Contar la historia

Entrega sin límite por La Nación

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Por Maricarmen Rizo · 5 min de lectura
  Por Sergio Rodríguez Colín. El nombre de Rosa María Cantero Salazar ha estado ligado por casi 20 años a la historia, administración y distribución de la revista La Nación. Sin embargo, lo verdaderamente importante y valorable del trabajo que Rosy ha desempeñado es el cariño y devoción que durante todo este tiempo le ha dado al órgano informativo oficial del PAN. Sin temor a equivocarme, me atrevo a decir que La Nación es parte fundamental en la vida de nuestra entrevistada. Licenciada en Contaduría por la Universidad Nacional Autónoma de México, Rosy ingresó a las filas de la revista en 1997, bajo la dirección de Silvino Silva, periodista oriundo de Sinaloa. Recuerda que su llegada se debió a que presentó su currículum a una bolsa de trabajo, la cual posteriormente la canalizó al Partido Acción Nacional. “Creo firmemente que este puesto es el que siempre quise desempeñar, ya que fui seleccionada entre varias candidatas. Aún sigo muy emocionada por las palabras de bienvenida que me dio mi jefe: bienvenida al Partido Acción Nacional”. Durante los años que ha estado en la revista, Rosy ha tenido la oportunidad de conocer desde los grandes personajes de Acción Nacional hasta aquellos héroes anónimos que día a día conforman la historia de La Nación. “Mi trabajo ha sido una experiencia que va más allá de un simple empleo, me ha permitido conocer gente muy valiosa e importante para la vida de mi país y de mi familia”. Como encargada de la administración de la revista, la también madre de dos excelentes hijos, Mauricio y Arantza, ha interactuado con seres humanos extraordinarios y de una calidad humana por demás resaltable, tal es el caso de don Alejandro Avilés, quien fuera director y colaborador de este medio informativo por muchas décadas. “Tuve el privilegio de conocer al profesor Alejandro Avilés. Recuerdo con grato sentimiento verlo venir y dejar su colaboración semanal, la cual redactaba en una máquina de escribir mecánica, misma que conservamos dentro de la revista. Comparto con mucha emoción la distinción que tuvo conmigo al invitarme a la residencia oficial de Los Pinos, en donde le entregaron un reconocimiento por su trayectoria periodística”. Al conocer a personajes de esta talla, quienes derrochaban cariño por el PAN y se mostraban firmes en sus ideales, fue que nuestra amiga Rosy decidió ingresar y colaborar como militante con el Partido, para hacer, desde su trinchera, el mejor esfuerzo y cambiar la realidad de México. “Convencida de los valores que promueve Acción Nacional, tome la decisión de capacitarme y ser miembro del Partido. Mis iniciadores fueron Salvador Abascal y Federico Ling Altamirano, prominentes capacitadores que me transmitieron la esencia humanista del PAN”. Tratar con Federico Ling le dio la oportunidad de conocer a otro destacado panista, Carlos Castillo Peraza, lo cual sucedió cuando el primero fue nombrado director de Palabra y quien le pidió a Rosy ser la administradora de la revista fundada por el político yucateco. “Tanto del ingeniero Ling Altamirano como del licenciado Castillo guardo los mejores recuerdos por su gran calidad humana. Después de algunos años, el destino se encargó de que pudiera trabajar bajo las ordenes de su hijo, Carlos Castillo, en su carácter de director de La Nación”. Héroes anónimos A lo largo de estos casi 20 años, nuestra entrevistada ha trabajado con diversos métodos de distribución. Anteriormente, la revista era repartida por los Comités Municipales y militantes leales que se convertían en la voz del Partido en cada comunidad. Hoy día, apunta, la disposición de La Nación se hace por media del servicio de mensajería. Conocer a los distribuidores que de corazón y sin ningún interés monetario colaboraban con la revista fue muy importante para Rosy, ya que gracias a este acercamiento se dio cuenta de que existe gente muy noble, bondadosa y espiritual en Acción Nacional. “Entre los militantes que conocí estuvo Manuelito Chávez de Uruapan, Michoacán, quien al pisar las oficinas del Comité Ejecutivo Nacional sus ojos se llenaron de lágrimas y miro al cielo para dar gracias a Dios por haber conocido el CEN. De él aprendí que hay que dar mucho amor a nuestro prójimo, pues al despedirse me mandaba muchas bendiciones”. Otro distribuidor inolvidable para Rosa María Cantero fue el veracruzano Miguel Morales, quien a pesar de su avanzada edad distribuía las 300 revistas que se mandaban al Comité Estatal. En una ocasión, señala, lo atropellaron y destruyeron su bicicleta, situación que lo entristeció por los días de atraso. En un día podía visitar hasta cinco municipios. “De Ojocaliente, Zacatecas, conocí a Miguel de Jesús González. A él le mandábamos 30 ejemplares para su distribución, cuando la revista tenía uno o dos días de atraso me hablaba para investigar por qué no le había llegado. Me decía que el párroco de la iglesia y los feligreses le preguntaban con insistencia por La Nación”. Mención especial merece para Rosy el señor Víctor Banda, de quien valora el empeño por distribuir lo más pronto posible la revista, a fin de que la información no se retrasara. Rosy Cantero agradece finalmente a todos sus amigos y compañeros de trabajo, entre los que tengo el honor de estar, por la convivencia y experiencias compartidas, pero sobre todo da las gracias al PAN y a La Nación por permitirle ser parte del cambio de nuestro país.