Opinión

Investidura Presidencial

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Por Maricarmen Rizo
flores de perdon Por Jorge Camacho Peñaloza. Ha sido la nota más difundida como titular principal en los medios de comunicación durante los últimos tiempos: el perdón ofrecido por el Presidente de la República en un evento que se creía escenario propicio para hacerlo, la promulgación de las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción. Sin embargo, fue todo lo contrario, la nota ha sido a todas luces contraproducente a la investidura presidencial, al grado de exhibir malogradamente para el país que en ella opera un lado más personal que institucional. Como persona, todo servidor público puede ofrecer perdón y reconocer sus errores en el ámbito de su vida privada, pero en el ámbito de la función pública tenemos que someternos al escrutinio no sólo de los procedimientos administrativos y de sanciones correspondientes, sino de la ética de la responsabilidad. Ofrecer perdón es algo humanamente loable, reconocer errores, dar la cara y asumirlos, aunque no tan tarde y pasado el daño que se haya hecho, pero en la función pública es distinto. Desde la investidura presidencial, la ética personal es fundamento para dimitir porque no se puede seguir portándola sólo con un buen comportamiento ético, sino político. Desde la investidura presidencial las fallas dañan no sólo el ámbito privado, sino a toda la sociedad y quien daña a la sociedad es como si estuviera cometiendo un delito. Sin duda, en lo personal ofrecer perdón no es muestra de debilidad sino de fortaleza, sin embargo, desde la investidura presidencial es muestra de creer que ésta es un asunto personal, de que se está conduciendo la cosa pública con criterios más personales que institucionales. La ética personal es buena e incluye el reconocimiento de los errores, pero en la ética de la responsabilidad pública, ésta nunca debe estar por abajo del perdón ni de la ética personal. En la ética de la responsabilidad, sobre todo desde la investidura presidencial, no hay justificación para las fallas personales. Sin duda, el sentir generalizado de la sociedad es de desaprobación a ese perdón y más cuando se da en el contexto de la promulgación de las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción. Sonó a un fui corrupto, perdónenme, como dejando el antecedente de que se puede ser corrupto y después pedir perdón. ¿Cuántos perdones tendríamos que escuchar entonces? La corrupción no se perdona, se castiga. Por eso, mal hicieron quienes sugirieron que en ese contexto el Presidente pidiera perdón, porque me temo que la mayoría de los mexicanos no se lo darán como tal. En lugar de ayudar a la Investidura Presidencial, acabaron por dañarla.   Jorge Camacho Peñaloza fue candidato al gobierno de Guerrero en 2015. Twitter: @Camacho_Jorge
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Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.