El legado ambiental que la Copa Mundial de la FIFA 2026 podría dejar en México
Cada partido reúne a una población equivalente a la de una ciudad mediana. Miles de personas conviven en un mismo espacio, consumen bebidas y alimentos, utilizan servicios, se desplazan, consumen energía y generan residuos similares a los de un centro urbano. Al terminar el partido, la ciudad desaparece. Pero ¿También desaparece su impacto?
Los grandes eventos son mucho más que entretenimiento. Durante unas horas funcionan como ciudades temporales: tienen cadenas de suministro, sistemas de transporte, consumo de agua y energía, servicios de alimentación, infraestructura, comercio y una enorme circulación de materiales. Si observamos un estadio desde esta perspectiva, resulta evidente que no estamos organizando únicamente un espectáculo deportivo, estamos operando un sistema urbano completo, aunque sea por un periodo muy breve. Y precisamente ahí reside una enorme oportunidad.
Del reciclaje a la economía circular
Durante años hemos entendido la sustentabilidad en los eventos como un esfuerzo por gestionar los residuos que nosotros mismos generamos. Separar basura, colocar contenedores de reciclaje o compensar emisiones son acciones valiosas, pero llegan cuando el problema ya existe.
Además, el reciclaje, aunque necesario, no siempre representa la solución más eficiente. Muchos procesos requieren grandes cantidades de energía, agua y transporte e incluso pueden generar impactos ambientales adicionales. En otras palabras, reciclar sigue siendo una respuesta a un modelo que fue diseñado para producir desperdicios.
La economía circular propone cambiar completamente esa lógica. En lugar de preguntarnos cómo reciclar más, nos invita a preguntarnos cómo evitar que el residuo exista desde el principio. Esto implica diseñar productos, servicios y sistemas pensando desde el inicio en su reutilización, reparación, recuperación y aprovechamiento. El objetivo no es únicamente reducir impactos ambientales, sino generar beneficios económicos, fortalecer cadenas de valor locales y construir sistemas más resilientes para la sociedad. La mejor basura sigue siendo la que nunca se genera.
El Mundial como un laboratorio de innovación
La Copa Mundial de la FIFA representa uno de los mayores retos logísticos del planeta. Durante varias semanas, millones de personas se desplazan entre ciudades, utilizan sistemas de transporte, consumen alimentos y bebidas, adquieren mercancías y utilizan infraestructura que debe operar de manera eficiente bajo una enorme presión. Tradicionalmente, el éxito de estos eventos se ha medido por el número de visitantes, la derrama económica o la calidad de la organización. Sin embargo, existe una oportunidad para incorporar una nueva métrica: el legado ambiental que dejan.
Los grandes eventos deportivos son auténticos laboratorios de innovación. La escala y la concentración de personas en un mismo espacio permiten probar soluciones que posteriormente podrían implementarse en ciudades, empresas e incluso políticas públicas. Nuevos modelos de movilidad, sistemas de reutilización, infraestructura modular, compras sostenibles o mecanismos para reducir el desperdicio pueden evaluarse en condiciones reales y generar aprendizajes difíciles de obtener en otros contextos.
En ese contexto, la economía circular ofrece una perspectiva distinta. En lugar de preguntarnos cómo gestionar los residuos una vez que el evento termina, nos invita a cuestionar cómo evitar que esos residuos existan desde el principio. Esto implica tomar decisiones desde la etapa de planeación: elegir materiales reutilizables, diseñar infraestructura desmontable y reaprovechable, reducir los empaques de un solo uso, optimizar la logística y considerar el destino de cada recurso incluso antes de que llegue al estadio. Algunos eventos internacionales ya han comenzado a recorrer ese camino. Los Juegos Olímpicos de París 2024 incorporaron criterios de economía circular en diversos componentes de su organización, privilegiando el uso de infraestructura existente, mobiliario rentado o reutilizado y estrategias para reducir el consumo de materiales nuevos. Más que una lista de iniciativas aisladas, el objetivo fue demostrar que la sostenibilidad puede integrarse desde el diseño del evento y no únicamente como una medida correctiva al final.
México tiene ante sí una oportunidad excepcional. Como uno de los países anfitriones de la Copa Mundial de la FIFA 2026 puede ir más allá de ofrecer estadios modernos y una experiencia memorable para los aficionados. Puede demostrar que los grandes eventos también son una plataforma para innovar en la gestión de recursos y para impulsar nuevos modelos de colaboración entre gobiernos, empresas, organizadores y ciudadanía. No se trata únicamente de organizar un Mundial más limpio. Se trata de utilizar el Mundial para aprender cómo construir ciudades más inteligentes.