La familia, la sociedad y los matrimonios igualitarios
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Ma. Elena Álvarez de Vicencio.
En la evolución del desarrollo de la sociedad, tras una búsqueda de las formas que más beneficiaran a los seres humanos, después de pasar por la Tribu y el Clan, se encontró que la familia, formada por el padre, la madre y los hijos, sería la institución más favorable para el desarrollo integral de las personas y para la conformación de la misma sociedad. Las familias encontraron en esa célula básica, lo esencial para brindar a los nuevos seres el apoyo, el afecto y los conocimientos indispensables para adaptarlos al mundo al que llegaban.
Al encontrar que el proceso de desarrollo demandaba nuevas exigencias, que la familia por sí misma no podría satisfacer, deciden unirse para distribuirse entre ellas las tareas que se requerían y, al mismo tiempo, aparece la necesidad de la autoridad que habría de coordinar y regular las aportaciones familiares.
La formación de la familia requirió siempre de un ceremonial que la formalizara y surgió para ese fin el matrimonio, que ratificó la unión de un hombre y una mujer, y que tendría como fin la procreación y el apoyo mutuo. La figura del matrimonio que la sociedad se dio fue consagrada en las leyes, las cuales le brindaron a la familia la protección más amplia, ya que de esa institución dependía la existencia misma de la sociedad, su permanencia y desarrollo.
Recientemente, el Presidente de la República envió al Congreso una iniciativa para reformar la Constitución con el propósito de establecer la figura de Matrimonios Igualitarios, es decir, que el matrimonio sería la unión de dos hombres o de dos mujeres.
Es muy loable y además necesario que se tomen todas las medidas para evitar la discriminación y la violencia contra las personas cuya orientación sexual es diferente, pero esto no justifica que para lograrlo se tenga que agredir, transformar y destruir una institución que la sociedad se dio por siglos y que significó la base y existencia de la misma sociedad: el MATRIMONIO, el cual fue concebido como la unión de un hombre y una mujer, y que entre sus fines está el de la procreación, no como único, pero sí de vital importancia.
Si las personas con orientaciones sexuales diferentes requieren de una institución que responda a sus necesidades, que les garantice todo lo que demandan: seguridad social, derechos de sucesión o de herencia, que lo tengan todo sin regateos, pero que no lo obtengan a costa de lastimar, dañar, atropellar y violentar la institución del matrimonio entre un hombre y una mujer, que por siglos ha sostenido a la sociedad y que la sigue requiriendo.
La propuesta inicial para la unión de dos personas del mismo sexo fue la de SOCIEDAD DE CONVIVENCIA, podría ser ésta u otra que se quisiera. El que no sea Matrimonio no implica discriminación, lo sería por ejemplo, que no se permitiera matrimonio entre hombre y mujer de distinta raza, creencia o posición social, pero si la definición de matrimonio siempre fue la unión de un hombre y una mujer, si no se da este supuesto es que no corresponde a la definición de la palabra, no es por discriminación.
Las parejas del mismo sexo también demandan su derecho a la adopción de menores. Hay que precisar que el derecho a ser adoptado o adoptada corresponde a los menores, no a quienes desean adoptar. El proceso de adopción se rige por sus propias normas y la adopción se determina considerando diversos aspectos. El matrimonio no es condicionante para adoptar, pues se han concedido adopciones a mujeres solas.
Los problemas de la sociedad y las necesidades personales no se arreglan con soluciones que satisfacen a algunos, pero que agreden y lastiman a otros. Se requiere encontrar las formas de dejar satisfechos a todos, sin distinciones. En vez de universalizar en la Constitución el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, como lo propuso el Presidente, convendría rectificar, en beneficio de toda la sociedad, reformando las leyes locales que al querer solucionar un problema han lesionado a la sociedad desvirtuando, sin necesidad, la institución del matrimonio que es su origen y esencia.
Ma. Elena Álvarez de Vicencio es Consejera Nacional.