Noticias

Nadie avanza solo (Solidaridad)

GE
Por Gerardo de la Cruz Alegría · 5 min de lectura

Imagina una empresa de 20 personas. Compra un sistema de inteligencia artificial y, unos meses después, el trabajo que antes hacían veinte puede hacerse entre 15. La empresa produce lo mismo en menos tiempo, responde más rápido y reduce costos. Para cinco personas, sin embargo, la historia es distinta. La empresa mejoró. Cinco personas no. Ahí empieza el problema.

¿Qué tiene que ver la solidaridad?

Solemos entender la solidaridad como ayudar a alguien que tiene un problema: apoyar después de un desastre, hacer una colecta o tender la mano a quien lo necesita. Pero el principio va más allá. Parte de reconocer que ninguna persona vive ni se desarrolla completamente sola. Necesitamos de otros y nuestras decisiones también afectan a otros.

Eso importa frente a la inteligencia artificial porque una misma tecnología puede generar beneficios para unos y costos para otros. Una empresa puede volverse más productiva, un cliente recibir un mejor servicio y un trabajador perder la función que desempeñó durante años. Las tres cosas pueden suceder al mismo tiempo.

El problema no es automatizar. Es hacer como si el costo de automatizar desapareciera junto con el puesto. Alguien obtiene el beneficio y, muchas veces, alguien más carga con una parte del costo.

La productividad no se reparte sola

Si una herramienta permite hacer en una hora lo que antes tomaba cuatro, existe una ganancia real. Sería absurdo negarla. El problema es asumir que una mayor productividad mejora automáticamente las condiciones de todos. No siempre ocurre.

La inteligencia artificial puede quitar tareas repetitivas y permitir que una persona haga trabajo de mayor valor. También puede provocar que una organización necesite menos personas para producir lo mismo. El resultado depende de cómo se utilice y, sobre todo, de qué se haga con los beneficios que genera.

El diseñador que antes hacía cuatro propuestas en una tarde ahora puede hacer 20. Eso puede significar que tenga más tiempo para pensar y hacer mejor su trabajo. También puede significar que ya no hagan falta cuatro diseñadores. La herramienta es la misma. La decisión sobre qué hacer con esa productividad no.

Una organización puede automatizar y capacitar a su gente. Puede usar el tiempo ahorrado para mejorar el servicio, reducir cargas o crear nuevas funciones. También puede simplemente recortar costos y dejar que los demás se adapten como puedan. La tecnología no toma esa decisión. Nosotros sí.

No todos llegan igual

Hay otro problema menos evidente. Dos personas pueden tener hoy exactamente el mismo trabajo. Una comienza a utilizar inteligencia artificial todos los días y aprende a investigar, analizar y automatizar tareas. La otra no tiene acceso, capacitación o simplemente trabaja en una organización que todavía no utiliza estas herramientas. Después de un año probablemente ya no tengan las mismas capacidades.

Lo mismo pasa entre empresas y escuelas. No está en la misma posición quien tiene una computadora nueva, paga las mejores herramientas y recibe capacitación que quien apenas tiene acceso a internet y aprende viendo videos por su cuenta. La IA no crea todas esas diferencias, pero puede hacerlas más grandes.

Ser solidario no significa impedir que avance quien puede hacerlo. Significa procurar que ese avance no cierre la puerta a los demás. Por eso, enseñar a utilizar estas herramientas no debería verse solamente como una manera de aumentar la productividad. También es una responsabilidad hacia quienes tendrán que trabajar y vivir en un entorno que estamos transformando.

Tres preguntas

Antes de automatizar algo hay una pregunta bastante simple: ¿quién se queda con la ganancia y quién con el problema? Si ahora hacemos lo mismo con cinco personas menos, alguien ganó productividad y alguien perdió su ingreso. No son dos conversaciones distintas.

Después viene otra: ¿les dimos a las personas oportunidad de adaptarse? Si una organización cambia la manera de trabajar, no puede sorprenderse después porque algunos no sepan hacerlo de la nueva forma. Cambiaste las reglas del juego.

Y hay algo que solemos olvidar. Muchas veces las personas que hoy pueden ser sustituidas son las mismas que durante años construyeron los procesos, documentos y conocimientos que hicieron posible automatizar su trabajo. Eso debería importar.

Nadie avanza solo

La inteligencia artificial puede hacer que una persona o una empresa produzca muchísimo más. Y justo por eso puede hacernos olvidar algo bastante obvio: nadie llegó hasta ahí solo.

Detrás de cualquier empresa hay trabajadores, clientes, escuelas que formaron personas, infraestructura, conocimiento acumulado y una sociedad que permite que todo funcione.

Volvamos a la empresa de 20 personas. Tal vez después de implementar inteligencia artificial realmente solo hagan falta 15. La solidaridad no obliga a fingir que siguen haciendo falta 20. Obliga a recordar que las otras cinco no son un costo que desapareció de una hoja de Excel. Siguen siendo personas. Y también formaron parte de aquello que permitió avanzar a los demás.

* Tercera entrega de cuatro.