Opinión

El PAN, la Universidad y la UNAM

MA
Por Maricarmen Rizo
UNAM Por Juan Carlos Romero Hicks. El cambio de rector en la Universidad Nacional Autónoma de México siempre es un acontecimiento de trascendencia para la vida pública de nuestro país. Desde 1910 a la fecha ha sido dirigida por 44 rectores y todos han impreso su sello en la casa de estudios y en México. Hombres como José Vasconcelos, Manuel Gómez Morin, Antonio Caso, Alfonso Caso, Salvador Zubirán, sólo por mencionar algunos, dan fe de este dicho. De memoria especial también lo son Valentín Gamma, el doctor Fernando Ocaranza y Ezequiel Chávez, quienes participaron junto con don Manuel en la fundación del PAN. La llegada del doctor Enrique Graue es una oportunidad para realizar una reflexión en torno al quehacer y situación de las instituciones de educación superior en México, al papel de la UNAM y su relación con nuestro Partido. Hay que iniciar por felicitar y reconocer a la Universidad por el ejemplo de autonomía, civilidad y deliberación que nos han dado a todos durante el reciente proceso de renovación de su propia dirigencia. La UNAM es patrimonio de los mexicanos, es nuestra universidad nacional y en ese sentido debe ser un actor del desarrollo de México, no sólo por la formación de personas, sino también por su tarea de investigación y de voz crítica. Debe caminar del discurso crítico a la investigación dirigida (dentro de su autonomía) buscando proponer soluciones a los retos que enfrentamos. Celebro que un capítulo de su propuesta lleve este objetivo como título: “Una Universidad que genere conocimiento y lo ponga al servicio del país”. El novel rector propuso en su plan de trabajo una Universidad más integrada, lo que es clave y urgente no sólo en su contexto sino para otras instituciones, frente a la fragmentación de la que son víctima muchas de nuestras universidades donde las facultades y escuelas se aíslan unas de otras en vez de vincularse. La Educación Superior en México está en crisis. Ha sido relegada del discurso y de la discusión pública, mientras los problemas y los retos que la Educación Básica enfrenta han ocupado la agenda nacional en los últimos años. Las instituciones de educación superior de nuestro país sufren problemas financieros graves, de rigidez burocrática, de falta de flexibilidad para los planes de estudio, de una falsa dicotomía entre las que reciben financiamiento público y las privadas. Padecen falta de coordinación y de una ley obsoleta redactada para un mundo que ya no existe, sufren de asilamiento, habiendo confundido autonomía con ostracismo. Sufren falta de rumbo porque no saben para qué educan. En muchas de ellas se sigue debatiendo si forman agentes para el mercado laboral local e internacional, cuando debieran formar personas íntegras, mejores ciudadanos, competitivos profesionalmente y buenos éticamente. Acción Nacional debe encabezar un esfuerzo nacional que involucre a todos los actores para crear una nueva Ley General de Educación Superior, acorde a la realidad y a los retos que enfrentamos. Una ley de esta naturaleza se tiene que hacer de la mano de los alumnos, docentes, directivos, empleadores, ex alumnos de nuestras universidades y el rector de la UNAM debe ser una voz de este esfuerzo. Debemos enfrentar el siglo XXI con una Educación Superior que entienda el momento, preparada para un mundo en el que el conocimiento se vuelve obsoleto en semanas, que nos plantea retos de convivencia y colaboración multiculturales y problemas locales con repercusiones globales, como lo son los relacionados con el medio ambiente y los ecosistemas. La Universidad debe reforzar su vocación de ser caja de resonancia de todas las vibraciones del alma de México, del lugar de encuentro con la verdad, del lugar de creación y difusión del conocimiento y la cultura, y de compromiso real con los problemas de nuestro país. Nuestro Partido debe volver a la Universidad. Esta afirmación la hago en un doble sentido metafórico. En primer lugar, debemos volver a nuestra tarea reflexiva sobre la realidad nacional para proponer nuevas soluciones a los problemas que enfrentamos, al tiempo que debemos acercarnos a las universidades para aprender y para escuchar, lo que las casas de estudio nos quieren decir. Los problemas más graves del país: la pobreza, la desigualdad, el rezago educativo, la inseguridad y la corrupción, no serán resueltos desde los gobiernos, sean ejecutivos o legislativos, si no somos capaces de hacer una gran alianza con las universidades, involucrándolas en el diseño, seguimiento e implementación y evaluación de las soluciones, estos problemas no se resolverán. Acción Nacional se debe a la UNAM, dicho de manera más amplia se debe a las universidades, y esto sólo puede llevarnos a realizar un acto de gratitud y congruencia con nuestra historia. Dar una lucha del tamaño de la que dimos por la democracia por construir el mejor Sistema de Educación Superior del Planeta, es una tarea difícil, pero la nuestra no es lucha de un sólo día sino brega de eternidad. Juan Carlos Romero Hicks es Senador de la República por el estado de Guanajuato. Twitter: JC_RomeroHicks
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Maricarmen Rizo

Colaborador de opinión en Revista La Nación, analizando los principales sucesos políticos, sociales y culturales de México.