Nuevos rumbos
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Marco Antonio Adame Castillo.
Las pasadas elecciones presidenciales en Argentina representan un punto de inflexión en la historia de ese país sudamericano y en la geografía política del Continente Americano. El triunfo en segunda vuelta de Mauricio Macri, abanderado de la coalición Cambiemos, fundada para las elecciones de 2015 a partir de una alianza entre Propuesta Republicana PRO de Macri, Coalición Cívica ARI de Elisa Carrió y Unión Cívica Radical de Ernesto Sáenz, es un hecho inédito e impensable hasta hace poco ante a la influencia histórica del peronismo representado por Cristina Fernández de Kirchner y su candidato Daniel Scioli del Frente para la Victoria.
Importantes y atendibles deben ser las lecciones de la elección en Argentina para un país como México en la antesala de la sucesión presidencial, en especial, ante el clima de tensión social por la crisis económica, la falta de crecimiento, la inseguridad y la violencia, y por el crecimiento de la desconfianza en la política, los políticos y las instituciones por la corrupción y la impunidad que predomina en nuestro sistema político.
En Argentina ha quedado claro que el agotamiento social y político, en otro tiempo peligrosamente proclive al autoritarismo y al populismo, ha sido el detonador de un cambio democrático, de nuevos rumbos para la política latinoamericana a partir de asumir con determinación nuevas formas de organización político electoral, nuevos perfiles para los candidatos y propuestas de política pública serias y sensatas, a la medida de la profunda crisis generada durante los últimos años por el kirchnerismo.
Dada la pulverización de las fuerzas políticas tradicionales y la insignificancia de algunas de las nuevas opciones, fue claro para todos los actores argentinos que ningún partido podía imponerse por sí solo, de ahí que las alianzas políticas fueron asumidas con toda responsabilidad. En el caso de México, el Partido Acción Nacional ha autorizado a su dirigencia explorar y concretar alianzas electorales para las elecciones de 2016, aclarando que no se trata sólo de ganar elecciones sino de generar gobiernos que beneficien al país.
En Argentina la segunda vuelta fue la solución pacífica y democrática a la erosión de la representatividad. En México, el PAN ha expresado su disposición para discutir reformas a la ley electoral para impulsar la segunda vuelta electoral, las candidaturas comunes y para mejorar el sistema de comunicación política. Estos cambios son indispensables para garantizar la equidad y la transparencia, para mejorar la competencia electoral y para elevar el nivel de representación de quienes resulten electos, en una palabra, para consolidar nuestro sistema electoral y democrático. Sin embargo, el PRI ha asumido una posición conservadora y reacia a nuestras propuestas, argumentando tecnicismos que exhiben su temor a perder sus cotos de poder y que dejan al descubierto su vena antidemocrática.
Por otro lado, es imposible concebir el triunfo en Argentina y en cualquier democracia moderna si no se cuenta con buenos candidatos, con perfiles ganadores a partir de su capacidad para ganar la confianza de los ciudadanos con base en una trayectoria limpia y cercana a los electores. Macri lo fue como líder social, como empresario deportivo, como alcalde y como candidato alejado de los estereotipos de políticos tradicionales.
En las próximas elecciones, los ciudadanos tendrán la mirada puesta en los candidatos más que en los partidos, valorarán a éstos y sus alianzas sólo en la medida en que sean, como se lo ha propuesto Acción Nacional, instrumentos de la ciudadanía para generar buenos gobiernos y para recorrer nuevos rumbos hacia la consolidación democrática.
Marco Antonio Adame Castillo es Coordinador de la Comisión de Relaciones Internacionales e integrante de la Comisión Nacional Permanente del PAN. Twitter: @MarcoAdame