Opinión

El PAN y el dilema del innovador

MA
Por Maricarmen Rizo
PAN innovador Por Juan Mauricio Mora. Clayton M. Christensen, profesor de la escuela de negocios de Harvard, en su célebre libro The Innovators Dillema (1997) expone su teoría de la disrupción. De acuerdo al autor, la disrupción sucede cuando un nuevo agente entra a competir con un producto o servicio de bajo costo, capturando un pequeño sector del mercado y los actores principales de la industria lo ven como un jugador menor. El competidor usa la tecnología y su modelo de negocio para mejorar continuamente su oferta hasta que puede satisfacer cada vez una mayor demanda. En la mayoría de los casos, los actores principales no ajustan sus estrategias por miedo a perder su participación en el mercado, canibalizar sus productos existentes en la industria o dejar de recibir un flujo de ingresos en el presente. Un claro ejemplo de la teoría es el caso de Kodak, que inventó la tecnología de la cámara digital en los años setenta, pero decidió no desarrollarla y sacarla al mercado porque le “comería” su participación en el mercado. Otro caso más reciente es el de Blockbuster, que en la década pasada cuando surgía un pequeño competidor llamado Netflix, que enviaba discos a domicilio (mucho antes de lanzar el streaming), decidió que el mercado que cubría era menor y le apostó a no innovar y competir. Kodak y Blockbuster quebraron. ¿Qué tiene que ver esto con el PAN? Desde 1939, el PAN fue un jugador menor, un competidor pequeño de la política mexicana, conquistaba simpatías pero solo conseguía espacios de poder menores. Poco a poco fue creciendo, capturando sectores del mercado electoral, llegaron alcaldías, diputaciones, gubernaturas, los diputados de representación proporcional y la autonomía de las instituciones electorales. El PAN fue perfeccionando cada vez más su oferta al público, posicionando un “producto” que representaba los valores democráticos y la ética en la política. En el año 2000 el PRI, hasta entonces el actor dominante, fue rebasado en el mercado electoral. Tras la victoria de Vicente Fox, el PAN compitió arduamente con el PRI por convertirse en el actor dominante del mercado. Avanzó, al grado de poder retener la Presidencia en el 2006. Sin embargo, no era el único creciendo. Desde años atrás, un actor menor había entrado al mercado electoral conquistando la capital del país. Andrés Manuel López Obrador y su izquierda fueron creciendo cada vez más, con un producto disruptor, con la bandera de la justicia social, se quedaron muy cerca de conquistar la Presidencia en el 2006. El PRI, que nunca dejó de ser un actor dominante, entendió la nueva demanda del mercado y logró competir apostando por la bandera de la experiencia para gobernar. Hacia el 2012, en medio de un gobierno sumergido en una crisis de seguridad y estancamiento legislativo, logró ser el disruptor con el producto que representaba “eficiencia”, un candidato cumplidor de compromisos y renovado. Tan disruptor fue el PRI en 2012 que el mismo Andrés Manuel López Obrador perdió, porcentualmente, espacios previamente conquistados en el mercado electoral de 2006. Al PAN, aunque apostó por una candidatura innovadora, no le alcanzó para solventar el desgaste de 12 años en el poder. La elección de 2015 mostró una nueva composición del mercado, con un cambio de tendencias. Aunque el PRI fue el actor dominante, los partidos tradicionales perdieron sectores importantes del mercado electoral. Mientras en el año 2000, el PRI, PAN y PRD, poseían 94 por ciento del mercado, en 2015 solamente lograron retener el 61 por ciento del mismo (votación diputados federales). La disrupción de 2015 se pudo apreciar por sectores del mercado electoral o en regiones específicas. Por ejemplo, la oferta de AMLO, representada por MORENA, ofreció un producto más atractivo para muchos “clientes” de las diferentes izquierdas del país, creciendo a costa del PRD y el PT. Uno de los componentes geográficos más claros de esta disrupción es Jalisco, en dónde Movimiento Ciudadano creció significativamente a costa del PAN, que pasó de gobernar el estado a ser la tercera fuerza política, en solo tres