Ideas para ganar las elecciones
MA
Por Maricarmen Rizo
Javier Brown César.
Es un hecho incuestionable que el Partido tiene como objetivo ganar elecciones para llegar al poder y desde ahí poner en marcha una serie articulada de políticas públicas, que generen los bienes y servicios que sean necesarios para mejorar la situación de las comunidades, transformar el futuro de las personas y conquistar el ideal de lograr una vida mejor y más digna para todos.
La victoria electoral, en estos tiempos de crisis de confianza en los partidos políticos y de credibilidad en las instituciones representativas, es una conquista ardua que requiere de una acción decidida, que llegue a todos los rincones de México para hacer que renazca la esperanza de que es posible construir un orden social cada vez más justo, una sociedad armoniosa y un gobierno mesurado y eficaz, que trabaje en beneficio de la ciudadanía.
Entre elecciones
El primer paso para lograr la victoria se da fuera del proceso electoral, en esos meses intermedios de veda en que el Partido acompaña a sus gobiernos municipales y estatales. y a sus legisladores para el logro de objetivos valiosos. La tarea de acompañamiento del Partido es fundamental para asesorar a sus autoridades acerca de la mejor forma de emprender acciones en favor del bien común y para comunicar adecuadamente sus logros, con el objetivo de que los mensajes de sus autoridades y legisladores lleguen a quienes deben llegar y sean claros y entendibles. El Partido es fundamental para construir agendas de gobierno y legislativas con identidad propia, que consoliden una opción política distinta y distinguible.
Entre elecciones, la capacitación de los cuadros es prioritaria para formar políticos capaces, competentes, íntegros, probos y abocados al servicio, que estén preparados para enfrentar el éxito y la derrota, que sean gobernantes eficaces y eficientes, y opositores serios y responsables. La vinculación con la sociedad es otra tarea fundamental para fortalecer la vocación histórica del Partido de ser escuela de ciudadanía, lo que sólo puede lograrse si nos insertamos hábilmente en las estructuras sociales para formar capital humano y social, para apoyar la conformación de redes y para promover una cultura de la solidaridad, la responsabilidad social y el pleno respeto a la eminente dignidad de la persona humana.
La fase previa
El periodo conocido como precampañas es crítico para salir fortalecidos y formar un frente común ante la ciudadanía, de cara a cada nueva elección. Una tentación mayor que debemos evitar en las precampañas es lograr la victoria a costa de la denostación del adversario, y más cuando los asuntos internos del Partido se ventilan en medios públicos, dañando así de forma irreparable la imagen de los precandidatos y de la institución.
Las precampañas son contiendas que en buena lid deben confrontar las mejores ideas y argumentos para garantizar una elección razonada, basada en el debate y el convencimiento de los electores. Estas contiendas deben obedecer al imperativo de mantener la unidad, que es el alma del Partido, y a la garantía de que una vez tomada la decisión todos están dispuestos a sumarse a los proyectos e ideales del ganador.
El proceso electoral
Las elecciones son un ejercicio de suma positiva en el que se debe buscar el apoyo de las personas talentosas y trabajadoras que puedan aportar sus ideas y su energía, para convencer al electorado de que la plataforma de gobierno o la agenda legislativa propuestas, son mejores alternativas que las planteadas por los candidatos de otros partidos.
También las elecciones son un ejercicio de decencia, de altura de miras en la apuesta estratégica del cambio, y de perseverancia para reiterar de diversas formas y ante diferentes audiencias un mensaje central que se frasea de maneras diferentes. El pilar de toda campaña exitosa es el puntual conocimiento de la realidad que viven aquellas personas a las que se busca representar. Este conocimiento sólo puede lograse mediante la técnica, la cual debe anteceder a los objetivos y a los propósitos concretos.
La base de una buena elección es la estrategia, que es el documento escrito en el que se plantean los ejes de la campaña. Sin estrategia, la elección se convierte en un ejercicio de improvisación y tanteo. Parte fundamental de la estrategia de campaña es el diseño detallado de la comunicación, cuya base es el adecuado diagnóstico de la realidad, que permite saber con cierta precisión qué se debe comunicar, cuándo, por qué medio y a quiénes, porque a final de cuentas, toda campaña es un ejercicio permanente de comunicación.
Una buena campaña se basa en una planeación adecuada de cada actividad, de cada acto y de cada mensaje. Para ello, se requiere de un equipo de personas competentes, aunque no necesariamente sean amigos o quienes financien la campaña, ya que en muchas ocasiones, personas con ideas aparentemente buenas, pero improvisadas, pueden causar que se pierda una elección.
Los enemigos a vencer
En cada elección hay dos enemigos principales a vencer: el abstencionismo y la indiferencia hacia la política y los partidos políticos. El abstencionista puede ser activo o pasivo: en el primer caso, o no se asiste a votar como señal de protesta o se asiste a votar pero se anula intencionalmente el voto o se vota en blanco; en el segundo caso, se decide no ir a votar con base en argumentos como: “siempre ganan los mismos” o “todos los partidos son iguales”.
Aquellos que son indiferentes hacia la política conforman un amplio grupo que comprende millones de personas, quienes utilizan la credencial para votar como medio de identificación, pero no como instrumento de la democracia y que en ocasiones pueden ser rehenes de grupos políticos y de partidos que los movilizan con consignas el día de la elección.
Movilizar a los electores apáticos es uno de los grandes retos de los partidos, pero hacerlo sin necesidad de recurrir a la coacción o a la dádiva es la conquista más importante que actualmente se puede dar en nuestra inacabada democracia. Este reto mayúsculo es el que está en el origen de la fundación del Partido y en su misión histórica como escuela de ciudadanía, porque los fundadores sabían que un auténtico ciudadano no vende su voto, reflexiona antes de tomar una decisión y se informa de manera suficiente sobre las propuestas de los candidatos. Un ciudadano auténtico sabe que el voto es un deber político prácticamente sagrado y que es un ejercicio de libertad con responsabilidad, porque de la elección de cada autoridad depende el futuro de toda la comunidad.
El reto de hoy para construir el mañana
Don Manuel Gómez Morin escribió un luminoso ensayo llamado La Nación y el régimen. La Nación, que es encarnación personal, es el proyecto a futuro de un pueblo, es este pueblo el que va al encuentro de su destino y a la realización gloriosa de su misión histórica. Cuando un grupúsculo toma en sus manos este proyecto para convertirlo en un programa faccioso secuestra a la Nación y se da un desencuentro inevitable entre quienes detentan el poder y los sueños y esperanzas de un pueblo.
En cada elección, el Partido tiene la alta encomienda de recuperar, para millones de mexicanos, la esperanza de que sus más legítimos sueños y anhelos se pueden ver realizados si votan por autoridades democráticamente electas, dispuestas a trabajar sin cansancio y sin respiro para generar condiciones de vida que promuevan el máximo desarrollo de las personas. Este es el reto que tenemos en cada barrio, pueblo y municipio, y el deber histórico que nos obliga a ser fieles con nuestros orígenes y con nuestras tradiciones democráticas.