Internacional

Incertidumbre en España y señal de alerta en Francia

MA
Por Maricarmen Rizo · 7 min de lectura
Por Miguel Ángel López Lozano. Diciembre ha supuesto un punto de inflexión para españoles y una llamada de atención sonora para los franceses. Los españoles, fruto del complejo encuadre de alianzas postelectorales, se encuentran sumidos en una incertidumbre desconocida a raíz de un proceso electoral. Paralelamente, los franceses han visto como el Partido Socialista del presidente Hollande ha tenido que retirarse en la segunda vuelta, en tres regiones, solicitando el voto para los republicanos de Sarkozy en aras de frenar una hipotética victoria del Frente Nacional de la saga Le Pen. Los movimientos ciudadanos, las candidaturas independientes y la ruptura con los viejos sistemas políticos dan a entender que los europeos se encuentran sumidos en un cambio de ciclo político. Los españoles han roto con el bipartidismo que ha regido su democracia reciente. Se ha abierto un escenario inédito donde las mayorías absolutas han cedido terreno forzosamente a la política de acuerdos y pactos postelectorales. Nunca antes la tercera y cuarta fuerza habían alcanzado casi el 25 por ciento de los votos. Desde las elecciones de 1982, PP y PSOE siempre habían sumado como mínimo el 65 por ciento de los votos, llegando a alcanzar el 83 en las elecciones de 2008. En las pasadas elecciones, ambos partidos superaron levemente el 50 por ciento de los votos, dejándose algo más de 5 millones de electores en los últimos cuatro años, motivado por la irrupción de los “partidos emergentes”. Ha llegado el momento de la verdadera política, de demostrar quién tiene la suficiente cintura para, sin renunciar a sus principios, llegar a acuerdos con partidos lejanos a sus planteamientos. El PP lleva la iniciativa al haber sido el partido más votado, pero en frente tiene una coalición de izquierdas que aritméticamente tiene la posibilidad de frenar sus posibilidades de alcanzar el Gobierno. Aun así, Mariano Rajoy apuesta por un Gobierno de concentración a la alemana formado por PP, PSOE y Ciudadanos. Todos ellos tienen en común la defensa de la unidad de España, y garantizan un mínimo de estabilidad democrática. Pero Pedro Sanchez, candidato del Partido Socialista, ha reiterado por activa y por pasiva su negativa a un pacto que no suponga apartar al PP del Gobierno. Es la única forma que tiene de pasar a la historia, y cueste lo que cueste, hará lo posible por lograrlo. De ahí que busque a la desesperada un gobierno de izquierdas a la portuguesa, PSOE-Podemos, que necesitaría además del apoyo de las fuerzas nacionalistas para obtener la mayoría parlamentaria y desbancar al partido más votado. Esta alternativa supondría que el PSOE aceptara ir de la mano de aquellos que quieren romper España. La nación española está saliendo de una de las crisis económicas que más fuertemente ha golpeado su economía y empleo, y lo último que necesita es un gobierno débil y fugaz, fruto de experimentos que en otros países han sido un auténtico fracaso. Desde la jornada electoral ha repuntado la prima de riesgo, la Bolsa ha caído en torno a un 10 por ciento, el fantasma de la ingobernabilidad ha comenzado a golpear la economía española, y aún quedan por delante dos meses para definir al Presidente del Gobierno, si no fuera así, se verán abocados a unas nuevas elecciones, generando una mayor incertidumbre que los mercados castigarán repercutiendo en las tasas de desempleo. Ante este panorama tan complejo, se hace imprescindible una reforma de la ley electoral. En caso de que ninguno de los candidatos presidenciales obtuviera una mayoría absoluta en el primer escrutinio, sería necesario que se celebrara una segunda vuelta con los dos partidos más votados, que garantizara la gobernabilidad del país, similar a lo que sucede en Francia. La reciente democracia española debe desarrollarse y perfeccionarse, la sociedad lo está demandando elección a elección. Nos adentramos en una nueva etapa, previsiblemente la antesala de una nueva transición, por tanto, ha llegado el momento de adaptar las reglas del juego para hacerlas más equitativas. No sería de recibo, ni se entendería que terminara gobernando una coalición de perdedores. Francia Para los franceses, las regionales han supuesto la confirmación del imparable ascenso del Frente Nacional y su consolidación como única alternativa al agotado bipartidismo francés. De no ser por el cordón sanitario establecido entre el Partido Socialista del presidente Hollande y el Partido Republicano del ex presidente Sarkozy, estaríamos hablando del primer triunfo histórico de la ultraderecha en Europa desde que Hitler llegara al poder. A pesar de que los medios franceses se apresuraron a celebrar la derrota del Frente Nacional la misma noche electoral, la lectura objetiva de los datos es bien distinta. El Frente Nacional ha conseguido 6 millones 820 mil 147 votos, muy por delante de los 400 mil que les permitieron acceder a la segunda vuelta de las presidenciales de 2012, y también superior a los 6 millones de la primera vuelta. Han triplicado el número de consejeros regionales, pasando de los 118 en 2010 a los 356, y han sido la fuerza más votada en 6 de las 13 regiones en primera vuelta. El Frente Nacional vuelve a quedarse a las puertas de cosechar su primera victoria electoral de relieve. Su hipotético techo se rompe elección tras elección cosechando resultados históricos a medida que pasa el tiempo. El discurso xenófobo, nacionalista y en algunos casos antisemita ha calado principalmente entre la población obrera, las clase media y media-baja, y joven. El panorama nacional e internacional favorece su crecimiento: los presuntos abusos sexuales cometidos por refugiados en Colonia, el aumento del paro, la amenaza del terrorismo Yihadista y el aumento de población musulmana en suelo francés generan un caldo de cultivo que consolida las tesis del Frente Nacional. A pesar de ello, gran parte de su éxito se debe a la reciente moderación de su mensaje. Florian Philippot, vicepresidente del partido, es el artífice en la sombra de la transformación del Frente Nacional, y autor de su programa económico. Philippot se formó en la Escuela Nacional de Administración (ENA), el prestigioso centro donde se forman las élites administrativas y políticas de Francia. No es un Le Pen y le ha dado al Frente Nacional el impulso necesario para ser una verdadera alternativa al bipartidismo. A la luz de los primeros sondeos postelectorales, el Frente Nacional mantendría el 27 por ciento de los votos, seguido del 22 de los socialistas y del 21 de los republicanos liderados por Sarkozy, pero incluyendo una variante de especial interés: si el candidato de los republicanos fuera Alain Juppé obtendrían el 30 por ciento de los votos superando al Frente Nacional. El Frente Nacional mantiene su electorado y la derecha francesa liderada por el Partido Republicano prefiere un candidato moderado y predecible. Nos encontramos a un año y medio de las presidenciales de 2017 y el Frente Nacional avanza. Un partido que predica la xenofobia y juega con el antisemitismo choca frontalmente con los valores sobre los que se construyó la Unión Europea. Europa y el mundo no pueden permitirse un Gobierno de estas características. Los españoles y franceses se enfrentan a desafíos que requieren de estadistas, de políticos de altura que sean capaces de anteponer el Bien Común a sus intereses particulares y de grupo.   Miguel Ángel López Lozano es analista político. Twitter: @malopezlozano