Opinión

Maquío Clouthier sigue vigente

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Por Maricarmen Rizo
Por José Espina von Roehrich. Este lunes 1 de octubre conmemoramos un aniversario más, 29 ya, de la partida a la Casa del Padre de Manuel J. Clouthier, nuestro querido Maquío, quien a decir de propios y extraños es uno de los principales impulsores de la democracia en nuestra historia reciente. Recordar y homenajear a Maquío, así como a todos aquellos que se empeñaron en trabajar por implantar la democracia en México, no es ocioso y sí en cambio un acto justo, cívicamente conveniente y socialmente necesario, para que su sueño democrático siga vigente y en permanente construcción. Don Agustín Basave Fernández del Valle, uno de los más ilustres filósofos mexicanos del siglo XX, decía: “el hombre resulta ser el modelador de su propia escultura. Mientras tenemos el don de la vida modelamos al arbitrio de la libertad y de la voluntad, día tras día, nuestra propia imagen con el suave material de la prueba, que es barro conformable por nuestro libre albedrío en las diversas circunstancias que cada quien nos ha tocado experimentar. Sólo cuando tenemos la oportunidad de vivir, podemos, a la luz de la razón y de la fe, corregir imperfecciones o deformidades. Empero, al llegar el instante de la muerte, en el momento en que trascendemos la frontera del tiempo y del espacio, nuestra escultura se convierte en bronce, sin que nada ni nadie pueda ya modificar nuestro rostro, nuestra alma”. Y en efecto, Manuel Clouthier nos dejó la imagen de bronce de su alma, bellamente esculpida porque a tiempo supo aquilatar la inapreciable responsabilidad del existir, para dar lo mejor de sí mismo en favor de una noble causa. Cayó en la cuenta de que algo más podía y debía hacer en lugar de enterrar cómodamente sus talentos. Y así, se dejó llevar por el espíritu y se arrojó a pelear en contra de la corrupción, del presidencialismo, del unipartidismo, del paternalismo estatal y del fraude electoral, en pos del ideal de convertir a México en un país democrático y libre. Hoy, quiero recuperar algunos conceptos que presentó en su discurso de cierre de campaña presidencial, hace justamente 30 años y que resultan muy oportunos, justo ahora que estamos a la puerta de una nueva alternancia en el Gobierno federal. El 2 de julio de 1988 en el Zócalo capitalino, Maquío señaló: “Reitero: la alternativa de fondo que los mexicanos confrontamos en estos días, y para el tiempo por venir, es clara: democracia o autoritarismo. “El sistema autoritario cree tener derecho para utilizar el poder de manera paternalista, como quien mágicamente concede favores que se piden, y no como quien reconoce derechos que se demandan. Así estructura el poder: de arriba abajo. El autoritarismo tiene sed de ser aceptado como benévolo y benefactor. Por eso hace propaganda desaforada de sí mismo. “La autoridad democrática se somete al juicio del pueblo y a los controles de otros partidos y de las instituciones legales. El autoritarismo en cambio, siente miedo ante la instauración de controles eficaces. El gobernante autoritario no siente obligación de rendir cuentas y concibe el poder como herencia, patrimonio o botín, a ser utilizado con amplia discrecionalidad. “Que quede claro, mis amigos, el poder así entendido, esté en manos de quien esté, deriva por necesidad en arbitrariedad. Se corrompe a niveles de agravio nacional, a pesar de todas las renovaciones morales del mundo. “Entiéndase bien, la arbitrariedad y la corrupción no se van a corregir si el poder, desde el Presidente de la República, quien quiera que éste sea, hasta el último policía de crucero, no actúan bajo controles democráticos eficaces. “La mentalidad autoritaria no está capacitada para comprender la disidencia, le parece perfectamente natural calificar a quienes disienten de malos mexicanos, de antipatriotas o de extranjerizantes”, o también, diría yo, de “fifís”. “Esto… es una táctica típica del autoritarismo: la descalificación destructiva del oponente, la negación de su exigencia como interlocutor válido”. Y se preguntaba… “¿cómo puede el ciudadano tener expectativas realistas de que quien es fruto nato del sistema autoritario y actúa con las características que he descrito, tenga convicción intelectual, voluntad política y posibilidad real de llevar a cabo el cambio hacia un sistema democrático de vida, que jamás ha experimentado? Y todo esto es lo que está en el centro del dilema actual de México”. Hasta aquí la cita de estos conceptos de Clouthier que siguen muy vigentes, que deben servirnos de guía para quienes nos asumimos como demócratas, y que servirán también para dar seguimiento y evaluar sobre su verdadero talante democrático al gobierno que está por iniciar su gestión. Queda claro que, a casi tres décadas de su partida, las ideas y el ejemplo de Manuel Clouthier siguen brillando como un faro que orienta a quienes trabajamos por la consolidación de la democracia en México; su trabajo y testimonio fértiles no dejan de dar frutos. Sí, querido Maquío, el bronce de tu alma resplandece en esta patria mexicana al igual que en la patria final.   José Espina von Roehrich es Consejero Nacional del PAN. Twitter: @JoseEspinaV
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Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.