Datos, datos y más datos
#LaNación4cero
Noviembre 2024
Gerardo de la Cruz Alegría

¿Te ha pasado que hablas con tus amigos sobre algún tema (tenis, por ejemplo) y, minutos después, ves publicidad de tenis en redes o navegadores? No es magia, sino el resultado del análisis de los datos que generas con tus aplicaciones. Tus costumbres digitales, como preferencias de búsqueda, ubicaciones, patrones de actividad y hasta interacciones en redes, son datos rastreados y procesados. Combinados con algoritmos de aprendizaje automático permiten predecir tus intereses. Aunque parezca que tu celular “escucha” (algo posible), lo más común es que sea una predicción acertada.
Gran parte de la tecnología actual se basa en el almacenamiento, manipulación y análisis de grandes cantidades de datos (Big Data). Cada aplicación o dispositivo digital refleja el uso práctico del manejo de información. Lo que vemos como imágenes, música o realidad aumentada son datos que un ordenador procesa para mostrarte la información que necesitas en el momento.
Podemos imaginar la evolución del almacenamiento de datos como la del transporte. Primero, las carretas tiradas por caballos: lentas, pesadas y de poca capacidad, como las tarjetas perforadas, que sólo almacenaban unos pocos bits. Después, la locomotora de vapor, más rápida y con mayor capacidad, similar a las memorias de núcleo magnético que ya permitían almacenar kilobytes (1,024 bytes por cada kilobyte). Luego llegaron los automóviles, aún más veloces, como los discos duros, que podían almacenar megabytes (1,024 kilobytes) y gigabytes (1,024 megabytes). Más adelante, los aviones revolucionaron el transporte, cubriendo grandes distancias con más pasajeros, igual que los discos de estado sólido (SSD), que alcanzan capacidades de terabytes (1,024 gigabytes). Hoy en día, los cohetes espaciales simbolizan la capacidad y velocidad de los centros de datos actuales, capaces de almacenar petabytes (1,024 terabytes) e incluso, en los mayores centros de empresas como Google o Amazon, exabytes (1,024 petabytes).
En 2017, The Economist afirmó que “el recurso más valioso del mundo ya no es el petróleo, sino los datos”. Esto nos hace pensar en el Big Data como un recurso esencial en la cuarta revolución industrial. Al igual que el petróleo, que generó riqueza y progreso, los datos también tienen dos caras: impulsan mejoras en medicina, seguridad, comercio y transporte, pero su recolección masiva puede comprometer nuestra privacidad. Esto se debe a que permite conocer nuestros hábitos, las ubicaciones que frecuentamos y otros aspectos de nuestras vidas. La dependencia de redes sociales y la exposición constante a plataformas digitales pueden representar riesgos para la seguridad y autonomía de los usuarios.
El Big Data en el gobierno y la política también tiene un gran potencial. Estas herramientas permiten tomar decisiones informadas, realizar encuestas, censos y mejorar los servicios públicos, como en infraestructura, tráfico y salud, incluso, ayudando a prevenir crisis sociales o pandemias. Asimismo, pueden mejorar la transparencia y rendición de cuentas, permitiendo que los ciudadanos accedan a datos abiertos como el presupuesto público y la ejecución de proyectos, lo cual fortalece la confianza en las instituciones.
Sin embargo, el uso de datos en el sector público también tiene sus riesgos: puede derivar en vigilancia masiva sin control adecuado ni consentimiento explícito de los ciudadanos. Además, la opacidad en los algoritmos para tomar decisiones políticas dificulta la auditoría y genera desconfianza en el sistema. Estos retos subrayan la importancia de una regulación y legislación sólidas para el manejo adecuado de los datos, protegiendo la privacidad y garantizando el consentimiento informado.
En México, organismos como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) garantizan el derecho de acceso a la información pública y protegen los datos personales de los ciudadanos, mientras que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) genera y difunde información estadística y geográfica del país a través de censos, encuestas y estudios. Estas instituciones, que manejan y resguardan una gran cantidad de datos, son clave para la democracia y la transparencia en México. También se cuenta con la Plataforma Nacional de Transparencia, en donde los ciudadanos pueden acceder a datos gubernamentales abiertos.
En materia de regulación se cuenta con la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares y en Posesión de Sujetos Obligados, que regulan la obtención y el manejo adecuado de datos personales. Aunque se necesita mayor rigurosidad en su implementación y un arco regulador que aborde los avances en big data y el uso de tecnologías avanzadas, como los algoritmos de inteligencia artificial y el blockchain.
No obstante, el país enfrenta un desafío significativo en materia democrática, ya que tanto López Obrador como Claudia Sheinbaum han planteado eliminar algunas instituciones autónomas, entre ellas el INAI. Esta medida implicaría un retroceso considerable para la rendición de cuentas y el acceso a la información pública, afectando la transparencia y los mecanismos de control ciudadano sobre el poder público.
