Nacional

El tipo de cambio y las finanzas públicas

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Por Sergio Rodriguez · 5 min de lectura
Por Javier Obregón Ruiz. El tipo de cambio, en términos generales, es el precio de un país en relación a otro. En esta ocasión, hablaremos sobre el tipo de cambio nominal, que es la relación entre el precio de dos monedas, es decir, el número de unidades de cierta moneda que debe intercambiarse para obtener cierta cantidad de otra, mientras que el precio se fija en el mercado a través de la interacción entre la oferta y la demanda. Al inicio del presente sexenio, el tipo de cambio del peso frente al dólar oscilaba los 13 pesos/dólar. Hoy, vemos con desgracia que esa relación ha superado los 20 pesos/dólar y sentimos que podría seguir subiendo. Vale la pena preguntar a qué se debe esta situación. En orden cronológico, desde el inicio del sexenio de Peña Nieto, la primera fuente de depreciación del peso fue la caída del precio del petróleo, que representaba la tercera parte de los ingresos públicos. Aquí comienzan nuestros problemas cambiarios. Ante la caída en los ingresos petroleros, se cambiaban menos dólares por pesos, lo que originó que la demanda de pesos cayera y por consiguiente nuestro peso se debilitara. A esta situación, hay que agregar que hemos dejado de producir y exportar petróleo. En 2013, el gobierno esperaba que la plataforma de producción y exportación de este insumo fuera de 2 mil 550 y mil 184 millones de barriles diarios (mdb) respectivamente, para 2017 la plataforma esperada de producción petrolera es de 2 mil 130 mdb, mientras que la de exportación está calculada en 775 mdb. Lo anterior equivale a una caída del 16.47 por ciento en la producción, y de 34.5 en la exportación de petróleo. La reducción en el precio como en la producción de petróleo, nos ha llevado a una caída muy importante en los ingresos petroleros, así como a un enorme déficit en cuenta corriente. En segundo lugar están los fenómenos macroeconómicos de gran impacto mundial, como la crisis de deuda de Grecia y la desaceleración de la economía China. Estos dos sucesos llevaron fuertes capitales de todo el mundo hacia Estados Unidos, presionando la demanda por dólares. De ahí que esta moneda se haya fortalecido (o apreciado) frente al resto de las monedas. En tercer lugar tenemos la normalización de la política monetaria de Estados Unidos. La Reserva Federal de aquel país, mantuvo durante muchos años una política de tasas de interés de cero, con la finalidad de estimular su economía y salir de la crisis de 2009. Cabe señalar que una tasa de interés de cero no es sostenible en el tiempo para el Banco Central, porque cuando la economía comienza a recuperarse surgen presiones inflacionarias. Dado el aumento de las tasas de interés en nuestro vecino del norte, muchos capitales extranjeros en México, especialmente aquellos que tenían deuda del gobierno, comenzaron a salir del país con la esperanza de encontrar un mayor rendimiento. Esta situación también presiona nuestro tipo de cambio, porque los extranjeros cambian pesos por dólares para llevárselos a Estados Unidos. Hoy en día, la caída en el precio del petróleo ya no está correlacionada con el movimiento de nuestro tipo de cambio. Ahora nuestra moneda pierde fuerza ante la amenaza de mayores alzas en la tasa de interés en Estados Unidos y por la elección presidencial de aquel país. Pareciera que siempre existe alguna razón del exterior para explicar la depreciación constante del peso, pero olvidamos lo verdaderamente importante: nuestra política económica interna. Anteriormente, mencionaba que la caída en la producción petrolera ha ocasionado un déficit en cuenta corriente. Este cálculo en conjunto con la cuenta financiera, conforman la balanza de pagos, que es el registro de todas las operaciones que hace un país con el resto del mundo. En teoría, la suma de ambas cuentas debe ser cero (de ahí que se llame balanza), pero en realidad no necesariamente sucede así. Si financiamos el déficit en cuenta corriente con un superávit en la cuenta financiera, de tal manera que la suma de ambas fuera positiva, entonces acumulamos reservas internacionales. Por el contrario, si la cuenta financiera no basta para cubrir el déficit en cuenta corriente, perdemos reservas. Éste último es nuestro caso. Esta es la verdadera razón por la cual nuestro tipo de cambio se deprecia constante y aceleradamente. Los mercados de capitales internacionales observan que no somos capaces de cubrir nuestro déficit en cuenta corriente, y sumado a una gran deuda nacional que cerrará el año por encima del 50 por ciento del PIB, provoca que los mercados pierdan la confianza en el dinero que tienen invertido en valores del gobierno y salgan del país en forma de dólares. ¿Qué hacer entonces? La salida menos perjudicial para el poder adquisitivo de las familias es que el Gobierno federal realmente se “ajuste el cinturón” y ponga orden en las finanzas públicas. El Estado mexicano debe asumir la responsabilidad de gastar menos y ayudar a cerrar el déficit en cuenta corriente, de lo contrario, corremos el enorme riesgo de que nuestra moneda se siga depreciando, tengamos una inflación mayor y nos enfilemos a las tristemente célebres crisis de final de sexenio, típicas del PRI-gobierno. Criterios Generales de Política Económica 2013. p.54. Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Disponible en:www.finanzaspublicas.hacienda.gob.mx/work/models/Finanzas_Publicas/paquete_economico/cgpe/cgpe_2013.pdf