años. Sin embargo, la gran fuerza disruptora de 2015 fueron las candidaturas independientes. Ésta se manifestó en pequeños actores del mercado, que tras no poder o no querer ingresar a competir por un partido político, lograron entrar a competir y ganar importantes espacios. Si bien hay diferencias en cuanto al fondo y la trayectoria de cada uno de los ganadores independientes, todos ofrecieron un producto común ampliamente demandado por los mexicanos: honradez y honestidad. Sus ejes versaron sobre transparencia en la gestión, combate a la corrupción, mayor rendición de cuentas, el cuidado de los recursos públicos y la sencillez del funcionario público. En las recientes elecciones del 5 de junio la alternancia fue la gran fuerza disruptora, dejando atrás el boom de los independientes, los ciudadanos apostaron por las instituciones. Ocho de 12 estados que renovaron gubernatura eligieron cambiar de gobierno. La ciudadanía volvió a creer en el poder del voto y lo usó para premiar o castigar a sus gobiernos, y ante las opciones en el electorado optó por darnos nuevamente su confianza. Logramos la victoria en siete entidades, un resultado histórico para Acción Nacional. El PAN y su apuesta de innovación Para el PAN el desempeño electoral hacia y en el 2018 depende en gran parte de que, al igual que se ha hecho en el tema anticorrupción, se construya e implemente una estrategia integral y transversal de innovación, principalmente, en lo que toca a nuestros gobiernos estatales y municipales. El PAN, ante la confianza brindada por los ciudadanos, debe apostarle a innovar en su manera de gobernar y hacerlo de la mano de los ciudadanos. La decisión del Presidente Ricardo Anaya de implementar cuatro sellos distintivos de los gobiernos estatales del PAN va en el rumbo correcto y es ensimismo innovadora. Es necesario que los ciudadanos puedan diferenciar entre los gobiernos de otros partidos y los emanados Acción Nacional. En el ámbito electoral, el PAN debe apostarle a competir con los productos que demanda la ciudadanía, aun asumiendo el costo de canibalizar su participación actual en el mercado. Diciéndolo más claro, el PAN debe buscar acabar con la corrupción, incluida y especialmente la que involucre a panistas, aún y cuando eso implique que se pierdan importantes estructuras electorales. El PAN debe abrirse a liderazgos sociales sencillos, honrados, honestos y respetados, como primer requisito, pero que además tengan una agenda de transformación para sus comunidades. Ese es el nuevo producto que la sociedad mexicana está demandando y es lo que tradicionalmente el PAN ha buscado ofrecerle a México. Es importante salir a escuchar a la ciudadanía y construir una nueva agenda seria de políticas públicas que atienda las grandes demandas ciudadanas. Reconstruir relaciones que hemos abandonado y acercarnos a una nueva generación de ciudadanos, que más allá de ideologías, reclama soluciones concretas y de largo plazo a los problemas que los afectan día con día. Tenemos que volver a ser el partido de los emprendedores, de la técnica al servicio del bien común, de la legalidad y las instituciones, de la libertad y la responsabilidad individual, de las oportunidades inclusivas y del desarrollo económico solidario. Volver a ser el partido de las grandes ideas que devuelven la esperanza a aquellos que se han desencantado de la política. El PAN fue pensado desde y para la ciudadanía, por eso confío en que nos seguiremos atreviendo a innovar. Aunado a la exaltación del ánimo con el éxito electoral del 5 de junio, entusiasma ver en la Dirigencia Nacional a una nueva generación de panistas abiertos a la ciudadanía, dispuestos a escuchar a los que estuvieron antes, con grandes ideas y con fe en que los mejores días del PAN están por venir, conscientes de que la visión humanista del PAN se puede hacer realidad en nuestros gobiernos, y dispuestos a innovar para hacer del PAN el mejor instrumento de los ciudadanos para servir a México.   Juan Mauricio Mora es Secretario Nacional de Vinculación con la Sociedad.
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Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.