Contar la historia

Flores Morfín: el científico y el político  

MA
Por Maricarmen Rizo · 5 min de lectura
  Por José Luis Espinosa Piña.   La partida del doctor Jesús Vicente Flores Morfín nos duele porque fue una persona excepcional desde muchos puntos de vista. Dejó muchos recuerdos y vivencias tras de sí, pues tuvo una vida fecunda, intensa y ejemplar. Nuestros senderos convergieron en trayectoria política y profesional. Ambos habíamos sido legisladores locales en nuestros estados por la misma época, pero fue hasta el año 2002 en que coincidimos en el camino. Nos unió la circunstancia de ser los dos primeros panistas en haber llegado a la Secretaría de Educación Pública como Delegados Federales, venciendo las enormes resistencias que había en el sector educativo. De esa manera, iniciaba una amistad que se prolongaría hasta el día en que Jesús Vicente acudió al llamado de Dios. Aquellos años fueron cimentando una relación fraterna que continuaría en la Cámara de Diputados (LX Legislatura federal, 2006-2009) y en el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE, 2009-2014). Chuy, como le decíamos sus amigos, era un personaje que llamaba la atención por su carencia de complejos: siempre espontáneo, desinhibido y sumamente amigable con todo mundo. Para  quienes juzgaban sólo su aspecto externo, parecía el típico “profesor distraído”, más preocupado por sus ideas que por su persona. ¡Qué equivocados estaban! Era mucho más que eso, era un hombre de valor e integridad que poseía el don de la amistad. Esposo y padre ejemplar de tres hijos, estudió ingeniería en el Tecnológico de La Laguna. Hizo su maestría en el Tec de Monterrey y fue aceptado en la Universidad de Texas en Arlington, Estados Uinidos, en donde obtuvo su doctorado en Inteligencia Artificial y se especializó en Robótica. Con una mente dotada para las matemáticas complejas, fue pionero en México en esas disciplinas. Ejerció por varios años la docencia y la investigación en el Instituto Tecnológico de Torreón, al tiempo que militaba activamente en el PAN. Su estilo de vida y congruencia eran un referente de calidad moral e intelectual ante la comunidad. ¡Cómo se extraña en estos tiempos a gente así! En la trayectoria política del doctor Flores Morfín se incluye también el haber sido Consejero y Presidente del PAN en Coahuila. Como académico y profesionista obtuvo logros importantes hasta el último momento: era el actual responsable de toda la estrategia de MOOCS (Massive Open On-Line Courses) de la Secretaría de Educación Pública, concepto que él introdujo en la agenda educativa nacional. Referiré en unas cuantas pinceladas otros aspectos de la vida de Chuy. En 2009, el inolvidable Alonso Lujambio me había brindado su confianza para estructurar un ambicioso proyecto de trabajo al frente del ILCE (Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa), organismo internacional autónomo fundado por la UNESCO. Entonces, invité a Chuy Flores, dada su experiencia y conocimientos, para dirigir el Centro de Estudios en Comunicación y Tecnologías Educativas. Como bien apunta Alejandro Avilés, otro amigo y colaborador entrañable de aquellos fructíferos años, Chuy se distinguió por su dinamismo, sencillez y calidad humana. Fue una de las cabezas de un proyecto multinacional (ADL, Advanced Distributed Learning) lanzado en Orlando, Florida, para el desarrollo de un protocolo en sistemas informáticos llamado SCORM, en donde se destacó como toda una autoridad en la materia. Acudió a dar conferencias a lugares como Noruega, Brasil, Gran Bretaña, España, Estados Unidos, Canadá y Argentina. Con ese prestigio bien cimentado, un buen día tuve el gusto de ver cómo era investido como miembro de la Academia Mexicana de Informática, con todos los honores, constatando así el respeto y reconocimiento que sus colegas le tenían. La ausencia de vanidad en Jesús Vicente era rasgo distintivo. Carecía de toda ambición material y de poder,  vivía feliz con el producto de su trabajo y con sus metas profesionales. Por eso, cuando sufrió la incomprensión y la mezquindad siendo presidente del Partido en Coahuila, decidió renunciar sin más al cargo. Siguió siendo buen panista toda su vida y fue ignorado. Es triste ver cuando alguien honorable y decente ya no es valorado en su propia casa. Chuy había dejado de ser importante para el PAN en el momento en que más se le apreciaba en otros lados como intelectual y científico. Cierta vez asistí con él a la cena anual de la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (FUMEC), en donde lo tenían en muy alta estima. Después de platicar con la élite científica, entre quienes se encontraba el Premio Nobel, Mario Molina, los presentes en la mesa no daban crédito cuando el doctor Flores les platicaba que había sido diputado... y de Acción Nacional. Ese “desprestigio” no cuadraba con su respetabilidad académica a los ojos de tan distinguidos comensales. Una noche le tocó compartir mesa y charla con Bill Gates, en un congreso especializado en Cartagena de Indias, Colombia. No sé cuántos mexicanos, muy pocos sin duda, hayan vivido una experiencia similar, pero Chuy con su humildad característica no le daba mayor importancia al asunto. En otra ocasión, estando en la ciudad de Santo Domingo fuimos invitados a tomar el café con el entonces Presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández, amante de la tecnología y a quien mucho preocupaba la educación de su pueblo. Nos compartió que había echado a andar un parque tecnológico en su país y un audaz programa educativo, así que le pidió al doctor Flores que se quedara dos meses en la nación caribeña para ayudarles. Éste, con su proverbial sencillez, declinó cortésmente, pues ya tenía “otros compromisos”. La humildad en Jesús Vicente Flores Morfín era báculo de grandeza. Ese era mi gran amigo, el inolvidable Chuy. Descanse en paz.