La batalla cultural
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Marco Antonio Adame Castillo.
México vive momentos de inestabilidad e incertidumbre verdaderamente preocupantes. Estamos en medio de una grave crisis política y social derivada de la falta de liderazgo y de respuestas, hasta ahora inadecuadas e insuficientes, por parte del Gobierno federal y de distintas autoridades estatales ante las amenazas violentas de grupos disruptivos, emboscados en la educación. Nos encontramos ante un escenario de no solución ante las demandas más sentidas de una sociedad agraviada por la falta de oportunidades, la corrupción y la impunidad.
Como película de horror se proyectan ante nosotros escenas violentas del movimiento urbano popular, perfectamente orquestado por la CNTE y grupos ajenos al magisterio, que han tomado por asalto con bloqueos y plantones plazas públicas, carreteras, depósitos de combustible, centros comerciales, calles y avenidas de las principales ciudades, incluyendo la capital del país. La demanda aparente es la derogación de la Reforma Educativa y de todas las reformas estructurales; al mismo tiempo, y a río revuelto, diversos grupos de presión a lo largo y ancho del país se suman a los bloqueos exigiendo respuesta a los más diversos temas y a necesidades ingentes, todo esto ante el pasmo de las autoridades, la falta de sensibilidad y de operación política.
La lista de demandas y las actuaciones revelan, por un lado, el agotamiento y la irritación social. Por el otro, la crudeza de la lucha entre civilización y barbarie reflejan a grupos y actores ideológicos bien identificados disputando el futuro del país y buscando imponer un modelo de nación entre el autoritarismo y el populismo mesiánico, de espaldas a una sociedad que no quiere saber de ideologías y que exige solución a sus problemas cotidianos.
Ante esto, el Partido Acción Nacional debe convertirse en la alternativa humanista que abra el horizonte y ayude a construir un mejor país. Debe asumir que el cambio por venir no sólo es gubernamental o electoral, sino cultural y de fondo; de lo contrario, no servirá para transformar y mejorar la manera de relacionarnos con nosotros mismos, con el poder, con la comunidad y con el entorno natural que nos rodea, desde una perspectiva de respeto a principios universales y valores humanistas.
Se trata de una batalla cultural por el futuro del país para pasar con éxito de la falta de respeto a la vida y dignidad humana hacia el respeto pleno a los derechos humanos; de la opacidad a la transparencia; de la marginación a la inclusión social; de la negación de la justicia al debido proceso penal, y de las maniobras de gobernantes corruptos que imponen paquetes de impunidad a la rendición de cuentas y el castigo ejemplar a quienes abusan del poder.
Para vencer en esta batalla conviene recordar lo que hemos asentado en la Proyección de Principios de Doctrina de 2002 al afirmar que: “la cultura debe ser el rostro del bien común. Tiene como vocación la posibilidad del desarrollo permanente y constante de todos los seres humanos. La cultura es pensamiento y acción. Es algo más que arte, ciencia o buenas costumbres; es entraña y sueños”.
No tengamos duda ni reposo, pasemos a la acción. La construcción de un mejor país pasa por el sueño de cambiar un sistema político agotado por otro genuinamente democrático y humanista al que el PAN le debe sus mejores esfuerzos, sus mejores ideas, buenos gobiernos y una propuesta alentadora y convincente en las elecciones de 2018.
Marco Antonio Adame Castillo es Coordinador de la Comisión de Relaciones Internacionales e integrante de la Comisión Nacional Permanente del PAN. Twitter: @MarcoAdame