de utilizar tácticas que se empleen desde preescolar y también lograr que los padres de familia se unan a la estrategia, dándole animo a sus hijos”, concluyó.