El ramo 23: la opacidad del gasto
Por Salomón Guzmán.
Para 2018 la suma del presupuesto para los ramos 23, 28 y 33 apenas crecerá 3.6 por ciento en términos reales. Los ingresos del Ramo 28 pertenecen al gasto no programable, su evolución depende de la recaudación fiscal participable, de la actividad económica y petrolera. No se etiqueta y no tiene un fin o destino específico en su gasto. Tiene la característica de ser resarcitorio y su objetivo es generar incentivos para incrementar el crecimiento económico, así como el esfuerzo recaudatorio.
Por otro lado, los ingresos que provienen del Ramo 33 pertenecen al gasto programable y se garantiza su entrega de manera independiente al desempeño económico y de recaudación fiscal. Es de carácter compensatorio, es decir, su función tiene que ver con asignar recursos de acuerdo al nivel de rezago y necesidades sociales en temas relacionados a salud, educación e infraestructura. La Auditoria Superior de la Federación se encarga de su revisión y auditoria.
Los ingresos federales del Ramo 23 se destinan para apoyar el desarrollo regional de los municipios de manera específica, por ejemplo, al programa del fondo metropolitano, regional, pavimentación, cultura, personas con discapacidad e infraestructura deportiva, etcétera. De acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2018, el Ramo 23 representa el 9 por ciento de los ingresos federales, el Ramo 28 el 49 y el Ramo 33 el 42.
En el presente año, el crecimiento monetario de la suma total de los tres ramos es poco más de 130 mil millones de pesos, es decir, un crecimiento real del 3.6 por ciento, cifra aún insuficiente frente a las necesidades sociales. De forma individual y real, los ingresos del Ramo 23, 28 y 33 incrementarán 13.2, 4.3, y 0.8 por ciento, aproximadamente.
De 2013 a 2018, la bolsa de los recursos de cada ramo presenta acumulaciones distintas. Por ejemplo, los ingresos del ramo 23 bajo el mandato de Peña Nieto, prácticamente se duplicaron, los del ramo 28 apenas son 1.5 veces el presupuesto de 2013 y los del ramo 33 son 1.4 veces el presupuesto de 2013. En ese contexto, cabe recordar que los rubros del ramo 23 son los recursos más polémicos del Presupuesto de Egresos de la Federación y su administración es exclusiva de la SHCP. Con otras palabras, la opacidad de los recursos y la discrecionalidad de su destino son las características principales del gobierno de Peña Nieto.
En el caso del Ramo 23, la discrecionalidad en el manejo y asignación de los recursos opera a través de seis actividades, principalmente las de desarrollo regional y provisiones económicas. En el primero, los recursos se utilizan en estados y municipios con la finalidad de pavimentar, alumbrar y rehabilitar calles. Y aunque la Secretaria de Hacienda administra estos fondos, la Cámara de Diputados los etiqueta de forman puntual. De hecho, la misma Auditoría Superior de la Federación en el año 2016 señaló al Fondo de Desarrollo Regional de no ser transparente, ya que en la gran mayoría de los casos existen obras con retrasos en las entregas, faltas de vigilancia en su administración y pocos lineamientos. Algunos fondos del ramo 23 se les identifica o se les conoce como “los moches”, ya que se pactan acuerdos entre presidentes municipales y diputados a cambio de recibir cierta cuota de los mismos recursos por la aprobación de los principales proyectos; de ahí que sea por demás raro el incremento de poco más del 13 por ciento para 2018 de los recursos de este ramo.
En el caso del presupuesto para el fondo de previsiones económicas del ramo 23 se multiplicó poco más de 13.3 veces, paso de 6 mil millones de pesos en 2013 a poco más de 75 mil millones de pesos, su crecimiento real para el presente año es del 49 por ciento, aproximadamente.
En el Ramo 23, en el rubro de “Provisiones Salariales y Económicas”, se tiene el propósito de integrar, administrar y dar seguimiento al ejercicio de las provisiones de gasto destinadas a la atención de obligaciones y responsabilidades del Gobierno federal que no es posible prever en otros ramos administrativos. Por esta razón, se argumenta, existe la posibilidad de opacidad en su asignación y manejo, como lo han mencionado algunas asociaciones civiles: el ramo 23 no es más que el medio de control político del gobierno federal hacia los estados y municipios.