Opinión

Fomentar diálogo y cultura del encuentro con los jóvenes

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Por Maricarmen Rizo
urna Por Alan D. Ávila Magos. Es común que al hablar sobre los jóvenes se les considere como el futuro de un país. Esta manera de ver la realidad nos ha ayudado a nosotros, los jóvenes, a empoderarnos poco a poco en lugares y posiciones que nunca hubiésemos logrado imaginar. Sin embargo, necesitamos cambiar este paradigma, ya que más que ser el futuro, somos el presente de México. Razones sobran para hacer esta afirmación. Actualmente, México cuenta con una población juvenil de 37 millones y medio, entendiéndose como joven, de acuerdo a la ley, al sector poblacional que comprende una edad entre los 12 y 29 años. Esto representa al 31 por ciento de la población total de los mexicanos. Si realizamos nuestro análisis en el campo electoral, el INE reporta al 25 de noviembre del año en curso un padrón electoral de 84 millones 986 mil 029 personas, de las cuales 25 millones 254 mil 674 pertenecen al sector joven. En porcentaje representa casi el 30 por ciento de la población en México que tiene posibilidades de votar. Más allá de ver números y cifras en esta población juvenil, como panistas defensores de la doctrina humanista, es nuestra convicción ver personas que anhelan, tienen sueños, necesidades y aspiraciones lícitas para vivir de manera digna. Además, como partícipes de una institución política es nuestro deber también fomentar en todos los jóvenes ese despertar político–ciudadano, para que pasen de espectadores a actores. Lo ideal sería que todos los jóvenes participaran de lleno y se involucraran en la vida política de México. Sin embargo, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Valores en Juventud 2012, el 89 por ciento de los jóvenes no está interesado en la política y el 45 manifestó no simpatizar con partido político alguno. Es decir, prácticamente 9 de cada 10 jóvenes no desean conocer sobre la política y mucho menos involucrarse. Con estos jóvenes está nuestro principal reto. Durante estos últimos meses hemos visto como el abstencionismo de los jóvenes en la política ha cambiado de manera radical el destino de naciones. Para demostrarlo basta mencionar dos casos: el Brexit y el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. En el primero, vimos como los mayores de 40 años fueron los que definieron la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Y aunque la mayor parte de los menores de 40 años manifestaban estar en contra de esta medida, no todos llegaron a votar, por lo que la medida tomada por los adultos ha marcado de por vida el futuro de los más jóvenes. El segundo caso tuvo que ver también con el desencanto de la política norteamericana. Las encuestas marcaban una clara tendencia de los jóvenes para elegir a Bernie Sanders como futuro presidente de los Estados Unidos de América. Tras la nominación de Hillary Clinton como candidata demócrata, los jóvenes simpatizantes de Sanders no fueron convencidos por la propuesta de ella y terminaron alejándose del proceso electoral. Para evitar situaciones similares en México, necesitamos involucrar a los jóvenes más allá de los discursos y palabras de mítines. Es nuestro deber interactuar con ellos, invitarlos a la política y prepararlos para hacerlos ejecutores. Hay dos temas en los cuales los jóvenes estamos muy interesados: educación y empleo. Sabemos que estos temas no se van a resolver de la noche a la mañana, pero tampoco somos ingenuos ni podemos seguir esperando. Una muestra es la actual crisis del Gobierno federal, la cual afecta directa e indirectamente el tema juvenil. Para empezar, el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE) no tiene el nivel de secretaría y se encuentra sectorizado a la Secretaría de Desarrollo Social, lo que genera una percepción de que los jóvenes somos un sector vulnerable y no un sector que debe empoderarse a través de políticas públicas con un enfoque de transversalidad. Como consecuencia, los esfuerzos realizados por el gobierno son aislados y mediocres, y no involucran a las otras áreas del gobierno. Las políticas poco coordinadas y sin una medida real de los avances generan un remolino de acciones sin sentido, que no han hecho progresar a los jóvenes más que en el discurso. Por esta razón, es que los gobiernos de Acción Nacional tenemos que marcar la diferencia para demostrar a los jóvenes que somos la opción para el desarrollo de la juventud. En el 2017, tenemos que asumir el reto de seguir conquistando gubernaturas y ayuntamientos para que el PAN demuestre, una vez más, de lo que son capaces nuestros gobiernos. Los políticos panistas tenemos que fomentar el diálogo y la cultura del encuentro con los jóvenes, para marcar la diferencia con el resto de los partidos que están acostumbrados a ejecutar sin consultar o imponer soluciones muy alejadas de la realidad. El siguiente reto será el 2018, en donde tendremos que involucrar aún más a todos los jóvenes. Necesitamos volver a vivir el fenómeno del año 2000, cuando los mismos jóvenes fueron los que demostraron cómo la unidad y los sueños pueden más que la división y el miedo. La tarea no será sencilla y es por eso que desde este momento le pido a todos los políticos que volteen a vernos, que se acerquen a nosotros sin tener miedo, pues nosotros seremos los herederos del Partido Acción Nacional y del México que merecemos. Seamos ese factor de cambio para que más jóvenes logren cumplir sus metas y tengan una vida más digna. Por eso y más, ¡hagámoslo!   Alan D. Ávila Magos es Secretario Nacional de Acción Juvenil. Twitter: @AlanAvilaMagos
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Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.