El PAN y la política social
MA
Por Maricarmen Rizo
Por Fernando Rodríguez Doval.
México es un país con cifras de pobreza y desigualdad verdaderamente alarmantes. Según el CONEVAL, un 46.2 por ciento de la población vive en situación de pobreza, lo que equivale a 55.3 millones de personas. Y un 9.5 por ciento de la población vive en situación de pobreza extrema, alrededor de 11.4 millones de mexicanos. Por otro lado, México es un país con una gran desigualdad. El coeficiente de Gini, que mide precisamente la distribución del ingreso, es de 0.472 para México, situando a nuestro país en el lugar 123 del mundo. Dicho de otra manera: nuestro país es de los más desiguales del planeta porque la riqueza está concentrada en unas cuantas manos.
¿Qué hacer ante esto? Sin duda, puede haber una multiplicidad de alternativas. Precisamente en la forma en que los diferentes partidos abordan el tema de la política social pueden encontrarse diferencias ideológicas notables.
Lo primero que habría que decir es que la mejor política social es una buena política económica. Está comprobado que cuando se produce desarrollo económico, también hay un aumento en el ingreso de las personas y esto permite superar condiciones de pobreza. De la misma manera, cuando hay crisis económicas recurrentes o la inestabilidad económica produce inflación, los más afectados son los más pobres, así como quienes forman parte de la clase media. De ahí, la necesidad de tener finanzas públicas sanas, combatir la inflación y generar condiciones para atraer inversiones y crear empleos. Por supuesto, los empleos no los crea el gobierno, sino que el gobierno debe favorecer un ambiente propicio para que los particulares los puedan crear. En esto también juega un papel importante la política fiscal: si se imponen altos impuestos a los sectores productivos, éstos se verán impedidos a crear más empleos, lo cual redundará en una mayor pobreza.
Sin embargo, en un país con la pobreza y desigualdad como México, una buena política económica es necesaria pero no suficiente. Hay que aplicar medidas compensatorias que combatan directamente la pobreza. Esta es una premisa de la economía social de mercado que el PAN hace suya.
Hay quienes piensan que para lograr superar la pobreza deben hacerse transferencias de recursos, vía gasto, para los sectores menos aventajados. Dicho de otra manera: regalarles dinero. Es indudable que las transferencias se tienen que hacer, pero siempre a través de programas bien diseñados que eviten efectos negativos o consecuencias no buscadas.
Desde la perspectiva del humanismo, una adecuada política social debe estar basada tanto en el principio de la solidaridad como en el de la subsidiariedad. La solidaridad es necesaria para que quienes tienen más puedan ayudar a los que tienen menos, y esto se puede lograr por la vía de la política fiscal, siempre y cuando no se castigue a los sectores productivos. La subsidiariedad es necesaria también para que no se caiga en el asistencialismo.
Y es que una política social que simplemente reparta recursos entre los sectores menos aventajados de la sociedad sin aumentar sus capacidades, tiende a crear clientelas electorales al servicio del partido en el gobierno, que utiliza esos recursos para generar una perversa relación de dependencia; de esta forma, al partido que reparte esos recursos le conviene que sigan existiendo sectores desfavorecidos, para que gracias a sus dádivas voten por él. Es lo que históricamente ha hecho el PRI en todo el país y la izquierda en la Ciudad de México. Una política así, además, produce un parasitismo social y crea ciudadanos irresponsables y acostumbrados a estirar la mano esperándolo todo del gobierno en turno, el cual se empodera de manera desproporcionada cercenando espacios de libertad.
Una política social subsidiaria como la que defiende el PAN, en cambio, busca aumentar integralmente las capacidades de las personas, de tal manera que quienes hoy son receptores de un programa social por estar en una situación de desventaja, puedan salir de esa situación y no necesitar más ese programa porque ya fueron capaces de subsistir por sí mismas y consolidar un patrimonio propio, independiente de los apoyos gubernamentales. Al aumentar las capacidades de las personas, se igualan las oportunidades.
El éxito de una política social consiste, así, en la cantidad de personas que superan un estado de dependencia y desventaja, más que en el número de individuos que atiende. De ahí, la necesidad de evaluar constantemente la política social, para darnos cuenta si los recursos que se están destinando a la superación de la pobreza están cumpliendo con sus objetivos o si, por el contrario, solamente están creando relaciones de dependencia y clientelas electorales, así como perpetuando condiciones de marginación.
Este modelo de política social se implementó durante los 12 años que el PAN estuvo en el Gobierno federal. Se creó el programa Oportunidades, que buscaba erradicar la pobreza alineando correctamente los incentivos y los objetivos. Este programa brindaba apoyos a las personas más necesitadas, pero estos apoyos dependían de que las personas fueran al servicio de salud y llevaran a los hijos a la escuela. De esta forma, el programa Oportunidades vinculaba de manera efectiva el acceso a niveles de alimentación, de salud y de educación para lograr una vida digna.
Como resultado de estas políticas, la pobreza alimentaria en nuestro país se redujo en los 12 años que el PAN encabezó el Gobierno federal de un 24.1 a un 19.7 por ciento de la población, a pesar de la durísima crisis financiera internacional que se padeció entre 2008 y 2009, y a la que México pudo hacer frente de mucha mejor manera que otros países gracias a la solidez de sus finanzas públicas y a su adecuada política social.
Fernando Rodríguez Doval es Secretario de Comunicación del CEN del PAN. Twitter: @ferdoval