Opinión

Herramientas para mejorar la oratoria política

MA
Por Maricarmen Rizo
oratoria Por Maricela Gastelú. Todos los oradores políticos nos enfrentamos siempre al mismo problema antes de subir a una tribuna, nos preguntamos: ¿qué voy a decir?, las manos empiezan a temblar, nos sube la adrenalina, sudamos e incluso nos dan ganas de salir corriendo para no enfrentar al auditorio. Pero en política no podemos tirar la toalla ni negar una oportunidad para compartir un mensaje, no sólo porque la vida pública requiere de electores y la mejor manera de conseguirlos es hablando, sino también porque un buen político siempre debe tener algo bueno que decir y no hablar como merolico tratando de “engatusar” a sus interlocutores. Por lo anterior, siempre que Usted se encuentre frente a un micrófono, recuerde, como lo hemos visto en artículos anteriores, adoptar la postura adecuada dependiendo de su género, respirar pausadamente antes de hablar, mirar al público segundos antes de iniciar y lo más importante, formularse mentalmente tres preguntas clave: ¿a quién le voy a hablar?, ¿de qué les voy a hablar? y ¿para qué les voy a hablar? El responder la primera pregunta ¿a quién le voy a hablar? nos dará la pauta para iniciar saludando correctamente, si voy a hablarle a la militancia del PAN lo correcto es iniciar diciendo “buenos días, amigas y amigos panistas”, olvide toda la zalamería que la escuela de oratoria priista nos ha mostrado con frases iniciales como: “En esta bella mañana de primavera donde el sol refulge al igual que mi corazón lo hace de gusto por estar frente a tan selecto auditorio”; por el contrario, el orador humanista es claro, concreto, directo. Por eso, responder mentalmente la primera pregunta nos da siempre una buena entrada. Al responder la segunda pregunta tenemos más herramientas para dar continuidad a nuestro discurso ¿de qué les voy hablar? Por ejemplo, “hoy estamos aquí para escuchar las propuestas en materia de seguridad que habré de implementar una vez que la ciudadanía deposite en Acción Nacional su voto y su confianza”, es decir, le estás avisando al público que tu disertación será sobre SEGURIDAD, lo cual evitará que divagues en otros temas que lo único que harán será confundir al auditorio y hacerte titubear. Se recomienda manejar a lo sumo tres ideas centrales al desglosar un tema, para que el auditorio pueda reproducir el mensaje con facilidad frente a otras personas. Es muy triste preguntarle a una audiencia que acaba de escuchar a un demagogo qué opina del orador en cuestión y que diga que “habla muy bonito, pero no entendí nada de lo que dijo”. Por último, la respuesta a la pregunta ¿para qué les voy a hablar? me dará la salida elegante y perfecta de mi discurso. Me he topado con muchos oradores que NO saben terminar sus intervenciones y se alargan aburriendo al auditorio cuando pudieron tener el aplauso sincero de la audiencia si hubiesen acabado en tiempo y forma. Siempre se debe terminar diciendo claramente qué es lo que quiere de la audiencia. Por ejemplo, “por todo lo anterior amigas y amigos panistas, les pido que este 7 de junio voten desde temprano por todos los candidatos del Partido Acción Nacional”. Algunos oradores estilan terminar con frases célebres, y a pesar de que soy amante de la retórica soy más amiga de lo práctico. Lo que importa es que el auditorio entienda el mensaje y se sienta identificado con las propuestas del candidato humanista para votar por él y hacer equipo, no sólo nos interesa que piense que “hablamos muy bonito”. Debemos convencer al interlocutor y si nos apegamos a las tres preguntas antes expuestas tendremos mayores posibilidades de ser claros y puntuales al hablar. Ensaye una y otra vez, procure fijarse diferentes escenarios, auditorios, contextos y así obligarse a improvisar diferentes discursos para diversos auditorios, y por favor nunca caiga en el conformismo de repetir los mismos discursos en diferentes lugares. ¡Sea creativo! Twitter: @marigastelu
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Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.