Contar la historia

Legado periodístico de Acción Nacional

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Por Sergio Rodriguez · 4 min de lectura
Por Gerardo Ceballos Guzmán. Las páginas de La Nación han albergado a lo largo de 73 años a las más diversas plumas. Los nombres de quienes han escrito en estas páginas durante casi tres cuartos de siglo han sido base en la nueva realidad de nuestro país; los hombres y las mujeres que han vertido sus opiniones y sus sentimientos en las columnas de la revista más antigua de México ahora son parte de la historia y fundamento de parte del periodismo mexicano. Por su profundo sentido periodístico, La Nación ha albergado a grandes hombres y mujeres, los nombres de quienes han escrito por sí solos nos llaman a la reflexión y al estudio; cuando Carlos Septién García fundó la revista pensó en los mejores: Gerardo Medina, Alejandro Avilés y Armando Chávez Camacho son sólo algunos de los muchos que inundaron de extraordinarias piezas las páginas de nuestro órgano informativo. A la fecha se recuerdan las crónicas taurinas de “el Quinto” y “el tío Carlos”, reconocido como uno de los más grandes cronistas de toros del siglo XX. En estas páginas han escrito poetas de la talla de José María Gurría Urgel, el poeta de Pichucalco, el romancero del sureste; Alfonso Rubio y Rubio, poeta moreliano que iniciara su carrera con algunas líneas para nuestro medio; Rosario Castellanos, una de las mujeres más importantes en la cultura mexicana del siglo XX, y Roger Cicero MacKinney, el poeta yucateco que sigue en la palestra con su extraordinaria pluma. En la historia de La Nación encontramos también a los artistas: Jesús Hernández Díaz y Tomás Montero, ellos fueron la pintura y la fotografía que le dieron a la revista una identidad gráfica y una imagen que claramente la identificó ante cualquier otro medio. Los músicos quedaron representados con hombres de la talla de Gonzalo Chapela, abogado, periodista y poeta a la vez. Los médicos como el Dr. Fernando Ocaranza, también ex rector, aportaron su sabiduría a nuestras páginas. En el ámbito de la ciencia contamos con la pluma de Pedro Zuloaga, físico-matemático y uno de los más prominentes ejemplos de la cultura mexicana del siglo XX. En el campo de la arquitectura, Enrique de la Mora y Palomar, Premio Nacional de Arquitectura y fundador de Acción Nacional, destaca por su sapiencia y por sus comentarios que enriquecieron a nuestra revista durante algunos años. Ingenieros más ligados al pensamiento político y filosófico como Juan Gutiérrez Lascuráin, Luis Mejía Guzmán y Federico Ling Altamirano dieron con su palabra una perspectiva diferente a la cultura democrática. La filosofía del derecho y de la vida misma encontró en las plumas de Rafael Preciado Hernández, Carlos Castillo y Fernando Estrada Sámano un medio para hacer de ella una manera de pensar y de actuar en nuestras páginas. Manuel Ulloa y María Ignacia Mejía, por mencionar a dos únicamente, presentan la visión del educador, la postura del pensamiento pedagógico que ha de ser una forma de comprender los problemas que el país vive desde la cátedra y en los más pequeños. En estas páginas participaron librepensadores como Aquiles Elorduy, Valentín Gamma y Clicerio Cardoso, que con su pluma incisiva y puntillosa invitaban al lector a encontrar respuestas más allá de una simple nota. Los independientes como Salvador Novo, Carlos León y Manuel Buendía llegaron en diferentes momentos de la revista, aportando unos y aprendiendo otros junto a los grandes fundadores. En ámbitos como la crónica, la reseña, el ensayo y la historia, Luis Calderón Vega es el mayor representante y tal vez el más prolífico; con más de cinco seudónimos diferentes opinó de los temas más diversos como el campo, la cultura, temas internacionales, de educación y religión durante más de 40 años. Finalmente, entre los abogados se encuentran una serie de grandes personajes en los temas más diversos, con nombres de la talla de Manuel Gómez Morin, Roberto Cossío y Cosío, Manuel Herrera y Lasso, Gustavo Molina Font, Efraín González Luna y Miguel Estrada. Cada personaje ha dejado y sigue dejando una huella indeleble, sus palabras son parte de un legado que nos invita a seguir en la lucha, ser la revista política más antigua de México no es en sí mismo un reconocimiento; nos queda levantar la mirada y luchar por que La Nación sea el referente que nunca debió dejar de ser.