El poder prefiere mujeres calladas

Enero 2026

Dabne Naian González Gómez

La Nación

La política no está hecha para la comodidad y mucho menos para el silencio. Quienes somos jóvenes y mujeres en espacios de decisión sabemos que incomodar forma parte del trabajo cuando se gobierna con convicciones claras.

Ser mujer, joven y panista en un espacio de gobierno no es un discurso atractivo: es una realidad exigente. Implica prepararse más, demostrar el doble y sostener posturas incluso cuando generan resistencia. Y hacerlo desde el cabildo de Monterrey, una de las ciudades más importantes del país, exige carácter, identidad y responsabilidad institucional.

Tengo 23 años y hoy soy la regidora más joven del municipio de Monterrey. También soy secretaria de la Mujer en el Comité Municipal del PAN y coordino la Comisión de Prevención y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres. No llegué por cuota, ni por moda, ni por improvisación. Llegué con trabajo previo, preparación y la convicción de que la política no puede seguir siendo un espacio cerrado ni complaciente.

Desde la Secretaría de la Mujer he trabajado con mujeres de distintas edades, realidades y contextos. Mujeres jóvenes, madres, trabajadoras, cuidadoras, adultas mayores. Mujeres que enfrentan violencia, desigualdad, abandono institucional o falta de oportunidades. Escuchar sus historias y acompañarlas cambia la forma de entender la política pública: deja claro que gobernar no es administrar discursos, sino responder a realidades concretas.

Por eso, cuando hablamos de políticas públicas para las mujeres, no acepto simulaciones. No acepto discursos vacíos ni cifras maquilladas. La violencia contra las mujeres no se combate con propaganda ni con slogans: se enfrenta con instituciones sólidas, presupuesto suficiente, seguimiento real y voluntad política.

Gobernar en alianza no significa renunciar a la identidad ni guardar silencio ante lo que no funciona. Como panista, creo en el debate, en el contrapeso y en la responsabilidad institucional. Señalar errores no es deslealtad, es una obligación democrática. En un país donde Morena ha normalizado la polarización, la centralización del poder y la descalificación sistemática de quienes piensan distinto, levantar la voz desde lo local es más necesario que nunca.

No podemos normalizar gobiernos que hablan de justicia social mientras debilitan instituciones, minimizan la violencia contra las mujeres o convierten la política pública en propaganda. La política no se trata de lealtades ciegas, se trata de resultados. Y cuando los resultados no llegan, alguien tiene que decirlo, aunque incomode.

Ser joven en el cabildo significa traer nuevas preguntas a problemas viejos. Significa no conformarse con el “siempre se ha hecho así”, exigir datos, procesos claros y decisiones que realmente mejoren la vida de la gente. La juventud no es ingenuidad; es energía, preparación y una mirada crítica que el poder necesita.

Ser mujer en política también implica no suavizar el discurso para ser aceptada. Implica nombrar desigualdades, señalar omisiones y exigir que los temas de las mujeres estén en el centro de la agenda pública, no como concesión, sino como prioridad.

Gobernar con identidad es entender que la lealtad más importante es con la ciudadanía, no con el aplauso fácil. Que se puede dialogar sin ceder convicciones. Y que incomodar, a veces, es parte del trabajo.

Soy joven, soy mujer y no tengo miedo de incomodar

Porque el futuro de la política no se construye con silencio, se construye con carácter, preparación y decisiones firmes desde hoy.

Dabne Naian González Gómez es Regidora del ayuntamiento de Monterrey.