Opinión

Opción moral

SE
Por Sergio Rodriguez
Por Marco Antonio Adame Castillo. Desde la perspectiva del humanismo político, congruentemente expuesto por don Efraín González Luna y hoy más vigente que nunca, “hay una mecánica de la opción y una moral de la opción. Mecánicamente, el hombre opta o decide simplemente dando libertad de movimiento a sus inclinaciones y a sus instintos, a sus pasiones, y hay una moral de la opción que consiste en escoger el camino obligatorio aun cuando sea cuesta arriba, aun cuando contradiga las inclinaciones personales, aun cuando para escogerlo haya que sacrificar tendencias naturales y haya que ahogar gritos irrefrenables del propio deseo”. En las actuales circunstancias, cuando la corrupción se ha extendido prácticamente a todos los espacios de la vida pública, sin distingo de colores ni de ámbitos públicos o privados, con altos costos para la sociedad y graves efectos en la vida cotidiana y en la moral pública, no hay más alternativa que una respuesta definitiva y contundente: una opción moral en política práctica que blinde al país de los corruptos y que ayude a recuperar la confianza y solidez en las instituciones y en la actividad social y política. Así se presenta hoy la disyuntiva para el Partido Acción Nacional ante las resistencias a crear las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción, sobre todo porque los defensores de la “razón de Estado”, aferrados a sus inclinaciones, instintos y pasiones siguen pensando que no es el momento; temerosos, con insistencia una y otra vez, presentan excusas ante el Congreso y la ciudadanía en nombre de la racionalidad, el cálculo político y en afán de defender sus oscuros intereses. Para el PAN no hay otra alternativa que la moral de la opción: la creación del Sistema Anticorrupción con todas las características que se requieren para que sea un instrumento eficaz del Estado, una institución autónoma en favor de la legalidad y la transparencia que se constituye como una exigencia inaplazable y vital ante la degradación de la vida pública, de las instituciones y de la democracia. Es ese el camino obligatorio al que se refiere González Luna, aun cuando sea cuesta arriba y aun cuando incomode o contradiga al poder. Por esta razón es de la mayor importancia respaldar el frente contra la corrupción que suscribió el PAN con el PRD y la coincidencia con diversas organizaciones de la sociedad civil como el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), Transparencia Mexicana, la Red por la Rendición de Cuentas y el Consejo Coordinador Empresarial, con el único propósito de lograr la aprobación en tiempo y forma de la legislación secundaria del nuevo Sistema Anticorrupción. El frente contra la corrupción ha dejado claro que no es aceptable una legislación a modo, como se refleja en el pliego de propuestas presentado por el PRI y el PVEM, ya que como lo señaló nuestro presidente, Ricardo Anaya, incluye medidas que buscan “achicar” la propuesta y extender el manto de opacidad e impunidad. A contra parte, el frente anticorrupción defenderá exigencias irrenunciables como la autonomía del fiscal anticorrupción que, de otra manera, haría ineficaz e irrelevante su figura si, como parece, se insiste en su dependencia o mediatización por parte del Poder Ejecutivo a través de cualquier figura, así sea la nueva Fiscalía General de la Nación aún no concretada. No debe quedar duda que Acción Nacional seguirá pugnando en todos los frentes por reformas de fondo que combatan frontalmente la corrupción, asumiendo que la opción moral es una decisión de política pública de la que depende el futuro del país y nuestra democracia. Así entendemos nuestro compromiso con el bien común.
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Sergio Rodriguez

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.