Las mujeres pueden ayudar a volver contribuyentes a los ciudadanos
MA
Por Maricarmen Rizo
Por María Elena Álvarez de Vicencio.
El desprestigio de la actividad política en México no es un hecho reciente, el rechazo a lo público viene de antaño. Desde la época Colonial, en la que a los mexicanos les tocaba callar y obedecer, y después también con la lucha de Independencia, la Revolución, las incursiones extranjeras y la dictadura porfirista. Todo esto no dio oportunidad de formar ciudadanía interesada en la política de su país.
La lucha cristera dividió a los mexicanos y los enemistó con su gobierno. No creó una buena actitud ciudadana para colaborar con las autoridades y los predispuso a no pagar impuestos y a obtener beneficios de cualquier manera.
Más tarde, la formación del partido oficial que privilegió la organización de los sectores, mediatizó la acción ciudadana. Muchos ciudadanos no se sentían integrados al partido-gobierno y no encontraron, ni buscaron, espacios para la vida pública, y así la apatía y el desinterés por la política se generalizaron en el país. Esa apatía ciudadana le daba mayor libertad de acción al gobierno.
La oposición, del PAN, al principio acotada y perseguida, afirmaba que la actividad política no debía ser reducida a los “límites estrechos de los episodios efímeros de los acontecimientos electorales”. Insistía en formar la conciencia ciudadana y reivindicar para la sociedad sus derechos políticos, como medio para lograr la reforma de las estructuras sociales y políticas. Con el fin de alcanzar esta meta, las mujeres panistas trabajaban permanentemente formando grupos para difundir la doctrina y motivando a empadronarse para que en su oportunidad fueran a votar.
Actualmente, ha aumentado el interés en los procesos electorales y en la exigencia de soluciones para los problemas locales, pero sigue siendo escasa la participación en la vigilancia de las acciones del gobierno y, menos aún, en la colaboración espontánea con el pago de sus impuestos, lo que es indispensable para consolidar la democracia, la cual requiere contar no sólo con ciudadanos interesados en las elecciones, es imperativo convertir a los ciudadanos en contribuyentes. Contribuyente quiere decir “el que ayuda y concurre con otros al logro de un fin”, no quiere decir solamente el que paga o debe pagar impuestos.
Convertir a los mexicanos en contribuyentes responsables significa que se unirían todos para lograr un fin común, como que México disminuya la pobreza, la delincuencia y la corrupción. Además de pagar impuestos, los ciudadanos estarían dispuestos a contribuir, cada uno en la medida de sus posibilidades, a mejorar las políticas públicas y a supervisar el trabajo de sus gobernantes.
Convertir a los ciudadanos en contribuyentes implica que pasadas las elecciones, todos los ciudadanos, del partido que sean, contribuirán con el gobernante electo para que pueda dar solución a los problemas planteados.
La confrontación ideológica y los debates partidistas tienen su espacio y razón en las campañas y en las Cámaras, que es donde está actuante el poder ciudadano, de acuerdo a la fuerza que con el voto le otorgó la ciudadanía. No hay país que resista el que todos los ciudadanos vivan en un permanente estado de confrontación. Se requieren espacios para ser contribuyente. Esto no es imposible, los países desarrollados así lo viven, bastaría con voluntad política y conciencia ciudadana.
Tener conciencia ciudadana es ser parte de un país, conocerlo, quererlo y sentirse responsable de su desarrollo y orgulloso de pertenecer a él. Todo esto hay que aprenderlo en el seno de la familia, reforzarlo en la escuela y repetirlo frecuentemente a través de los medios de comunicación.
Si además de esta labor de concientización y formación continua se logra que los gobernantes se ganen la confianza, paguen sus impuestos y confíen en sus gobernantes, hoy que el presupuesto económico presenta tan serios recortes, sería posible volver contribuyentes a todos los ciudadanos y que a nadie se le ocurriría dar mordida.
Es en esta labor formativa donde las mujeres tienen la oportunidad de influir en su familia, en la escuela y en la sociedad, para que México cambie y logre contar con una ciudadanía responsable y comprometida con la legalidad.
María Elena Álvarez de Vicencio es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.