Indignación nacional
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Marco Antonio Adame Castillo.
A unos días de las elecciones del 5 de junio, la revelación que hizo el Presidente de la República sobre “la existencia de un malestar o un malhumor nacional que todo lo ve mal aunque vayamos bien...” parecería una mala broma. A primera vista da la impresión de que son palabras inadecuadas en un mal momento y en el lugar equivocado, política picaresca y anécdota para los “memes” a no ser porque la realidad que vivimos millones de mexicanos es terca, cruda y dramática.
Respecto al humor hay que decir que lo hay negro y de los mil diablos y también alegre y positivo. Hay buen o mal humor con causa o sin ésta, motivado por estados de ánimo y equilibrio bioquímico o por la pérdida de éste, y en respuesta a situaciones de la vida cotidiana y de la agenda nacional. Pero decir que vamos bien, que “hay muchas razones y muchos argumentos para decir que México está avanzando, que México está creciendo en distintos ámbitos” y de ahí asumir que no nos damos cuenta por el mal humor es, por decir lo menos, una simpleza.
Por supuesto que hay claro oscuros, pero no asumir los temas pendientes que impiden el crecimiento adecuado y la salida de la crisis económica y social que padecemos, y actuar como si no existieran rezagos y frustraciones de fracaso, es como suponer una patología social, una pérdida masiva del sentido de la realidad o bien, una disociación con la realidad de parte de las autoridades.
Hay un mal humor nacional, pero es con causa, pues nace de la desigualdad, de la falta de oportunidades, de la corrupción, de la injusticia, de la inseguridad y de la impunidad que generan frustración y enojo ante la falta de resultados, luego de un largo proceso de transición democrática inacabado.
Surge de promesas de cambio incumplidas, de abuso de poder y de simulación, incluye dos alternancias federales y más de cuarenta alternancias en gobiernos locales de todos los signos políticos en 25 años, y que se refleja de muchas maneras, en lo individual y social, como tristeza, cansancio e indignación.
No nos engañemos ni dejemos que nos engañen. El país no va bien a pesar de que la economía goza de estabilidad gracias al buen manejo de los dos gobiernos federales panistas. El actual crecimiento es marginal y las malas decisiones del presente han comprometido las variables que pueden generar mayor desarrollo, en especial, el empleo insuficiente y mal pagado. La inseguridad y la delincuencia no descienden y las denuncias de violación a los derechos humanos se multiplican ante la indiferencia e insensibilidad del gobierno. Y lo más delicado, no avanzan las reformas legales del sistema anticorrupción por la negación del PRI y de sus aliados, a pesar del clamor ciudadano que exige una respuesta ante la grave corrupción e impunidad que padecemos.
El gobierno actual ha dejado claro que no puede y por eso debemos cambiar. Un cuarto de siglo parece mucho tiempo hasta para diluir las responsabilidades, lo cierto es que, objetivamente y de manera sistemática, muchas de las propuestas de transformación en la dirección correcta que ha promovido el Partido Acción Nacional, estando en el gobierno o en la oposición, han enfrentado la resistencia y el freno de las fuerzas más regresivas y conservadoras de nuestro país.
Indigna saber que el gobierno y sus voceros dicen, y quizá creen, que vamos bien cuando la mayoría de la población siente y piensa lo contrario. A diferencia de otras épocas hoy hay información accesible y difícilmente se pueden ocultar los agravios. Existe una ciudadanía informada, hay conciencia y mayor disposición a la participación social, hay pues razones que provocan que el humor se convierta en indignación y esta es la condición y el principio del cambio que todos deseamos, sea pacífico, institucional y benéfico.
Marco Antonio Adame Castillo es Coordinador de la Comisión de Relaciones Internacionales e integrante de la Comisión Nacional Permanente del PAN. Twitter: @MarcoAdame