Entre Keiko en Perú y De la Espriella en Colombia, ¿qué acciones digitales los llevaron a la victoria?
Las victorias de Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia dejaron una lección para la política: las redes sociales ya no son un escaparate para difundir propuestas. Son el espacio donde se construye identidad, se ordena la conversación y se mantiene movilizada a una comunidad. Ninguno de los dos ganó únicamente por el uso de internet. En ambos países influyeron problemáticas sociales que no se han resuelto: la inseguridad, la polarización y la desigualdad. Sin embargo, los resultados fueron tan cerrados que cualquier ventaja para conectar, convencer o movilizar fue decisiva. Fujimori venció con poco más del 50 por ciento de los votos, mientras De la Espriella se impuso por menos de un punto porcentual.
En Perú, Keiko demostró que publicar más no necesariamente significa comunicar mejor. Durante la segunda vuelta, su contrincante Roberto Sánchez produjo más contenidos, pero Fujimori consiguió más reacciones y comentarios. Su fortaleza estuvo en una comunidad acumulada durante años y en una comunicación capaz de transformar cada publicación en conversación pública.
Su campaña aprovechó los formatos breves, la exposición de una faceta más cercana y la repetición disciplinada de mensajes asociados con seguridad, estabilidad y experiencia. En una elección fragmentada, esa claridad le permitió conservar reconocimiento, reducir la distancia con sectores que antes la rechazaban y mantener activos a sus simpatizantes hasta la jornada electoral.
El caso colombiano fue todavía más evidente: De la Espriella convirtió su identidad digital en una estructura política; “El Tigre”, los “Defensores de la Patria”, los símbolos nacionales y su discurso de mano dura formaron una narrativa fácil de reconocer y compartir. A ello sumó videos cortos, influenciadores, inteligencia artificial, humor y contenidos emocionales diseñados para que circularan fuera de sus cuentas oficiales.
Mientras su rival reaccionó tarde y mantuvo durante buena parte de la campaña formatos largos, De la Espriella entendió que en redes no basta con tener un mensaje: hay que adaptarlo al lenguaje de la plataforma. Una idea compleja debe convertirse en una frase, una imagen o un video que la audiencia recuerde y quiera compartir.
La enseñanza tampoco consiste en sustituir territorio por tecnología. Las redes funcionan cuando fortalecen una organización real: candidatos, partidos, simpatizantes, creadores y voceros deben actuar como una comunidad coordinada, capaz de repetir una narrativa sin que todo dependa del perfil oficial.
Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella mostraron que el algoritmo no reemplaza al voto, pero sí puede influir en el camino que conduce hacia él. En elecciones cerradas, dominar la conversación digital significa llegar con mayor fuerza al momento de movilizar, persuadir y defender una causa. La conclusión es clara: quien no construya comunidad digital llegará tarde a la conversación y, probablemente, también a las urnas.