Cultura

La persona humana y el encuentro

SE
Por Sergio Rodriguez
Javier Brown César. La persona es un ser de apertura y diálogo, un plexo de múltiples relaciones y comunicaciones, cuya vida diaria está llena de encuentros y desencuentros, de afanes y logros. En todos nosotros persiste una inquietud fundamental que nos lleva a buscar a cada momento la forma de trascender y de trascendernos a través de los demás. La persona humana es un ser abierto al mundo social y material que le rodea: su primera e inmediata realidad es la de su radical indefensión e indigencia, cuyo origen es la urgencia de satisfacer necesidades imperiosas que demandan la presencia de otras personas. El ser humano aislado, dejado al acaso, rápidamente perece si no es por el abrazo solidario de quienes le rodean. La familia como comunidad natural La realidad de la vida humana no comienza con el ego ampuloso y aislado, sino con la humilde imploración de la ayuda de los demás. Como resultado de su estado natural lleno de carencias surge el primer ámbito para el desarrollo de la persona, que es la familia, una realidad natural y necesaria que la protege de todo aquello que le puede ser dañino y en la que encuentra la intimidad y el afecto que requiere para desarrollarse con confianza y espontaneidad. En la familia se aprende de forma imitativa a asumir diversos roles y se adquiere la preparación necesaria para la vida en sociedad, a través de un proceso que se llama socialización primaria. Gracias a la familia, la persona vive en un entorno donde al cariño, el aprecio y la estima, le brindan el ambiente propicio para su desarrollo inicial, gracias a la existencia de vínculos solidarios naturales. La familia dispone a la persona para desarrollarse plenamente en sociedad y extender los lazos de intimidad para conformar relaciones de amistad, cada vez más amplias y duraderas. En su convivencia con la familia y con la sociedad, la persona aprende a forjarse una identidad, un yo firme y estable que le permite presentarse ante los otros como lo que es. Con ello, se desarrolla una personalidad, que es la manifestación exterior de una realidad íntima y profunda, la cual depende estrechamente de la memoria, como gran tesoro que encierra las experiencias pasadas y que es el fundamento de las expectativas futuras. De la experiencia inmediata a la libertad Cada uno de nosotros nos hacemos en el encuentro con nuestros semejantes transformando nuestra realidad y nuestras relaciones. A cada momento demostramos un afán inagotable por construirnos paso a paso, definiéndonos a través de nuestras acciones. Pero el ser humano está sujeto a la atadura de sus pasiones, no puede renunciar a ellas porque son parte de su naturaleza corporal: siente y padece, exige y se da, ve el futuro con temor o esperanza, con preocupación o certidumbre; pero a la vez aspira a realizar los más altos ideales inscritos en su naturaleza: quiere conocer la verdad de las cosas y abrazar amorosamente aquello que es valioso; tiende sin cansancio a transformarse a sí mismo y a quienes le rodean. El mundo se nos presenta como realidad a través de los demás y en contacto con la experiencia cotidiana, la cual inunda los sentidos llenando a la persona de múltiples vivencias. La intelección de las sensaciones permite elaborar los datos dispersos para darles sentido, para articularlos en una síntesis superior y comprender así al mundo que nos rodea: que es a la vez un mundo de objetos con los que nos relacionamos, un mundo de otras personas con las que interactuamos y un mundo de realidades superiores que dan sentido a nuestras vidas. Gracias a la comprensión de su realidad, la persona quiere y desea, anhela y sueña, visiona y proyecta, construye escenarios y valora sus alternativas vitales. La política y el servicio Gracias a la libertad, cada ser humano obra sobre los demás formando y transformando sus vidas, crea y produce, influye de manera determinante en sus vidas y es capaz de trascender con su acción a muchas más personas. En el ámbito de la política es donde la libertad tiene su mayor expresión como oferta de bien para una comunidad determinada, a partir de las decisiones responsables y de actos comprometidos con la generación de condiciones necesarias para el pleno desarrollo material y espiritual. Cuando la persona se da cuenta de que su vida no es suya sino de los demás, que la finalidad de su vida no está en sí misma, sino en el servicio desinteresado y el amor ilimitado hacia su prójimo, se da un giro radical que dota de un nuevo sentido a la existencia y a los valores. Es aquí donde se abre la dimensión política de la existencia, que exige darse al mayor número posible de personas a través del servicio público. El deseo inconmensurable de la persona por ser y hacer cada vez más, por ir más allá de su ámbito de influencia, para abarcar en un abrazo solidario las causas más ambiciosas, los más queridos anhelos y los sueños más entusiastas, tiene en la política a su mayor y más noble expresión. La vida de la persona en la comunidad política tiene sentido y realización mediante los demás, ya que es a través de los otros que son como yo, que aprendo a ser cada vez más humano y es gracias a ellos que puedo ser plenamente humano. Vivir para los demás Como bien lo dice el filósofo español Carlos Díaz en su libro ¿Qué es el personalismo comunitario?: ”La persona llega a sí misma cuando se descubre llamada por su nombre; cuando se percata del reconocimiento que otro le otorga y del valor que tiene para él; cuando le es encargada una misión en el mundo en cuya realización da cauce a sus dinamismos, teniendo el honor de poder ofrecer la obra realizada a alguien, con quien cuenta y sobre todo que cuenta con él; cuando da razón de su encargo una vez concluido a la luz de una valoración y juicio”. La vida de la persona humana es un vivir con otros y para los otros, es un convivir y un darse con sentido y sin condiciones, gracias a la excelsa capacidad de abrazar en el amor a los demás. La plena realización humana es siempre una realización en compañía de alguien. Es por ello que la política existe, porque sin la política, la persona humana no se puede realizar a plenitud. La política es una oferta de desarrollo y el Estado un medio eficaz para garantizar la plena libertad con sentido de responsabilidad social. Quién mejor que Carlos Díaz para expresar de forma breve y contundente algunas de las ideas anteriores: no ser para otro es no ser, y añadiríamos: la política consiste precisamente en la perpetua y constante voluntad de darse a los demás a través del servicio.
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Sergio Rodriguez

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.