Internacional

España, ingobernable

MA
Por Maricarmen Rizo · 5 min de lectura
mariano rajoy Por Miguel Ángel López Lozano. Todo indicaba que el Partido Popular (PP) perdería un par de escaños o en el mejor de los escenarios igualaría su resultado, que Podemos en alianza con Izquierda Unida (IU), bajo el paraguas de un reeditado “Frente Popular”, llevaría a cabo el temido Sorpasso al Partido Socialista (PSOE) asumiendo el liderazgo de la izquierda, y que Ciudadanos (Cs) cedería escaños a raíz de su entreguismo al PSOE en la pasada negociación. Ningún sociólogo o encuesta demoscópica fue capaz de vislumbrar el llamativo crecimiento del PP, a excepción de Pedro Arriola, el controvertido asesor áulico de Mariano Rajoy. Su estrategia caló rápidamente en el Presidente en funciones y en su equipo de campaña: “Rajoy debía forzar la repetición electoral y repetir como candidato porque ganaría un millón de votos”. Su argumentación se basaba en que muchos de los votantes del PP se abstuvieron el 20-D, exteriorizando un voto de castigo motivado por los incumplimientos en materia fiscal, la débil política antiterrorista, los numerosos casos de corrupción que asolan al PP día sí y día también, y el incumplimiento de la eliminación del Aborto como un derecho. La estrategia era clara, si Rajoy era capaz de apelar al voto útil con un discurso centrado y moderado, sería capaz de recuperar el electorado del centro derecha que o se abstuvo, o se fugó a Ciudadanos. Únicamente tenía que calar entre los votantes el miedo a Podemos potenciando sus nexos con la dictadura venezolana y el régimen iraní, alertando del riesgo que supondría un gobierno populista para el sistema democrático español, y la senda de crecimiento que tan buen resultado comienza a dar. Y así fue. Una vez más, ha vuelto a reflejarse que el éxito reside en el Centro político y que los electores huyen de los extremismos. El PP obtuvo 14 escaños más, ampliando a 52 diputados su diferencia con la segunda fuerza política. El PSOE mantiene la segunda posición a pesar de ceder nuevamente escaños y situarse en los 85 diputados, su peor resultado desde que Indalecio Prieto consiguiera 99 diputados en 1936. La coalición Podemos/IU fue la sorpresa de la jornada, no sólo no obtuvieron el Sorpasso anunciado por todas las encuestas, sino que se dejaron por el camino entorno a un millón de votos, y Cs cedió ocho diputados a raíz de la eficaz estrategia del voto útil. El escenario es similar al del 20 de diciembre, aunque el Partido Popular sale fortalecido al ser la primera preferencia de los españoles, ampliando su diferencia con el PSOE. Sigue estando muy lejos de una mayoría absoluta que le dé seguridad en la gobernabilidad, y vuelve a necesitar del apoyo directo del PSOE o de la abstención del PSOE y Cs para gobernar con una minoría endeble, que le auguraría una legislatura no superior a los dos años. Mariano Rajoy requiere el apoyo de un PSOE que sufre una crisis de liderazgo sin precedentes. Sus barones territoriales, con la presidenta andaluza a la cabeza, piden sentido común y leer los resultados con cabeza, pero Pedro Sanchez huye hacia adelante en solitario volviendo a manifestar su NO a la investidura de Rajoy. Rechaza la oferta de Gran Coalición manifestada por activa y pasivo por los populares entre los dos grandes partidos, sistema exitoso en gran parte de los países del norte de Europa. Coalición que a la vez serviría para frenar el auge de los partidos emergentes y reconducir el sistema bipartidista español. Por otro lado, resulta insólito el anclaje de los políticos españoles al sillón. El ex secretario socialista Rubalcaba dimitió por un resultado mucho mejor que el obtenido por Pedro Sanchez, y el Primer Ministro Inglés, David Camerón, ha tomado una decisión similar tras el triunfo del Brexit. Pedro Sanchez, tras obtener uno de los peores resultados del PSOE en décadas, decidió irse a la playa con su mujer. Podemos, inmerso en una crisis interna de liderazgo y en continua reformulación ideológica, aviva el fantasma de la coalición de izquierdas que rechazó en la pasada negociación, con el fin de mantener cierto protagonismo en el panorama actual. Dicha coalición se prevé casi imposible porque supone poner de acuerdo a todos los grupos contra el PP. Ciudadanos también puja por no perder protagonismo a pesar de su ínfimo resultado, ha anunciado que permitirá gobernar a Mariano Rajoy en minoría, y desde la oposición tratarán de recuperar fuerza apelando al centro político que trata de capitalizar. España ha cambiado, las mayorías absolutas han cedido terreno a la política de pactos y coaliciones. Europa y el mundo demandan un gobierno estable que continúe con la agenda de reformas que ha posicionado a un país con el mayor índice de paro de la zona euro, en el principal motor de crecimiento europeo. Después de 200 días sin gobierno, ha llegado el momento de ceder y dejar de mirar intereses personales o de partido, y velar por el Bien Común. Previsiblemente estamos abocados a un gobierno del PP en minoría que no tendrá más de dos años de duración y con la limitación de no contar con una mayoría en el Congreso que apoye sus reformas. De ahí que sigamos demandando una reforma estructural en las reglas del juego, se hace imprescindible una Reforma Electoral que entre otras cuestiones permita gobernar con soltura al Partido que gane las elecciones.   Miguel Ángel López Lozano es analista político. Twitter: @malopezlozano