Humanismo, hoy
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Fernando Rodríguez Doval.
A lo largo de la historia, el humanismo, corriente de pensamiento casi tan antigua como la filosofía, ha mostrado diversas facetas. No es posible hablar del humanismo como una tendencia filosófica unívoca, a pesar de que el rasgo común de todas sus manifestaciones sea un interés fundamental por el sentido y valor del Hombre y de lo humano, tomándolo como punto de partida de sus planteamientos y reflexiones. Cómo definir al Hombre y encontrar ese sentido y valor es lo que ha diferenciado a los diferentes humanismos.
En la Grecia clásica, los primeros humanistas como Sócrates, Platón o Aristóteles buscaban encontrar los elementos vitales que permitieran al ser humano alcanzar la felicidad por medio de la virtud, a la cual consideraban como el punto medio entre dos extremos. La sabiduría era connatural al ser humano, debía dedicarse a ella para así lograr la perfección.
Posteriormente, con la irrupción del cristianismo se introdujo el concepto de persona, definida por Boecio como “sustancia racional de naturaleza espiritual”. El humanismo cristiano medieval, cuyos máximos exponentes fueron San Ambrosio, San Agustín y siglos después Santo Tomás de Aquino, consideraba a la persona como el ser más perfecto de la naturaleza por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, y tener un alma espiritual inmortal e imperecedera. Esto dotaba a la persona de una inherente y eminente dignidad por el solo hecho de existir.
Con el Renacimiento se da un nuevo impulso al humanismo, gracias a las aportaciones de pensadores como Petrarca, Erasmo de Rótterdam o Luis Vives. Este humanismo preparará el camino, algún tiempo después, para la Ilustración y el Racionalismo.
A partir del siglo XIX se desarrolla con particular fuerza la filosofía del Hombre. Emergen varias corrientes humanistas, todas ellas muy distintas entre sí e incluso contradictorias. El marxismo propone nuevas relaciones sociales que no supongan ninguna explotación y permitan la emancipación y la desalienación del ser humano dentro de la colectividad. El existencialismo ateo, por su parte, considera al Hombre como un ser arrojado al mundo y que sólo puede subsistir mediante su libertad, toda vez que no existe algo así como una esencia humana.
Sin embargo, por esos años empieza también a tomar forma un humanismo integral de inspiración cristiana que alcanzó un gran desarrollo en el siglo XX gracias a personajes como Emmanuel Mounier, Gabriel Marcel, Jacques Maritain o nuestro Efraín González Luna, quien llevó este humanismo al campo de la política. Este humanismo busca, primeramente, un concepto claro del ser humano en tanto que persona, en quien pretende centrar todo el significado de la realidad.
El humanismo integral y personalista busca redescubrir las realidades espirituales de la persona, la cual siempre debe ser un fin en sí misma y nunca un medio, siendo, de esta forma, el fin último de toda organización social. Así, el objetivo primordial de todo Estado debe ser la consecución del Bien Común, dado que las personas se vinculan entre sí por lazos de afecto y pertenencia, y no solamente de intercambio material o económico, como dirían los individualistas o los marxistas.
Este humanismo reconoce que la persona entra en juego con los otros, se relaciona y convive con los otros, es un ser eminentemente social, sin perder por ello su individualidad. Y esta acción de la persona con los otros se entiende como participación. “Por medio de la participación, y no de la lucha de clases, es como se puede transformar la existencia social”, escribió el joven filósofo Karol Wojtyla años antes de convertirse en Juan Pablo II. La comunidad es, de esta forma, la común unión de los miembros de un grupo social, la unidad dentro de la multiplicidad y, por medio de la solidaridad, se debe buscar que toda sociedad se convierta en comunidad.
Este humanismo integral y personalista se muestra en nuestros días como una verdadera alternativa de pensamiento al mundo cambiante que estamos viviendo. En un mundo posmoderno que ha hecho del individualismo acérrimo uno de sus valores, hacer que la sociedad se convierta en comunidad y que el individuo se asuma como persona, es un reto gigante que vale la pena enfrentar.
Fernando Rodríguez Doval es Secretario de Comunicación del CEN del PAN. Twitter: @ferdoval