No es normal

Marzo 2026

Michel González Márquez

La Nación

Hay cosas que una sociedad termina aceptando por costumbre, por repetición o por resignación. Se vuelven parte del paisaje cotidiano, como si siempre hubieran sido así y no hubiera forma de cambiarlas. Pero hay realidades que, por más frecuentes que sean, no deben volverse normales.

No es normal, por ejemplo, que una mujer y un hombre con la misma preparación, en el mismo puesto y con las mismas responsabilidades, reciban un salario distinto. Sin embargo, en México la brecha salarial persiste (las mujeres siguen ganando menos que los hombres por trabajos equivalentes y con la misma preparación). No es una diferencia menor ni anecdótica, es una señal de que todavía hay estructuras que remuneran de manera desigual el mismo esfuerzo.

Tampoco es normal que millones de mujeres enfrenten obstáculos invisibles para avanzar en la política, en la economía o en el servicio público. Durante décadas el talento de muchas mexicanas se quedó fuera de la mesa donde se toman las decisiones. Son desigualdades que persisten y que debemos seguir corrigiendo con instituciones más justas y con una cultura que reconozca plenamente el valor del talento femenino.

Pero hay una realidad todavía más dolorosa, todavía más grave. No es normal que ser mujer represente un riesgo para la vida. Y, sin embargo, en México alrededor de 10 mujeres son asesinadas cada día. Diez historias interrumpidas. Diez familias marcadas para siempre, diez ausencias que no deberían ser. La violencia contra las mujeres no es un dato estadístico más: es una herida abierta en nuestra sociedad.

No es normal que millones de mujeres vivan con miedo al regresar a casa, al usar el transporte público o al caminar solas por la calle. No es normal que tantas niñas crezcan escuchando advertencias que ningún niño escucha: “no regreses tarde”, “no camines sola”, “ten cuidado”.

Por eso el 8 de marzo no es solamente una fecha conmemorativa. Es un recordatorio incómodo (para algunos), pero necesario, de todo lo que todavía falta por corregir.

Desde el humanismo político que inspira a Acción Nacional, la dignidad de la persona es el punto de partida. Creemos en una sociedad donde las oportunidades no dependan del género y donde el talento de las mujeres encuentre siempre un espacio para desarrollarse.

Pero reconocer ese principio también implica una responsabilidad: no acostumbrarnos a lo inaceptable. Porque cuando la injusticia se vuelve costumbre, la sociedad empieza a dejar de verla. Y cuando dejamos de verla, dejamos de combatirla.

La patria necesita más mujeres participando, decidiendo, liderando. Necesita instituciones que protejan su seguridad, mercados laborales que reconozcan su talento y una cultura que entienda, de una vez por todas, que la igualdad no es una concesión: es un derecho.

En este 8 de marzo conviene repetirlo con claridad, hasta que deje de ser necesario decirlo:

La desigualdad no es normal.

La violencia no es normal.

La discriminación no es normal.

Y justamente por eso, no debemos acostumbrarnos jamás a ellas.

Michel González Márquez es Secretaria General del PAN y Senadora de la República.

La nación