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“Hagan política de la buena”

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Por Sergio Rodriguez · 5 min de lectura
Por Maricarmen Rizo. Con la claridad que lo caracteriza, el Papa Francisco pidió a los dirigentes de la vida social, cultural y política de México ofrecer a los ciudadanos la oportunidad de ser dignos en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, es decir, hacer “política de la buena”. Para lograrlo, ofreció la colaboración de la Iglesia católica con el gobierno. De manera inédita en el Patio de Honor de Palacio Nacional, en donde por primera vez un Vicario de Cristo fue recibido con honores de un jefe de Estado por el Presidente, Enrique Peña Nieto, el Sumo Pontífice enfocó su discurso a la responsabilidad social, una política auténticamente humana y una sociedad en la que nadie se sienta víctima de la cultura del descarte. “A los dirigentes de la vida social, cultural y política les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, y un ambiente sano y de paz”. Frente a casi 2 mil invitados especiales que asistieron a la sede del Poder Ejecutivo, entre los que se encontraban integrantes del Gabinete, presidentes de la Cámara de Diputados, Senadores, de la SCJN y los dirigentes de los partidos políticos, Ricardo Anaya Cortés, entre ellos, así como gobernadores, líderes de la sociedad civil y empresarios, el Papa reconoció que esto no es sólo un asunto de leyes. El máximo jerarca católico, quien fue aclamado por millones de mexicanos durante todos sus recorridos y los lugares que visitó en tierra azteca, resaltó que se requiere de una urgente formación de la responsabilidad personal con pleno respeto del otro como corresponsable en la causa común de promover el desarrollo nacional. Es una tarea que involucra a todo el pueblo mexicano en las distintas instancias, tanto públicas como privadas, tanto colectivas como individuales, dijo. “Le aseguro señor Presidente que en este esfuerzo el Gobierno mexicano puede contar con la colaboración de la Iglesia católica, que ha acompañado la vida de esta nación y que renueva su compromiso y voluntad de servicio a la gran causa del hombre: la edificación de la civilización del amor”, resaltó Francisco, quien durante su discurso fue interrumpido en varias ocasiones por los aplausos de los presentes, mientras afuera, en el Zócalo capitalino, lo esperaban cientos de miles de católicos. Posteriormente, el Jefe del Gobierno, Miguel Ángel Mancera, le entregó las llaves de la Ciudad de México. En el emblemático recinto de laicidad, hecho que ha sido calificado por diversos analistas como el inicio de un nuevo periodo con respecto a los 24 años de relaciones diplomáticas con la Santa Sede, el Sumo Pontífice enfatizó que “la experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”. El Papa Francisco también tuvo palabras para la juventud, a la cual consideró como la principal riqueza de México, ya que esto permite pensar y proyectar un futuro. Un pueblo con juventud es capaz de renovarse y transformase, apuntó. “Esta realidad nos lleva inevitablemente a reflexionar sobre la propia responsabilidad a la hora de construir el México que queremos, el México que deseamos legar a las generaciones venideras. También a darnos cuenta de que un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, este bien común que en este siglo XXI no goza de buen mercado”, consideró. Al término de la ceremonia, el sucesor de Pedro saludó a algunos de los presentes, entre ellos al Presidente Nacional del PAN, Ricardo Anaya, quien externó que le “había dado mucho gusto” este gesto. Previo a su llegada, el líder albiazul a nombre del Partido dio la bienvenida al pontífice y deseó que su paso por México diera muchos frutos. Por su parte, el Coordinador de los diputados panistas, Marko Cortés, compartió que durante una breve conversación el Papa les dijo: “La buena política es la expresión más grande del amor humano”. También, agregó, nos recomendó a los coordinadores parlamentarios del PAN y PRI: “peléense y reencuéntrense en beneficio de México”. Los diputados de Acción Nacional, continuó, coincidimos con esa expresión y estamos decididos a seguir defendiendo nuestras convicciones y construir en todo lo posible. Haremos, como él lo sugirió, “Política de la Buena” para tratar de corregir el pésimo rumbo de la economía del país y trabajar, entre otras cosas, por un salario digno para los jefes de familia. Buscaremos, como su Santidad lo pidió, ensanchar las oportunidades para todos los jóvenes. Finalmente, el Coordinador de los senadores albiazules, Fernando Herrera Ávila, comentó que saludar a su Santidad fue motivo de alegría y regocijo para “quienes buscamos el bien común”. El Papa, dijo, es un líder mundial y sus mensajes de paz, además de su cercanía, humildad y sencillez, han venido a fortalecer y a renovar la esperanza de un México plural, de un México ávido de justicia.