Historia viva de Acción Nacional
Por Héctor Larios Córdova.
En nuestra edición anterior, publicamos la primera parte de una valiosa conversación con Elenita. Nos contó cómo fue su llegada al PAN y el comienzo de su militancia, su matrimonio con don Abel y la familia que formaron, así como su paso por la ACJM y un par de vivencias con don Manuel Gómez Morín. Presentamos a los lectores la parte final de dicha conversación.
Recuerdo de los fundadores
“Siempre me ha gustado la oratoria, por eso los oradores del PAN me cautivaban. Me gustaba más que todos Estrada Iturbide. Sus frases contagiaban. Cuando lo escuchaba me daban ganas de salir corriendo a repartir volantes. Luego estuvo Efraín González Luna, que tenía lo florido de Estrada pero más moderado, hacía pausas para reflexionar. Luego, quien me hacía centrarme en los conceptos era Gómez Morín, porque no era un orador de explosiones, sino que se quedaba mirando a quienes lo escuchábamos, profundizaba. Parecía como que al hablar pensaba. Eso me daba también tiempo de pensar, te hacía pensar que te escuchaba y que eras muy importante para él. Cuando lo escuchaba, se me antojaba leer y estudiar más”.
De esta forma, Elenita recuerda a los fundadores de Acción Nacional. Sobre don Efraín señala que les daba muchas conferencias y que tuvo la oportunidad de hospedarse en su casa y conocerlo de una forma más familiar.
“Tuve la suerte de que cuando empecé a trabajar en la Sección Femenina, Blanquita Magrassi me invitara a que la acompañara a una gira por Jalisco, San Luis Potosí y Aguascalientes. Nuestro objetivo era fortalecer los grupos, animarlos a seguir, a reiterar los logros alcanzados desde la campaña de Don Luis y a que no muriera ese fervor.
“Al llegar a Guadalajara nos hospedamos en la casa de don Efraín. Convivimos con él en las horas de la comida y la cena. Era cordial, hospitalario, sencillo, sensible. Un día, le hicieron una entrevista a doña Amparito, le preguntaron ¿cuál era el recuerdo más emocionante que guardaba desde que su esposo se metió a esto del PAN? Y dijo: cuando era candidato a la presidencia y estaba en un mitin y yo sabía que había gente armada por todos latos, nomás me envolví en mi rebozo, me puse atrás de la tribuna, frente a la espalda de mi esposo, esperando muy nerviosa a qué hora caía o a qué hora pasaba algo desagradable. Todos temíamos que le pudiera pasar algo.”
Doña Elenita apunta que la habitación que les prestaron en la casa de don Efraín estaba a un costado de su exquisita biblioteca. “Estoy segura que la fue formando con mucha sabiduría. Doña Amparo decía que cada semana llegaba con un libro”.
Campañas
Las campañas comenzaron para Acción Nacional en 1958. Un año después de la llegada de la pareja Vicencio-Álvarez al Partido. Mientras que los priistas las hacían con mucho dispendio y se subían al tren para visitar tres o cuatro ciudades, los panistas verdaderamente recorrían el país. Doña Elenita comenta que el primer ejemplo de estos recorridos se dio en la campaña de don Luis H. Álvarez, misma que siguió la revista La Nación.
“Fui a la gira en la Ciudad de México. Abel estuvo con él cuándo lo metieron a la cárcel. A mí me tocaba hacer campaña con las mujeres en lo que se llamaba Sección Femenina. Era muy importante participar ahí, porque como no teníamos muchos recursos para la campaña, las casas de las panistas eran los cuarteles y las casas de campaña. Las mesas del comedor se transformaban en grandes escritorios donde poníamos la poca propaganda electoral y los padrones electorales que entonces venían en folders y en hojas de papel cebolla. Decíamos ¿cuándo se acabará la campaña para volver a tener el comedor ordenado?”.
Elenita rememora como al proponer el nombre de algún varón, las opiniones comenzaban a generarse sobre el permiso no concedido por parte de las esposas para que sus maridos fueran candidatos. Por ello, una de las labores de la Sección Femenil se basaba, entre otras cosas, en convencer a las esposas. Así lograron que muchos aceptaran ser candidatos.
“Convencerlas era algo complejo. En general, las tareas en la política siendo mujeres eran complejas. Votar nos daba miedo. Abel me contaba que él fue de adolescente a ver una casilla que estaba enfrente de su casa. En ese tiempo, la Ley decía que sería el Presidente el primer ciudadano en presentarse en la casilla, entonces, llegaron dos ciudadanos al mismo tiempo. Los dos querían ser Presidentes y se trataron de arreglar primero a gritos y empujones, y después sacando sus pistolas, uno mató al otro. Abel lo presenció y por eso tenía una visión de las casillas de violencia, de riesgo. Las casillas, las elecciones y el voto nos daban un poco de miedo, pero teníamos que vencerlo y actuar”.
José González Torres
“En 1963, el candidato del PAN a la Presidencia de la República fue José González Torres. Decía que mientras no reformaran el artículo tercero constitucional se vestiría de negro. Su esposa también aplicaba esto. A nosotros nos preocupaba que ambos salieran de negro a hacer campaña. Intentamos hacerlos cambiar de parecer, pero ellos decían que se quitaban una blusa negra para ponerse la otra. González Torres aceptó usar trajes color gris, pero su esposa nunca, menciona Elenita sobre la campaña de ese año.
González Torres fue Presidente del PAN del 21 de marzo de 1959 al 18 de noviembre de 1962. Elenita subraya que fue un hombre disciplinado que siempre convocaba a sus reuniones a las seis de la tarde.
“Una vez fui a su casa muy temprano porque se irían de gira. Quería decirle que habíamos juntado un poco de dinero para la campaña, pero llegamos tan temprano que no se había levantado nadie. Esperamos un poco y mientras reintentamos convencer a su esposa de no vestirse de negro terminamos en la Basílica por invitación de ella. Ahí, nos dijo que dejáramos de preocuparnos por el color que eligiera para vestir en la campaña, que mejor le pidiéramos a la Virgen de Guadalupe que todo saliera bien”, señala con emoción doña Elenita Álvarez de Vicencio, quien es para los panistas la historia viva de Acción Nacional.
Twitter: @LariosHector, @ExperienciaMex