Opinión

Franco Coppola, Nuncio de Francisco

MA
Por Maricarmen Rizo
paloma Por Luis Felipe Bravo Mena. El nuevo representante del Papa en México se llama Franco Coppola. Es italiano, nació en 1957 en Maglie, pequeña localidad de la provincia de Lecce, región de Apulia. Está ubicada en la orilla del tacón de la bota que tiene la figura de la península. Es tierra que ve al mar y a la historia. Ahí ha pasado de todo: cruce entre oriente y occidente, y han pasado todos: griegos, fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, moros, turcos, normandos, españoles. La gente que por muchas generaciones ha sido parte del gran escenario Mediterráneo y Adriático es especial. Abierta y festiva, acostumbrada a la mezcla de razas, a las novedades y los peligros. Tienen facilidad para las relaciones humanas. Un dato curioso: el santo patrón de esa comarca es Nicolás de Bari -ciudad en la que descansan sus restos -, personaje benévolo y generoso, que originó la leyenda de Santa Claus. No resulta extraño que de ese entorno surgiera un joven con vocación religiosa y notables habilidades diplomáticas. Se ordenó sacerdote en 1981, a la edad de 24 años. Después, en 1993, con 36 años, ingresó a la Academia Pontificia, la rigurosa escuela donde se forman los miembros del servicio exterior de los pontífices romanos. Su tarea pastoral la ha desarrollado en la sección para las relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado y en las nunciaturas de Burundi, República Centroafricana y Chad. Tras su inmersión en la compleja y doliente realidad africana, el 9 de julio de este año fue nombrado Nuncio apostólico en México. Arribó al país en un vuelo nocturno el pasado 28 de septiembre. Está en espera de que en Los Pinos le señalen fecha para la presentación de sus cartas credenciales. ¿Cuál es la función de un Nuncio Apostólico? Como enviado personal del Obispo de Roma tiene una doble misión: Primero, se le encomienda ser vínculo de unidad entre el Papa y la Iglesia local, y segundo, promover y fomentar las relaciones entre las autoridades civiles y la Sede Apostólica. Son dos responsabilidades: una de carácter intereclesial, la otra  política y diplomática. El Nuncio Coppola llega a México con instrucciones de su superior, el Papa Francisco, quien se distingue por haber dejado de lado las formas, estilos y métodos tradicionales en el anuncio del evangelio. Deplora la expresión de un catolicismo autorreferencial, es severo crítico del modelo económico de globalización neoliberal, propugna por una Iglesia menos rígida, más misericordiosa y es aguerrido defensor de los refugiados y del medio ambiente. Sus encíclicas y documentos: Evangeli Gaudium (La alegría del evangelio); Lumen Fidei (La luz de la fe); Laudato Si (Alabado Seas), y Misericordiae Vultus (El rostro de la misericordia) contienen el programa básico de su pontificado. Son las líneas que Franco Coppola seguirá en el cumplimiento de su oficio. La conducción de esa estrategia eclesial -digamos franciscana- deberá aplicarla en nuestro país cuando vivimos momentos críticos: la economía no crece y la pobreza está enquistada, la democracia no satisface, la corrupción, el crimen organizado y la inseguridad forman un síndrome cancerígeno que destruye al Estado de derecho. Las instituciones están rebasadas por la problemática y escasean los liderazgos con autoridad moral. A esta realidad interna deben agregarse los negros nubarrones que nos amenazan desde el norte. Las tendencias políticas norteamericanas, con Trump o con Clinton, son las más negativas en muchas décadas: comercio y remesas, de los que depende la sobrevivencia de miles de familias mexicanas, están en riesgo. A este México irritado, confundido por la demagogia y ensangrentado, pero a la vez luchón, con fe y cantador, es al que llega el legado de Francisco, el Nuncio Coppola, a tender su mano. ¡Bienvenido!   Luis Felipe Bravo Mena, ex Presidente Nacional del PAN y Embajador de México ante la Santa Sede (2005-2008). Twitter: @LF_BravoMena
MA
Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.