Internacional

España vuelve a las urnas

MA
Por Maricarmen Rizo · 5 min de lectura
Por Miguel Ángel López Lozano. Como era de prever, los españoles vuelven a las urnas el próximo 26 de junio con motivo del fracaso del Partido Socialista (PSOE) a la hora de alcanzar un acuerdo de investidura. Responsabilizó al PSOE porque aunque las elecciones las ganara el Partido Popular (PP), desde el primer minuto ningún partido quiso sentarse a negociar con ellos para llegar a un pacto de estabilidad. El líder socialista hizo todo lo posible por arrinconar al PP para garantizarse el protagonismo de cualquier alianza postelectoral, creyendo que conseguiría doblegar al populista Pablo Iglesias (Podemos), pero el desastroso resultado de semejante ingenuidad ha sido mandar de nuevo a los españoles a las urnas. Tras las elecciones del pasado 20-D, los candidatos quisieron monopolizar las palabras “acuerdos” y “pactos” erigiéndose en portadores de la solución definitiva al complicado panorama político fruto del auge de los llamados partidos emergentes. Partidos que han surgido del descontento ciudadano con respecto a la vieja política, similar efecto al que está ocurriendo en EE.UU. con el auge de Trump o Sanders. Pero a la hora de la verdad, estos nuevos partidos, teóricamente alejados de las malas praxis de los de antaño, finalmente acaban emulando a Benjamin Button y nacen viejos, dando lugar a una realidad desoladora para todos aquellos votantes que confiaron en que era posible una nueva forma de hacer política. Una vez más, los políticos han preferido velar por sus intereses personales aparcando el Bien Común de los ciudadanos. Como afirmé en un anterior artículo, el bipartidismo ha llegado a su fin abriendo un escenario inédito en la reciente historia de España. Las mayorías absolutas han cedido terreno forzosamente a la política de acuerdos y pactos postelectorales. Nunca antes la tercera y cuarta fuerza habían alcanzado casi el 25 por ciento de los votos, por lo que resulta imposible a corto y medio plazo que un partido obtenga las añoradas mayorías absolutas del pasado. Ante este escenario, el peor parado es el PP, pues ha conseguido el inédito record de aunar a todos en su contra. El odio irracional de la izquierda hacia todo lo que huele a liberal/conservador dificulta la gobernabilidad del país. Al PP únicamente se le puede reprochar el enrocamiento de su líder. Mariano Rajoy, cuestionado dentro y fuera de su partido, se ha mantenido férreamente sujeto a su asiento sin entender que una muestra de generosidad extrema, podría haber logrado un gobierno moderado, o el ansiado gobierno de concentración PP-PSOE querido por las élites empresariales del país. El odio irracional se focalizó en su persona. Un paso a un lado hubiera supuesto el apoyo del emergente Ciudadanos (Cs), y aunque no fuera suficiente, hubieran conseguido sentar al PSOE en la mesa negociadora. El poder abstrae a los gobernantes y la Presidencia del Gobierno hace perder el sentido de la realidad, es un mal endémico que sufren todos los líderes, y que se agrava si sus círculos de asesores complacientes repiten una y otra vez lo que ansían oír a modo de bufones. El centro derecha necesita un cambio profundo de líderes que devuelva al PP a sus orígenes ideológicos como demandan sus bases y borre cualquier huella de corrupción. Si no retoma sus principios, tiene el riesgo de que alguna de las iniciativas surgidas de la sociedad civil de forma a un proyecto serio que cada vez suena más en ambientes conservadores. Pedro Sánchez (PSOE), con un liderazgo muy debilitado y vigilado de cerca por la dirección de su partido, firmó un acuerdo tempranero con Ciudadanos (Cs) para maquillar cualquier imagen extremista. Parapetado en ese pacto, buscó el apoyo de Podemos, pero la formación populista-bolivariana únicamente quiere un gobierno formado por partidos de izquierda. Dos meses de negociaciones que nos han dejado a un Pedro Sanchez necesitado de gobernar para asegurar el liderazgo de un partido que al mínimo error pedirá su cabeza; un Mariano Rajoy sin capacidad de movimientos, a expensas de los heroicos que hubieran dado una mínima esperanza, pero no parece ser que la magnanimidad sea el valor predominante entre nuestros políticos; un Albert Rivera (Cs) que ha jugado bien sus cartas, y a pesar de su cuarta posición ha sabido posicionarse como árbitro y freno del populismo, y un Pablo Iglesias (Podemos) que ha jugado como ha querido con un Pedro Sanchez con la única finalidad de noquear  al PSOE, buscando monopolizar la izquierda en España. Las últimas encuestas del CIS indican que el PP cedería un poco más de un punto porcentual; el PSOE medio punto; Podemos casi tres puntos siendo el más perjudicado; y Ciudadanos, el más beneficiado, ganaría casi dos puntos. De ahí, la importancia de la alianza electoral entre IU y Podemos, aunando a toda la extrema izquierda en una papeleta podrían dar caza al PSOE, difícil tarea, pero no imposible. Ante este panorama tan complejo, todo parece indicar que se repetirá el escenario del 20-D, volviendo al mismo escenario del principio, por lo que se hace imprescindible una reforma de la Ley Electoral. La gobernabilidad únicamente se garantiza con una segunda vuelta que enfrente a los dos partidos más votados. Los ciudadanos demandan una regeneración democrática en profundidad que desarrolle y perfeccione nuestro sistema, ha llegado la hora de dar un paso más allá y realizar una serie de reformas que acerquen la política a los ciudadanos bajo los principios de la trasparencia y la participación. Miguel Ángel López Lozano es analista político. Twitter: @malopezlozano